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Pacto ético en el Seguro


Los proveedores de la Caja de Seguro Social y los funcionarios de proveeduría de la entidad se aprestan a firmar un curioso "pacto ético", conforme el cual, unos y otros se comprometen a respetar una especie de juego limpio en las licitaciones y demás actos de compraventa y contrataciones que los involucre.
El curioso pacto ético es promovido por el nuevo director general de la institución, el economista y profesor universitario Juan Jované. La intención, se ha explicado, es erradicar malas prácticas, tales como las coimas, las comisiones indebidas, las impugnaciones abusivas por licitantes perdedores, las cuales han sido la regla en el proceso de compra y abastecimiento de medicamentos, equipos y servicios en la institución.
No hay duda que en el pacto hay mucho de idealismo y acaso algo de ingenuidad, a juzgar por la mala experiencia de décadas en materia de licitaciones y similares. Muy raras veces se encuentra un proceso de este tipo, exento de denuncias, apelaciones y sospechas de irregularidades.
En ese sentido, los esfuerzos legislativos y reglamentarios para llevar transparencia a los procesos de compra, se han estrellado mil veces con el tradicional "juega vivo" panameño, aplicado al régimen de licitaciones. La malicia y capacidad creativa de los concursantes suele superar los más estrictos controles de transparencia de los más duchos especialistas.
De ese modo, a la tradicional coima se suman las "addendas" que, introducidas luego de adjudicado un contrato, alteran injustamente las reglas originales en perjuicio de los concursantes no favorecidos.
También suele usarse la fórmula de competencia ficticia, en la que un concursante "compra" la participación de sus competidores, sea por dinero o una parte del contrato o beneficio. De ese modo, se simula una competencia inexistente; y como esas, mil y otras estratagemas y argucias.
Otra fórmula de lo más reprochable es el convenio de pedidos excesivos, de bienes que no se necesitan, pero que si son adquiridos, dan margen a premios ilegales para los funcionarios encargados. Ello priva a la entidad de recursos urgentes en otras áreas.
Todo lo anterior nos lleva a afirmar que lo que ocurre es un problema moral y ético, que no es ajeno a la sociedad panameña, como un todo, en los diversos aspectos del devenir individual y colectivo. Bajo esa inversión de valores, el ser "vivo" es sinónimo de habilidad, virtud e inteligencia superior, aplaudida, aceptada y bien cotizada por la generalidad.
Desde ese punto de vista, lo iniciado por el profesor Jované es loable y se erige bajo una nueva perspectiva, conforme a la cual, más que perder el tiempo cambiando leyes que terminan siempre como letra muerta, hay que invertir más tiempo y esfuerzo en cambiar al hombre, para mejor.

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