Panamá, víctima del éxito
Cada vez son más los precandidatos que en sus discursos de campaña política mencionan palabras como "éxito", "boom" o "espectacular crecimiento", para referirse al momento actual de la economía panameña.
Y aunque la tasa de crecimiento económico podría justificar el entusiasmo manifiesto del verbo proselitista de los precandidatos, lo cierto es que es una manera estrecha y poco responsable de enfocar la compleja realidad del país que tiene grandes y profundos problemas no resueltos, algunos de los cuales se derivan directamente del crecimiento económico que ha desbordado la capacidad de respuesta tanto de las instituciones y empresas, convirtiendo a Panamá en víctima de su propio éxito.
No son pocos los que advierten reiteradamente que el crecimiento económico se sostendrá sólo si se resuelven los problemas de la pésima educación nacional, la deteriorada salud pública con deficiencias en el suministro de medicamentos, atención hospitalaria y atención médica, se hallen respuestas viables a la baja calidad y elevados costos de los servicios públicos de agua y energía principalmente, y se enfrenta sin demagogia la tragedia del perverso transporte público, el caos urbanístico y el deterioro de la calidad de vida que para algunos ha significado el incremento de la demanda en servicios y bienes materiales.
Lo que alarma es lo que se observa casi a diario entre los precandidatos: una tendencia suicida hacia la superficialidad. Consideramos que esta peligrosa distorsión del discurso político podría originar entre los electores la errónea impresión que lo que se está haciendo ha sido bueno o, por lo menos, suficiente. Lo cual no es cierto. Es el momento de exigirles a los que aspiran conducir la nación una mayor coherencia intelectual y más responsabilidad en sus planteamientos. El pueblo panameño está a la espera de un debate trascendental entre los candidatos y no en un "reality show" político cada mañana.