Pedacitos de vida
Por motivo de la reparación de algunos muebles, he tenido que destruir muchas cosas que fueron de Chito (q.e.p.d.),míos y de nuestros hijos. Todos llenos de recuerdos y de la vida misma. Encontré diez pasaportes vencidos y me detuve ante los retratos de mi esposo donde luce guapo, sencillo y contento.
Recorrí mentalmente nuestros viajes a Caracas, Santo Domingo, las islas del Caribe en un crucero; Medellín y Texas. Todos llenos de gozo y feliz recordación. Repasé, también, la nostalgia que sentí cuando en uno de esos viajes no pude acompañarlo por un trabajo especial que me comprometía.
Descubrí un cofre con todas las notitas de amor que nos escribimos mutuamente por medio siglo; tarjetas de felicitaciones de cumpleaños, de navidades; en fin, de tantas ocasiones que sería largo enumerar. Pasé horas realizando cuál de esos mensajes gratificaba más mi alma.
Mi mente se perdía entre tantos recuerdos y me resistía volver a la realidad hasta tropezar con un mensaje que decía así: "No importa donde esté; no importa donde vaya, tú siempre serás mi eje; tú eres mi primer amor verdadero, mi último, mi todo".
Sé que cuando volvamos a encontrarnos, lo tomaré de la mano para jamás separarnos. El será mi guía, y aunque dicen que los seres espirituales no se palpan, me introduciré en él para ver si todavía su corazón tiene mi nombre escrito en rojo.
Tal vez nos volveremos luceros parlantes viendo el espacio desde el infinito. Tendrá que contarme qué ha hecho sin mí todos estos años. Yo le diré que no hubo un solo día en que no lo extrañará, en que no mencionara su nombre. Juntos daremos vuelta al reloj imaginario para volver a vivir como esencia todos esos momentos, todos esos segundos, todos esos años que estuvimos separados.
Le contaré que su recuerdo estuvo siempre entre mi almohada, que añoré aquellos amaneceres cuando nos besábamos y nos abrazábamos; aquellas noches largas, muy largas cuando nos sobraba tiempo enriqueciéndonos uno al otro. Dentro de mí nada, ni nadie, superará todos estos gratísimos encuentros; todos estos felices recuerdos. ¿Pedacitos de vida? Más que eso... La vida misma.
Recorrí mentalmente nuestros viajes a Caracas, Santo Domingo, las islas del Caribe en un crucero; Medellín y Texas. Todos llenos de gozo y feliz recordación. Repasé, también, la nostalgia que sentí cuando en uno de esos viajes no pude acompañarlo por un trabajo especial que me comprometía.
Descubrí un cofre con todas las notitas de amor que nos escribimos mutuamente por medio siglo; tarjetas de felicitaciones de cumpleaños, de navidades; en fin, de tantas ocasiones que sería largo enumerar. Pasé horas realizando cuál de esos mensajes gratificaba más mi alma.
Mi mente se perdía entre tantos recuerdos y me resistía volver a la realidad hasta tropezar con un mensaje que decía así: "No importa donde esté; no importa donde vaya, tú siempre serás mi eje; tú eres mi primer amor verdadero, mi último, mi todo".
Sé que cuando volvamos a encontrarnos, lo tomaré de la mano para jamás separarnos. El será mi guía, y aunque dicen que los seres espirituales no se palpan, me introduciré en él para ver si todavía su corazón tiene mi nombre escrito en rojo.
Tal vez nos volveremos luceros parlantes viendo el espacio desde el infinito. Tendrá que contarme qué ha hecho sin mí todos estos años. Yo le diré que no hubo un solo día en que no lo extrañará, en que no mencionara su nombre. Juntos daremos vuelta al reloj imaginario para volver a vivir como esencia todos esos momentos, todos esos segundos, todos esos años que estuvimos separados.
Le contaré que su recuerdo estuvo siempre entre mi almohada, que añoré aquellos amaneceres cuando nos besábamos y nos abrazábamos; aquellas noches largas, muy largas cuando nos sobraba tiempo enriqueciéndonos uno al otro. Dentro de mí nada, ni nadie, superará todos estos gratísimos encuentros; todos estos felices recuerdos. ¿Pedacitos de vida? Más que eso... La vida misma.