Petróleo por las nubes, bolsillos por el suelo
El alza del petróleo retó a los países no productores a ajustar sus economías y políticas energéticas. Panamá no es la excepción. A pesar que nuestras finanzas repuntan, la inflación también está que vuela con un índice inédito, casi 6%.
A consecuencia de esa situación, todo se ha encarecido, la canasta básica es la que más hunde los bolsillos, y la acompañan la gasolina y la energía. En este último punto, además de haber abandonado una política de competencia por proteger los ingresos de unos cuantos, ahora nos pone en corredera porque su generación está al tope, y además no tenemos cómo pagarla.
El sonado subsidio de $64 millones con los que contribuye el gobierno panameño para amortizar el costo, se nutre del pago de los contribuyentes. Por ende, pagamos doble: el precio y el auxilio.
La solución es costosa y toma tiempo. La Autoridad de los Servicios Públicos (ASEP), apenas abrió una ventanita a la competencia. La desventaja es que las hidroeléctricas que tienen más capacidad y pudieran abaratar el costo de la energía, en muchas ocasiones no cuentan con la venia de la población donde se instalan. Además, el trabajo de concienciación no es suficiente. Otras fuentes alternas, como la eólica, buscan una porción del mercado. La pregunta es: ¿Estará dispuesta la competencia a que le quiten parte del pastel?
El estatus quo no ha variado en años, por lo que será interesante saber qué marca de pantalones se pondrá Víctor Urrutia, director de la ASEP, para manejar la situación y permitir una competencia equilibrada en beneficio de la población.