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Otra vez el mismo espectáculo


Han transcurrido los carnavales y nuevamente hemos tenido que soportar el mismo denigrante espectáculo de todos los años. No sabemos cómo puede existir ser alguno que se vanaglorie o se sienta orgulloso de semejante acto. Lo que hemos mostrado a propios y extraños desdice mucho de nuestra condición de nación y hasta cierto punto explica el por qué de nuestra condición socioeconómica. ¿Y esta juventud serán los hombres de mañana? ¡Pobre país!
El año pasado, el 2 de marzo de 1997, para ser más específico, escribimos artículo sobre este depravante acto que transcribiremos, en algunas de sus partes, por darse las mismas condiciones que nos motivaron a escribirlo hace un año.
"Los cuatro días de los pasados carnavales han sido los más absurdos y denigrantes que puede experimentar un país. El pueblo, principalmente la juventud, dio rienda suelta a la irresponsabilidad y desbocó los más deprimentes sentimientos del ser humano, gracias a la influencia del alcohol y droga".
¿Por qué el gobierno fomenta este tipo de actividades? ¿Qué busca con ello? No sabemos cuánto fue el costo pero cualquiera, por bajo que fuese, resulta un criminal despilfarro ante las necesidades que vive el país. Lo derrochado hubiese podido servir para ayudar para mitigar el hambre de muchos conciudadanos.
Muchos han debido ser los hogares que carecen hoy del dinero necesario para el sustento básico, gracias a este denigrante jolgorio. Lamentablemente debe haber muchos más niños que lo usual sin leche y mayores sin qué poner en la olla.
Además de lo anterior nos parece absurdo la forma cómo se celebraron las fiestas y sobre todo el lugar que se escogió para ello. La Vía España y Brasil, específicamente el sector del Hotel El Panamá y las Galerías Obarrio, son lugares para nada propicios para albergar semejante multitud, extraña al lugar y de costumbres totalmente diferentes a quienes domicilian en los barrios residenciales adyacentes.
Los que habitan los principales barrios residenciales contiguos a donde la Junta de Carnaval escogió para hacer las tarimas, pasaron momentos de gran zozobra pues tuvieron que establecer, en sus residencias, una vigilancia extrema para cuidarse de la acción de los amantres de lo ajeno y ahuyentar a quienes, por falta de lugares apropiados, recurrían donde se les ocurría a hacer sus necesidades fisiológicas. Esto sin contar el desvelo que tuvieron, durante las cinco noches, gracias al escándalo de los centros bailables instalados que no dejaron dormir a nadie, pues hasta tempranas horas de la madrugada mantenían con ruidos estridentes sus bocinas. Realmente fue algo torturante. Como si esto fuera poco, los residentes del área quedaron prácticamente prisioneros en sus residencias pues, además de no poderlas abandonar por aquello de la seguridad, no había por dónde circular en las calles por los desvíos y se hacía muy dificultoso y peligroso trasladarse de un lugar a otro.
¿Cuál fue el propósito de la Junta de Carnaval de establecer los "culecos" y tarimas bailables en este sector? Pareciera que fue a propósito, para importunar a sus residentes. Si así fue, los felicitamos porque lograron su objetivo. Ese mérito sí se le puede atribuir a la Junta de Carnaval.
El comercio del sector se vio obligado a cerrar durante todos los cuatro días y los que se aventuraron a abrir, a pesar de la extrema vigilancia que pusieron, fueron víctimas de robos y nada de ventas.
Que no se diga que el lugar se escogió, por la proximidad, para beneficiar a los hoteles; porque ninguno de los concurrentes a los denigrantes y bochornosos espectáculos ofrecidos, tenía dinero para pagar los precios que cobran los hoteles. Aquellos restaurantes y bares del área recibieron la competencia de los lugares de venta de comida y bebidas ambulantes, que sin ofrecer las mínimas medidas de salud y atendidos muchos de ellos por extranjeros, expendían comidas y bebidas a precios muchos más reducidos que los establecimientos comerciales que pagan arriendo, impuestos y además mantienen todo el año una planilla.
No hemos encontrado una razón de peso que justifique hacer este desmadre en el sector que se escogió. Es más, hasta el transporte al lugar resultó oneroso a los concurrentes puesto a que ninguno reside en el área.
Finalmente, nos parece absurdo, habida cuenta de la catastrófica situación en que se encuentra la balanza de pago nacional, más es el dinero que sale del país que el que entra, que se traigan costosas orquestas y artistas extranjeros que significan la erogación de miles de dólares que se van de Panamá.
Ojalá que para la próxima los organizadores de estas festividades las planifiquen mejor y no afecten los derechos de terceros. El grotesco espectáculo ofrecido no puede ser objeto de orgullo para nadie.

101 años de Panamá América

 
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