Otra vida que se va por culpa de los 'diablos rojos'
Teodolinda González Sánchez empezaba a disfrutar muchos logros en su vida. Con 26 años, ya era madre de dos niños, pintora y operadora de equipo pesado en el Canal de Panamá; pero los sueños de un mejor futuro terminaron debido a un "Diablo Rojo" que se atravesó en su camino.
Era mediodía del sábado 30 de agosto de este año, cuando Teodolinda abordó un taxi con paquetes de comida que había comprado en el supermercado luego de cobrar su quincena.
Otro pasajero iba en el mismo taxi, pero ella llevó la peor parte, porque un bus de la ruta Mañanita-Tumba Muerto cayó encima del auto donde viajaba y chocó contra cuatro vehículos más.
En aquel accidente hubo 17 heridos, 6 de ellos de consideración.
Teodolinda fue una de esas personas. Y, aunque fue trasladada al hospital, quedó herida para siempre.
El pasado 20 de noviembre falleció, luego de quedar en coma, de sufrir traumas severos en su columna vertebral y de "alimentarse" con un tubo conectado en su estómago. Esta es otra vida que se va por culpa de un sistema caótico e inoperante compuesto por irresponsables al volante y una flota de chatarras.
Cada día, miles de panameños se exponen al peligro de sufrir un accidente, pues van en manos de personas que ni siquiera se conoce su hoja de vida. No es un secreto que el consumo de licor y de drogas por parte de algunos conductores y "pavos" se conjugan con el desorden, los malos modales y el exceso de velocidad para provocar tragedias.
¿Cuánto más hay que sufrir?
¿Cuántos padres seguirán llorando a sus hijos? ¿Y qué de los hermanos, esposos, amigos y hasta compañeros de trabajo, a quienes sólo les queda mirar impotentes cómo algunos "transportistas" son capaces de pasar sobre las leyes, y lo peor de todo, ver gobiernos que tambalean para ejercer justicia en estos casos.
Panamá requiere con urgencia gobernantes que no hagan de éste y otros problemas solo un lema de campaña. A los políticos que muchas ansias tienen de "servir al pueblo", los exhorto primero a que se muden un mes para el hogar de cualquier usuario de transporte y hagan el mismo recorrido para que vivan en carne propia lo que significa viajar en los muy bien llamados "diablos rojos". Tal vez, de este modo, se haga el milagro y logren sensibilizarse ante este trauma público, sacando de circulación a las manzanas podridas, de los nuevos sistemas de transporte que están en proyecto y que se necesitan lo más pronto posible.