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Panamá y los Estados Unidos: Hacia el Futuro (2. Sus relaciones)


La semana pasada el Centro Panameño de Relaciones Internacionales y Estudios sobre la Política Exterior, que dirige mi antiguo estudiante de filosofía el Lic. Leonardo Kam, me invitó a participar en un foro sobre las relaciones de Panamá con los Estados Unidos. Analicé la situación internacional de los EE.UU., específicamente los retos que tiene de cara a sus aliados europeos y japoneses, a Rusia, a China y a Israel y los países árabes, de acuerdo con el profesor Robert J. Lieber de la Universidad de Georgetown. Y añadí un quinto reto que Lieber omite, a saber las relaciones con América Latina, puesto que el presidente Bush ha sorprendido por su interés estratégico en nuestra región. Luego analicé la situación propia de Panamá, a punto de cumplir el primer centenario de nuestra vida independiente. Destaqué lo que hemos logrado en los primeros cien años y planteé que debemos ahora superar el discurso anti-yanqui de rescate de la soberanía, para desarrollar un nuevo discurso de ejercicio responsable de la plena soberanía, y también superar el discurso anti-militarista de rescate de la civilidad, para desarrollar un nuevo discurso incluyente de perfeccionamiento de la civilidad. Añado lo que dije sobre cómo deben ser las relaciones de Panamá con los EE.UU.
Sobre la base de la situación de cada uno de los dos países, se pueden concebir las relaciones entre los mismos de acuerdo con las siguientes orientaciones:
Es necesario introducir un nuevo modelo de dichas relaciones.
Ello significa evitar toda presencia renovada de autoridades norteamericanas, civiles o
militares, en el territorio nacional. Sobre este aspecto debemos ser definitivos. Un comunicado de la
Embajada de los Estados Unidos, con fecha 2 de mayo de este año, ha querido despejar cualquiera duda al
afirmar: "...Estados Unidos no busca, ni desea restablecer bases militares en Panamá.
No proponemos utilizar a Panamá como plataforma de operaciones militares...Estado Unidos no está negociando
tratados ni acuerdos militares a largo plazo con Panamá..." Finalmente hay coincidencia entre Panamá y
los Estados Unidos.
El nuevo modelo requiere que Panamá logre el cumplimiento de los Tratados
Torrijos-Carter en materia de limpieza cabal de las áreas contaminadas por proyectiles y explosivos.
También es menester que se adopte formalmente como política oficial panameña, una interpretación
relativa a la consulta con los EE.UU. en cuanto al alza de s tarifas del Canal y al presunto derecho de los
EE.UU. a intervenir en Panamá, con miras a hacer valer diplomáticamente dichas interpretaciones.
Sobre este último tema la interpretación que formuló el ex presidente Jimmy Carter, en el acto de transferencia
protocolar del Canal el 14 de diciembre de 1999, tiene especial significación, al haber sido él -el Presidente
que negoció y firmó los Tratados Torrijos-Carter y el representante oficial de los EE.UU. en la ceremonia de dicha
transferencia- quien formuló dicha interpretación, al decir textualmente: "Hay un segundo Tratado que entrará en
vigor al comienzo del próximo milenio, el próximo siglo. El mismo da a los Estados Unidos el derecho, la obligación,
a defender el Canal de cualquiera amenaza externa. Pero siempre se ha entendido que esto, si se produjera, se haría
sólo en conjunción y cooperación con Panamá a solicitud de Panamá. Nuestros barcos tienen también el derecho de ir
a la cabeza de la línea en el evento de que hubiera una emergencia que amenazara la seguridad de mi país."
El nuevo modelo de relaciones con los EE.UU: se potencia en la medida en que Panamá
oriente su política exterior hacia la adopción efectiva del principio de la neutralidad activa aplicado a todo
su territorio, la cual deberíamos eventualmente formalizar ante la OEA y la ONU en el momento oportuno.
Debo destacar que en los Fundamentos de la Política Panameña de Seguridad, el Gobierno de Panamá y todos los
partidos políticos acordamos como política de Estado que uno de los objetivos de nuestra seguridad integral
es: "4.3. Preservar la neutralidad del Canal de Panamá y promover una política exterior tendiente a la neutralidad
activa del país que garantice que el Istmo de Panamá no será objetivo de represalias en ningún conflicto bélico
entre otras naciones del mundo ni se verá involucrado en confrontaciones violentas entre Estados y dentro de los
Estados".
La decisión de modernizar y ampliar el Canal debe integrarse como pieza clave en una oferta
nueva, multimodal, al comercio internacional, que incluya además puertos, ferrocarril, aeropuertos, autopista y
oleoducto. Esta oferta debe darse en el contexto de la política marítima de nuestro país, de cara a la
globalización del mundo y a la implementación del ALCA, puesto que la una como la otra implican una
intensificación del comercio y requieren nuevas facilidades de transporte y tránsito. Sería nuestra manera
específica de participar activamente y de obtener beneficios propios de la globalización, en vez de sufrir
pasivamente sus consecuencias en beneficio de otros. Respondería así a la preocupación mayor que tenemos los
panameños y panameñas acerca de la globalización, a saber cómo nos vamos a beneficiar de la misma y a participar
con iniciativa en las orientaciones del fenómeno, en vez de sufrir pasivamente las consecuencias.
La cooperación entre Panamá y los EE.UU. debe ser muy estrecha en el plano económico,
como también en la lucha contra el narcotráfico y contra el contrabando de personas hacia los EE.UU. vía Panamá,
porque nos conviene nacionalmente y, además, nos permite mantener la buena voluntad de los EE.UU. en esta nueva
etapa de nuestra historia en la que no tendrán participación en la administración del Canal ni presencia militar
en nuestro país. Debemos, por otra parte, estudiar la posibilidad de considerar el financiamiento de la modernización
del Canal como una oportunidad para asociar a EE.UU. y otros países a la suerte del Canal, sin comprometer nuestra
administración del mismo, pero compartiendo si es posible el riesgo financiero de la obra. El hecho de que ya no
tengamos una relación especial con los EE.UU, que pagábamos con nuestra subordinación casi colonial, nos debe hacer
conscientes de que nos conviene por nuestros intereses mantener y desarrollar una buena, estrecha, relación con la
indiscutida primera potencia del mundo, sobre la base de intereses comunes y el mutuo respeto.
Esta cooperación con los EE.UU. debe acompañarse de una política internacional atenta en
América Latina a México y a Brasil, en Europa a España, a Inglaterra y a la Unión Europea y en Asia a Japón y a
China continental. Se trata ahora que hemos adquirido nuestra libertad de acción de integrarnos plenamente a
la convivencia latinoamericana y de relacionarnos con madurez con el resto del mundo, superando la absorción en
razón del vínculo con los EE.UU.
Debemos intentar la ubicación permanente del secretariado del ALCA en Panamá, de manera que
el país comience a constituirse en una especie de Bruselas de las Américas, para lo cual el apoyo de los EE.UU.
sería necesario, aunque no suficiente. Posteriormente, Panamá podría atraer la sede de otras instancias interamericanas
e internacionales. Además de la importancia política internacional y del fortalecimiento de nuestra neutralidad que
ello representaría para Panamá, también significaría la creación de numerosos empleos y la generación de cuantiosos
ingresos para nuestro desarrollo socioeconómico, en la perspectiva de lo que ha sido nuestra vocación histórica,
tal que Bolívar la vislumbró.
La oferta que Panamá haga para el ALCA debiera corresponder a un consenso nacional. También sería conveniente que dicho esfuerzo se concrete gracias a un equipo en el que participen los principales partidos y gremios. No se debe proceder como se está procediendo en este gobierno y se procedió en el pasado gobierno, al proponer nombres para miembros de la Junta Directiva de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), que ni siquiera se le avisó previamente a la oposición.
Termino destacando que las relaciones entre Panamá y los EE.UU. siempre son asimétricas. Dada la diferencia geopolítica entre los dos países, para Panamá dichas relaciones son substanciales en nuestra política exterior, mientras que para los EE.UU. no lo son. Por ello, cada vez que nuestras relaciones con los EE.UU. están en juego, los panameños debemos actuar, si del todo posible, en unidad, para compensar la disparidad entre los dos países. Ello requiere una actitud de transparencia, de comunicación y de búsqueda de consenso, tanto de parte del gobierno como de la oposición. Dicho objetivo se alcanzó con referencia a los Fundamentos de la Política Panameña de Seguridad, lo que prueba que sí se pueden establecer políticas de Estado. Pero no se ha intentado siquiera a propósito de las relaciones de Panamá con los EE.UU.
La iniciativa le compete a la Presidenta de la República, quien de acuerdo con el artículo 179, numeral 9 de la Constitución tiene, con la participación del Ministro del ramo, la función de "dirigir las relaciones exteriores". No huelga decirle a la Señora Presidenta que es hora de que actúe en este sentido, para bien de Panamá, de los panameños y panameñas. (ariyan@sinfo.net.)

101 años de Panamá América

 
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