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Panamá no está sola en la política del "esperar y ver qué pasa"


Tras anunciar su intención de estrechar los vínculos con Latinoamérica, desde la campaña electoral hasta su publicitada visita a México, el presidente George W. Bush aún tiene por delante la tarea de nombrar los funcionarios claves que formularán la política regional en el departamento de Estado. Diplomáticos y analistas coinciden que para países como Panamá, será difícil sentarse con las autoridades estadounidenses a trazar una política bilateral hasta que se designe al sucesor de Peter Romero, el secretario de Estado adjunto en funciones para Asuntos del Hemisferio Occidental. También se aguarda el reemplazo del embajador Simon Ferro, quien dejó la Embajada en Panamá el 1 de marzo. Además está a punto de quedar vacante la Embajada ante la OEA, con el inminente retiro de Luis Lauredo, tras la cumbre de Quebec.
Hasta el momento, el único alto cargo de política hemisférica llenado por Bush es el del director del área latinoamericana del Consejo Nacional de Seguridad, anunciado el 23 de enero, tres días después de su toma de posesión.. El nuevo funcionario es John Maisto, ex embajador en Venezuela, que en los "80 fue encargado de negocios en Panamá. El mismo día, la Casa Blanca anuló el cargo de enviado especial para Latinoamérica, creado por el presidente Bill Clinton y que recientemente había ocupado Buddy MacKay, un ex gobernador de Florida. Maisto habla perfectamente español, conoce a fondo la región y disfruta de amplias relaciones en todos los países, gracias en parte, a que fue número dos del embajador Luigi Einaudi en la misión de Estados Unidos ante la OEA. "Nuestros contactos bilaterales fluyen normalmente, estamos haciendo buenos contactos", es el estribillo formal adoptado por el portavoz del departamento de Estado desde la inauguración del nuevo gobierno el 20 de enero.
La gran mayoría de los diplomáticos consideran que es necesario esperar que el gobierno de Bush defina metas concretas y complete el nombramiento de su equipo de asesores antes de plantear los objetivos de sus gobiernos con la nueva administración.
Este sentimiento fue expresado tajantemente en público por el canciller del Ecuador, Heinz Moeller, cuando la semana pasada concluyó una visita a esta capital reconociendo que "llegué demasiado temprano". Su melancólico descubrimiento fue que la atención del gobierno de EU, estos días, está enfocada casi exclusivamente en el programa impositivo del presidente Bush y otros proyectos legislativos relacionados a la economía. Por su parte, Karen DeYoung, la experta comentarista internacional del Washington Post resumió la situación que enfrentan los gobiernos latinoamericanos en el momento actual de la siguiente manera: "Durante las primeras cinco semanas en el poder, el gobierno de Bush recibió importantes delegaciones, inclusive dos presidentes, siete cancilleres y un sinnúmero de ministros de economía, comercio, finanzas y defensa, de Chile, Ecuador, Brasil, Argentina, Colombia y El Salvador. Los mexicanos llegaron con todo un séquito, antes y después que el presidente Fox recibiera a Bush en su primer viaje al exterior.
Hasta ahora, con excepción de El Salvador, ningún país ha recibido más que la cortesía de una cita, la reiteración de su compromiso con el libre comercio y la promesa que prestará más atención a la región.
El canciller de Brasil, Celso Lafer, coincide con esta apreciación. "El gobierno de Bush está haciendo sondeos y recogiendo información" declaró durante su reciente visita. Sin embargo, el embajador de Panamá, Guillermo Ford Boyd, parece coincidir con el portavoz del Departamento de Estado cuando dice, por lo menos en público, que las conversaciones bilaterales "siguen bien encaminadas".
"Estamos en el proceso de desarrollar una agenda positiva en las áreas de comercio, financiamiento y reformas sociales," reiteró el embajador recientemente en una conversación con este corresponsal. Tanto el embajador como funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores panameño, apuntan que esto no significa borrar antiguos problemas polémicos como la crónica divergencia sobre la limpieza de los polígonos, sino lo que un diplomático calificó como "colocar todo dentro de una perspectiva más positiva". Por otro lado, Ford intimó además que su gobierno también espera recibir la ayuda adicional prometida por la administración Bush como parte del Plan Colombia para los países limítrofes, especialmente Ecuador, Perú y Panamá.
Los panameños no están solos en lo que puede llamarse la política del "esperar y ver qué pasa". También diplomáticos de Argentina, Brasil y Chile están en un compás de espera, después de que sus respectivos cancilleres se entrevistaran con el secretario de Estado, Colin Powell. El énfasis de estas reuniones enfocaba la III Cumbre de las Américas a realizarse en Canadá a fines de abril, más que en las relaciones bilaterales, según estas fuentes.
Las excepciones son Colombia y México, países que por vecindad y por el problema del narcotráfico están profundamente interrelacionados con la política nacional de Estados Unidos, como se pudo apreciar durante la reciente visita a Washington del presidente colombiano Andrés Pastrana y del canciller mexicano, Jorge Castañeda. La relación con México fue subrayada cuando Bush efectuó una visita al presidente Fox en el rancho de San Cristóbal. En la agenda, sobre todo, la cuestión de los inmigrantes y la unión aduanera.

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