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Patriotismo, obligación política en democracia (II)


Jamás aceptaré el criterio absurdo: "Tenemos el gobierno que nos merecemos". Los votos son por un Panamá mejor, son esperanza no masoquismo. Se trata de una lucha constante y desatendida en el alcanzar los cambios que todos merecemos.

No se requiere un cúmulo de genios para entender cuál es el país al que aspiramos y nos merecemos todos. Tampoco es necesario contar con magos para lograr ese objetivo en un Panamá de 3.5 millones de habitantes. Lo cierto es que sólo contamos con dos partidos grandes y los satelitales partidos pequeños; en esencia, un bipartidismo. Al existir tanta tradición, en apoyo a los dos grandes, es ilógico pensar que un partido pequeño, por sí sólo, pueda ganar las elecciones frente a uno de los dos grandes.

La función de los partidos pequeños es aliarse a uno de los dos y ganar puestos en la legislatura. Eso es así y los dueños de los partidos satélites, lo saben muy bien.

El ego es parte de la personalidad, no es bueno ni es malo. Lo importante es su uso inteligente y, para eso, lo tangible y estadísticamente posible es la alianza inteligente de los dos candidatos más sobresalientes de la oposición.

Los empeños humanos, sin liderazgo patriótico, son imposibles de alcanzar; lamentablemente, son los partidos los que nos proponen sus figuras de liderazgo, no siempre con propósitos claros. Para las elecciones del 2009, por lo menos conocemos quiénes son los líderes que presentan. ¿Tendremos la capacidad de no dejarnos confundir? No lo sé. Lo cierto es que estará en uno de los dos partidos grandes y que con dos o tres candidatos de oposición, estadísticamente, será imposible lograr que llegue al poder.

La población votante no sólo debe votar por el cambio de lo históricamente desafortunado, debe estar consciente del momento actual y la realidad necesaria de voltear página; en tal sentido, ¿es conveniente la reelección del oficialismo?

Conculcar el ejercicio de las libertades ciudadanas, representa la abierta manifestación de una voluntad ajena a las necesidades propias de un buen gobierno. La mediocridad gubernamental histórica es obvia. El semillero de la unidad nuca se cultivó, todo lo contrario, lo que se siembra, con grotesca y ventajosa finalidad, es el divisionismo, el clientelismo, la demagogia y la corrupción. No la transparencia ni la voluntad patriótica.

101 años de Panamá América

 
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