Pedro Miguel y la armónica colaboración
Cuando el barón Charles Louis de Secondat de Montesquieu elaboró su teoría de la separación de los poderes del Estado en su obra "Del Espíritu de las Leyes", tuvo el acierto de complementar el principio con el de la armónica colaboración que entre ellos debe existir. Y es que, como conocedor y estudioso de la historia, sabía que la división por sí sola, sin un adecuado balance, daría al traste con la democracia, de cuyo fundamento teórico echó las bases que la sustentan hasta nuestros días.
Bajo ese esquema, la división entre el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, se hacía necesaria para quebrar la excesiva concentración del poder en manos de la monarquía absoluta que se buscaba erradicar; pero la fragmentación del mismo entre los tres poderes, de manera alguna debía entenderse como una marcha de cada cual por su lado y propia agenda, sin tomar en cuenta que el Estado es unitario y como tal, debía marchar en una sola y coherente dirección.
La teoría, llevada a la práctica trabajó a la perfección, salvo en casos en que se rompía el delicado equilibrio y, cuando eso ocurría, se abría siempre la puerta a una quiebra democrática en la forma de un golpe de Estado, revolución, anarquía y otras formas de perversión del sistema.
Con la elección del diputado Pedro Miguel González Pinzón como Presidente de la Asamblea Nacional, se pervirtió el sistema democrático y se le puso irresponsable e innecesariamente en peligro, no importa que sea inocente de los delitos que se le imputan, de eso no se trata. Hablamos de la necesidad de armonizar una marcha inteligente del Estado Panameño hacia objetivos nacionales comunes, con miras a realizar los intereses superiores de la República. Y ese interés superior debió sobreponerse a otros de índole personal, partidista o de cualquier otra naturaleza.
Esto no significa que Estados Unidos dicte nuestra agenda política interna ni externa, sino que, antes de tamaña decisión, esto es, de poner a la cabeza de uno de los poderes del Estado a alguien, debió ponderarse con sabiduría, prudencia y sentido de responsabilidad, la mejor opción para el Estado Panameño en su actual coyuntura histórica.
Señores, mientras se transmitía al mundo la imagen positiva y trascendental de este pequeño país ampliando el Canal Interoceánico, el nuevo titular del Legislativo se ausentaba del acto, por razones más que obvias. ¿Qué necesidad había de empañar el acontecimiento con tan disparatada elección, habiendo tantas otras alternativas? ¿Qué necesidad había de exponer, así fuera remota, la posibilidad de ratificación por el Congreso norteamericano de nuestro recién y trabajosamente logrado tratado de libre comercio? Ninguna.