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Para los que no sabían


La receta ideal para que los países tercermundistas salgan de la pobreza y del subdesarrollo consiste en la liberalización del mercado y en dar incentivos a la producción para la exportación.
Muchos países en desarrollo han reducido sus impuestos aduaneros, eliminado las distorsiones del tipo de cambio y bajado su déficit fiscal. Eritrea, Etiopía y Mozambique han logrado la convertibilidad en cuenta corriente de sus monedas. Varios países del Asia meridional han eliminado las restricciones que se imponían a las importaciones. Las economías en transición de Europa oriental han hecho de los incentivos fiscales parte fundamental de su estrategia, y varios Estados árabes están liberalizando los servicios financieros.
¿Pero ha ayudado esto al crecimiento? Ciertamente lo ha hecho en muchos países. Botswana, Chile, China, la India, la República de Corea, Mauricio y México, entre otros, aumentaron en gran medida sus exportaciones, y eso significó un aumento del ingreso per cápita. La enseñanza es clara: los países pueden acelerar el crecimiento con la liberalización del comercio si tienen una gestión macroeconómica sólida, una buena infraestructura y servicios sociales, y una estructura de gobierno fuerte con un marco institucional apropiado.
Es decir, los resultados no se dan por arte de magia; se requieren compromisos, muchos sacrificios y un sentido práctico de "¿hacia dónde queremos ir?". Considérese el caso de Botswana y Malí. Ambos países abrieron su economía. Pero el ingreso per cápita de Botswana creció a un ritmo de casi el 6% anual en el período de 1980-1998, en tanto que el de Malí se redujo 0.8% anual. Resulta fundamental a este respecto el desarrollo humano. A mediados del decenio de 1980, Botswana se hallaba muy por encima de Malí en cuanto a algunos indicadores del desarrollo humano; la tasa de alfabetización de adultos (74 vs 18%), acceso a agua limpia (54 vs 16%), acceso a servicios de salud (90 vs 18%) y gasto público en educación (9 vs 3% del PIB) muestran la diferencia en el "approach" utilizado por cada país.
De cualquier forma, existe un fuerte vínculo entre comercio y crecimiento. Según el Informe Anual de 1999 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la globalización ha abierto de par en par la puerta a las oportunidades en los mercados del mundo. Egipto y Pakistán lograron un crecimiento anual de las exportaciones superior al 6% y un crecimiento del ingreso per cápita superior al 3% en el período 1985-1998. La República de Corea logró durante ese mismo período no sólo incrementar sus cifras de exportación e ingreso per cápita, sino aumentar la esperanza de vida de 54 años a 74, y reducir la mortalidad de niños pequeños de 85 por cada mil nacidos a 6. Además el 98% de los adultos están alfabetizados y se espera que más del 96% de su población sobreviva después de la edad de 40 años. Resultados semejantes se han logrado en Malasia, Tailandia, Singapur, Hong Kong, Polonia, Hungría, las Filipinas, Taiwan, entre otros, los cuales se han traducido también en un buen rendimiento en cuanto al comercio en crecimiento, y en bienestar de su pueblo.
¿Cuáles han sido los elementos principales del éxito de estos países? Primeramente, la implementación de estrategias favorables al crecimiento fundamentadas en reformas económicas audaces sin ser especulativas, con políticas económicas sólidas y en el énfasis de la competencia como mecanismo para determinar los precios. En segundo lugar, la creación de instituciones serias y respetadas orientadas al mercado, además de una restructuración de las instituciones bancarias y financieras que permitan y garanticen la inversión extranjera directa sobre la base de sólidos principios y prácticas de seguridad jurídica. Y finalmente, la introducción de una política de extensa prestación pública de servicios sociales con énfasis en las zonas rurales, creando más empleo con densidad de mano de obra y estableciendo medidas de protección social.
Una enseñanza importante es que el aprovechamiento de las oportunidades a escala mundial en cuanto al comercio requiere un conjunto amplio de medidas. Desde el comienzo de su transición al mercado a fines de la década de los 80, Polonia abrió su economía, reforzó sus instituciones, estableció procesos democráticos y participatorios, y veló por la transparencia y la responsabilidad. En los primeros años de la transición, el ingreso y el consumo se redujeron casi en el 20%, mientras aumentaba el desempleo y la pobreza. Pero en 1994 las tendencias del desarrollo comenzaron a mejorar y despegó el crecimiento económico. Aumentó el consumo y el desempleo se redujo de más de 16% en 1993 a menos del 7% en 1997. ¿Qué cambió? Nada, simplemente que, las reformas requieren tiempo para permear y el precio del crecimiento económico en algunos países es más alto que en otros.
Para que un programa de reformas económicas trabaje es necesario inicialmente estabilizar la gestión macroeconómica, y posteriormente modificar el sistema de precios e incentivos para que reaccionen al mercado. Además, es requerido que las bases del programa se refuercen con una reforma institucional seria, una cohesión normativa ejemplar y una participación popular responsable. Si no se tienen estas raíces bien profundas en la mente y el corazón de la gente, lo que se va a preferir entonces son los mecanismos leves de respuestas rápidas y paliativos de corto alcance, que seguramente no van a crear el entorno competitivo necesario para el despegue definitivo hacia el crecimiento sostenido. Puede ser que al principio exista la buena voluntad política de querer y hacer avanzar las reformas, y un consenso acerca de la estrategia de transición a seguir, pero eso no basta. Es esencial procurar formar el sistema de mercado con un criterio amplio respecto de la privatización o participación del sector privado en áreas en donde su gestión es más eficiente y eficaz, así como a la modernización de la base industrial y comercial.
Las reformas económicas diseñadas para liberar el comercio trabajan en la medida en que sean aprovechadas las oportunidades comerciables. La experiencia de los países que han salido del subdesarrollo y de la pobreza a través de la apertura comercial, nos permite extraer algunas recomendaciones concretas. De cualquier forma, se puede resaltar que la adopción de políticas internas relacionadas con la privatización, la restructuración económica y la descentralización pueden equilibrar las consideraciones relativas al mercado y la equidad. No obstante, para asegurar el éxito es necesario aumentar la productividad y atraer la inversión extranjera directa por medio de la educación de la gente y el perfeccionamiento de sus aptitudes. En este sentido, es prescindible que la calidad de la mano de obra sea considerada un elemento importante en la definición de las ventajas comparativas. De lo contrario, con la rapidez con que se mueve el escenario mundial, se habrán desperdiciado una gran cantidad de oportunidades y el fracaso será eminente.

101 años de Panamá América

 
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