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Palacio Legislativo frente a la miseria hospitalaria


Cuando el presidente Belisario Porras creó acertadamente el Hospital Santo Tomás, el 1 de septiembre de 1924, la crítica popular lo bautizó como el "Gran Elefante Blanco", haciendo alusión a la dimensión, que para la época, resultaba descomunal. Pocos estadistas han pensado en grande para resolver necesidades prioritarias de la población, como indudablemente lo constituye la salud. Todo lo contrario, en los años posteriores de vida republicana, podemos contar con los dedos de las manos (y nos sobran) los dirigentes que hayan" construido para la eternidad" en concepto de salud, sin erosionar las finanzas públicas o (en el peor de los casos) utilizarla como caja menuda de los poderosos de turno, tal como en su momento sucedió con la Caja de Seguro Social.
Cierto es que en esa etapa de la República, la incipiente Nación, además de pequeña geográficamente también lo era poblacionalmente. No obstante la gran visión del presidente Porras, le permitió adelantarse a su tiempo, con la edificación de una estructura, que gracia al apoyo gubernamental; a la ética y vocación de los trabajadores de la salud, se convirtió en el templo hipocrático más importante del país. No fue la casualidad, lo que hizo que Porras diera una respuesta tan efectiva para la salud; fueron sin duda sus dotes de gobernante lo que le permitió sintonizar adecuadamente con las necesidades sentidas de la población, atenderlas con visual de futuro.
Por muchos años el Gran Elefante Blanco se distinguió por la dotación de servicios de primera calidad a todos los ciudadanos, sin excepciones de ninguna naturaleza. La pulcritud, el orden y asepsia institucional garantizaron por largo rato el cuidado prolijo de la salud de la población y aportó cuotas significativas a la formación de médicos, enfermeras y colaterales, lo que unido a los avances tecnológicos de la era posindustrial, le permitió a nuestro país logros inconmensurables en la salubridad pública.
Pero, con la complejidad creciente que van adquiriendo las sociedades" modernas", se van trastocando normas, principios y valores, sobre todo si la raíces no son muy profundas. Las prioridades sociales van siendo desplazadas por los intereses particulares; el afán de lucro y rapiña se convirtió en leiv motiv, de los que aspiraron y detentaron el poder, por consiguiente la salud pasó a ser un objeto de demagogia y clientelismo político, al igual que la educación pública, antaño de excelente calidad.
Así las cosas, no es de extrañar el estado desastroso en que se encuentra el Hospital Santo Tomás, muestra palmaria del abandono de una política sanitaria acorde con los logros portentosos de la "civilización y con los compromisos, que en materia de salud, adquirieron casi todo los países, en convenios internacionales, de los cuales, nuestro país, figura como signatario. Cabe agregar que lo del Santo Tomás, representación urbana del problema, refleja proporciones guardadas, lo que acontece en el interior de la República, tal como se evidencia en las notas periodísticas elaboradas acerca de los hospitales de David, Santiago y Azuero.
Todo lo anterior sería menos ofensivo, si no se le sumara la actitud, disposición y decisión de los "honorables" Padres de la Patria (¿¿??) que argumentan la "imposibilidad" de designar la partida millonaria destinada a construirse un palacete, mientras el pueblo es destinado a morirse prematuramente por la carencia de los cuidados sanitarios correspondiente. Sustentan su descaro en la dificultad de deshacer un contrato con le empresa contratista ("quién" y "qué" empresa, ligados a "quiénes" en el pasado y en el presente, tienen intereses en el contrato...?)
Esperamos que las dudas ante señaladas, comentadas en corrillos, carezcan de fundamento, porque de lo contrario tendremos que ir pensando en la necesidad imperativa de realizar una Constituyente más temprano que tarde en este país, pues si para los legisladores la suntuosidad de sus oficinas tiene más valor que la salud del pueblo que dicen representar, ese pueblo debe retirarles lo más pronto posible el poder que les delegó. Por consiguiente nosotros en nuestra calidad de mujer, ciudadana, madre de familia y docente, ¡apostamos por la Constituyente!

101 años de Panamá América

 
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