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Patricia Pérez, candidata al Premio Nobel de la Paz


HACE VEINTE años 50 mujeres decidieron luchar contra la desidia hipócrita con que entonces se abordaba el problema del VIH
SIDA y sentaron las bases de una organización que hoy cuenta con filiales en 56 países y agrupa a ocho mil seropositivas. De aquel medio centenar, sólo cinco sobreviven. Una de ellas es Patricia Pérez, actual candidata al Premio Nobel de la Paz.
Es argentina. Cuando contrajo el VIH comenzó a vivir el calvario de la falta de apoyo, la desigualdad de género, la carencia de información y orientación para enfrentar el monstruo, y la casi total ausencia de servicios al alcance de muchas mujeres que, como ella, enfrentaban -y enfrentan- el terror de ver crecer a sus hijos en un medio hostil pleno de prejuicios y de marginación: "hasta se burlaban de los enfermos, ya que se consideraba que sólo la contraían los homosexuales; se le definía como la peste rosa", recuerda ella.
Estadísticas de ONUSIDA indican que en el mundo hay aproximadamente 40 millones de personas que viven con VIH/SIDA. De ellas, 17 millones son mujeres entre los 15 y los 49 años. A partir de 1985 el porcentaje de mujeres adultas seropositivas aumentó de 35 a 48%. En América Latina y el Caribe hay alrededor de dos millones de seropositivos, 36% de ellos mujeres. Éstas representan el 49% de la población infectada del Caribe.
En la actualidad, Patricia Pérez forma parte de la Junta Directiva de la Comunidad Internacional de Mujeres Viviendo con VIH (ICW, por su sigla en inglés), la única organización global femenina dedicada a este propósito, y es su secretaria regional para América Latina y el Caribe. En su momento fue una de las 14 personalidades mundiales invitadas por el entonces Secretario General de la ONU, Koffi Annan, para definir la agenda y los alcances de la Asamblea Extraordinaria del organismo sobre el SIDA en 2001.
Cuando se enteró que portaba el VIH "no había a quién preguntarle. Tenía 24 años y un hijo de seis. El médico que me dio el resultado me dijo que la gente infectada tenía una expectativa de vida de dos años. Me enojé muchísimo. ¿Cómo podía decirme una cosa así? Creo que me dijo lo que él sabía, que era muy poco. Pero eso lo puedo entender ahora; en ese momento lo odié". Años antes se había separado del padre de su hijo y convivía con un hombre que consumía drogas endovenosas. Tras una detención policial y un análisis de VIH, éste resultó positivo. Tiempo después supo que el papá de su hijo "también tiene VIH y ya no puedo saber si me infectó esa pareja o él. Creo que tampoco tiene sentido saber; cuando vos tenés un resultado positivo lo importantes es que hacés con eso y no tanto cómo pasó".
Habla la misma mujer que estuvo en la primera línea de acción para hacer posible que fueran las afectadas las que hablaran del problema, en vez de ser objeto de conferencias sobre el tema. "Nosotras sabemos que los especialistas son los que están más capacitados, los que hacen investigaciones, los que lideran las agencias. Y los respetamos. Pero las mujeres que vivimos con VIH tenemos una historia personal que no te la enseña nadie en ninguna universidad y es importante que nos escuchen".
No fue su país ni un organismo argentino el que propusiera a esta mujer -de apariencia débil y de un dinamismo inagotable, y que como víctima prácticamente creció con la epidemia- al Premio Nobel de la Paz. Fue la primera dama de Honduras, Xiomara Castro de Zelaya, Coordinadora de la Coalición de Primeras Damas de Latinoamérica y el Caribe. La iniciativa fue acogida de inmediato por la Coalición y todos los sectores dedicados a la lucha contra el SIDA, en reconocimiento a la manera "cálida y constante con que Patricia Pérez trabaja desde hace años con las mujeres, niñas y adolescentes más necesitadas". Para ICW, esta "candidatura es una extraordinaria posibilidad de ampliar también la estrategia mundial de respuesta social a la pandemia más terrible que ha enfrentado la humanidad". Y es que, como precisa organización, resulta increíble que aún hoy "haya pocos estudios que se especialicen en la incidencia que el virus tiene en las mujeres y las niñas, a pesar de que son las más afectadas".
La activista mantiene una relación estable con un hombre que conoce su drama y que la acompaña de manera comprometida en todos sus proyectos. Él es "negativo", al igual que el hijo de Patricia, que ya tiene más de 20 años y se dedica a la música. Editó un CD que recoge las voces de personalidades del Continente identificadas con la lucha contra el SIDA. Prepara una segunda edición en la que aspira a contar con la participación de Rubén Blades.
Patricia Pérez piensa que si bien se han dado avances importantes en el campo científico de la guerra contra la pandemia, hay mucho por hacer en lo social. Y que las campañas son pocas, e incompleta la asistencia de los Estados. Ella, por su parte, hace lo suyo: ha visitado más de 40 países del mundo en los cinco continentes. Participa en seminarios y talleres, y funda organizaciones locales para reunir a mujeres, niñas y adolescentes que viven con VIH. En su país, además de fundadora y primera presidente (1191-1999) de la Fundación por los Detenidos Sociales, fundó el Foro de ONGs que luchan contra la discriminación. También fue miembro de la Comisión Redactora de del proyecto de Ley para la creación del Instituto Nacional contra la Discriminación, el Racismo y la Xenofobia (INADI).
Credenciales, entonces, no le faltan para el Nobel a esta líder que se declara inspirada siempre en el ejemplo y el legado de Nelson Mandela. Aunque lo que verdaderamente importa a luchadores como ella no son los premios, sino el reconocimiento que alcanzan sus causas. Por lo demás, pocas veces el Nobel de la Paz podrá tener un significado más trascendente que su concesión a alguien como ella. Porque su causa es la de todos; hasta los indiferentes. Es la lucha por la sobrevivencia de la especie humana.

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