Panamá y los estados hundidos
Da asco observar el escenario político actual de Panamá. Mireya Moscoso, ¿qué hace? Juega con sus amigos a "Barbie en la Presidencia", sin atender el clamor del pueblo que la eligió para que dirigiera un gobierno honrado y competente. Al respecto, hay algo que no debemos olvidar. Las primarias del partido arnulfista del 29 de marzo de 1998 fueron planificadas para adelantar la candidatura de Mireya Moscoso de manera de poder compararla desfavorablemente con el presidente Pérez Balladares en la campaña para la reelección inmediata. Así lo dije en mi artículo, "Las primarias obligadas" (La Prensa 10 de septiembre de 1998). Aunque al PRD le falló el plan de reelegir a Pérez Balladares, logró que la oposición tuviera como candidata presidencial a la persona que más convenía a sus intereses.
Cuando los dirigentes del PDC, Ricardo Arias Calderón, su esposa Teresita y su sobrino político Rubén Arosemena, incursionaron en la tolda de los cuarenta ladrones del PRD (alianza que había tomado una forma visible desde 1994 al aceptar su copartidario, José Antonio Sossa, ser procurador general de Ernesto Pérez Balladares), dije que estos dirigentes habían puesto al PDC en una situación insostenible porque en adelante el PDC no podría cuestionar al PRD (El Panamá América 29 de agosto de 2000). Y así fue. El pacto META ha servido para proteger los intereses del PRD y legitimar la dictadura de los militares y sus socios civiles.
El PRD, junto con los nuevos socios que obtuvo desde la administración de Pérez Balladares, ha fortalecido el cerco a la libertad de expresión en los medios de comunicación. El acoso a los periodistas por medio de demandas millonarias sigue en pie. El periódico El Siglo, en manos de nuevos dueños, se ha convertido en un sutil defensor del PRD. En La Prensa, bajo la presidencia de Ricardo Alberto Arias, se publican tantos artículos de opinión escritos por los perredistas que llevaron a este país a la ruina, que bien se le puede llamar La PRDensa.
Igual asco inspira la situación en Estados Unidos, país que se ha convertido en estados hundidos desde que cayó en manos de los intereses que controlan el suministro de la energía petrolera y carbonífera. El presidente George W. Bush ocupa el cargo ilegítimamente gracias a las chapuzas electorales cometidas en un estado donde su hermano es gobernador y a la decisión vergonzosa de los magistrados de la Corte Suprema nombrados por su padre.
El Bush de ahora, con un apuntualidad escandalosa, se ha dedicado a retribuir con creces el apoyo de quienes lo pusieron en la Casa Blanca. Para mejor explotar al pueblo de Estados Unidos, Bush promueve la ideología reaccionaria y atrabiliaria de los años cincuenta y sesenta. Para mejor imponer sus planes en América Latina, ha nombrado al Departamento de Estado una retahíla de funcionarios --Elliot Abrams, Otto Reich y Roger Noriega-- que fueron colaboradores del apoyo ilegal que dio el presidente Reagan a los contras de Nicaragua. ¿Y qué hace el partido demócrata, supuestamente de oposición? Mantiene una línea tan claudicante e incapaz como fue la actuación de Albert Gore, el candidato presidencial que postuló en las elecciones recién pasadas.
¿A qué se debe que en Panamá una partida de ladrones estén recobrando el poder que tenían bajo la dictadura de los militares y sus socios civiles? ¿Por qué Estados Unidos, el supuesto modelo de la democracia, se encuentra hoy en manos de los intereses que controlan las fuentes de energía?
Hace poco, cuando a Robert A. Pastor --un académico y ex funcionario de Washington conocido por su ardiente devoción por el dictador Omar Torrijos-- le preguntaron cómo Bush se atrevía a nombrar a Abrahams, Reich y Noriega, éste respondió que Estados Unidos es un lugar que olvida su historia fácilmente (The New York Times 1 de agosto 2001).
¿Los pueblos olvidan su historia? No lo creo. Lo que sucede, y lo que le faltó decir a Pastor, es que, en Estados Unidos, los medios de comunicación controlados por los grandes intereses que explotan al pueblo inmisericordemente se encargan de que la población se olvide de los desmanes cometidos por sus gobiernos en el pasado. Igual sucede en Panamá.
Cuando los dirigentes del PDC, Ricardo Arias Calderón, su esposa Teresita y su sobrino político Rubén Arosemena, incursionaron en la tolda de los cuarenta ladrones del PRD (alianza que había tomado una forma visible desde 1994 al aceptar su copartidario, José Antonio Sossa, ser procurador general de Ernesto Pérez Balladares), dije que estos dirigentes habían puesto al PDC en una situación insostenible porque en adelante el PDC no podría cuestionar al PRD (El Panamá América 29 de agosto de 2000). Y así fue. El pacto META ha servido para proteger los intereses del PRD y legitimar la dictadura de los militares y sus socios civiles.
El PRD, junto con los nuevos socios que obtuvo desde la administración de Pérez Balladares, ha fortalecido el cerco a la libertad de expresión en los medios de comunicación. El acoso a los periodistas por medio de demandas millonarias sigue en pie. El periódico El Siglo, en manos de nuevos dueños, se ha convertido en un sutil defensor del PRD. En La Prensa, bajo la presidencia de Ricardo Alberto Arias, se publican tantos artículos de opinión escritos por los perredistas que llevaron a este país a la ruina, que bien se le puede llamar La PRDensa.
Igual asco inspira la situación en Estados Unidos, país que se ha convertido en estados hundidos desde que cayó en manos de los intereses que controlan el suministro de la energía petrolera y carbonífera. El presidente George W. Bush ocupa el cargo ilegítimamente gracias a las chapuzas electorales cometidas en un estado donde su hermano es gobernador y a la decisión vergonzosa de los magistrados de la Corte Suprema nombrados por su padre.
El Bush de ahora, con un apuntualidad escandalosa, se ha dedicado a retribuir con creces el apoyo de quienes lo pusieron en la Casa Blanca. Para mejor explotar al pueblo de Estados Unidos, Bush promueve la ideología reaccionaria y atrabiliaria de los años cincuenta y sesenta. Para mejor imponer sus planes en América Latina, ha nombrado al Departamento de Estado una retahíla de funcionarios --Elliot Abrams, Otto Reich y Roger Noriega-- que fueron colaboradores del apoyo ilegal que dio el presidente Reagan a los contras de Nicaragua. ¿Y qué hace el partido demócrata, supuestamente de oposición? Mantiene una línea tan claudicante e incapaz como fue la actuación de Albert Gore, el candidato presidencial que postuló en las elecciones recién pasadas.
¿A qué se debe que en Panamá una partida de ladrones estén recobrando el poder que tenían bajo la dictadura de los militares y sus socios civiles? ¿Por qué Estados Unidos, el supuesto modelo de la democracia, se encuentra hoy en manos de los intereses que controlan las fuentes de energía?
Hace poco, cuando a Robert A. Pastor --un académico y ex funcionario de Washington conocido por su ardiente devoción por el dictador Omar Torrijos-- le preguntaron cómo Bush se atrevía a nombrar a Abrahams, Reich y Noriega, éste respondió que Estados Unidos es un lugar que olvida su historia fácilmente (The New York Times 1 de agosto 2001).
¿Los pueblos olvidan su historia? No lo creo. Lo que sucede, y lo que le faltó decir a Pastor, es que, en Estados Unidos, los medios de comunicación controlados por los grandes intereses que explotan al pueblo inmisericordemente se encargan de que la población se olvide de los desmanes cometidos por sus gobiernos en el pasado. Igual sucede en Panamá.