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Pinochet, el Papa y las madres


No hace mucho que el Papa Juan Pablo II pidió clemencia para el genocida Pinochet, al cual el gobierno de Inglaterra no le ha reconocido inmunidad y por lo tanto se verá dentro de poco muy probablemente, sentado en el banquillo de los acusados, en España, para responder por tantos crímenes de lesa humanidad.
La actitud del Papa en el caso Pinochet causó revuelo en amplios círculos de la Iglesia Católica. Por ejemplo, el sacerdote italiano Vitaliano Della Sala le envió una carta al Cardenal Angelo Sodano referente a ese pedido del Vaticano por Pinochet. En su carta, Della Sala reconoció que en principio los llamados humanitarios "a veces no son tan oportunos" y terminan siendo más bien "tomas de posición" que peligrosamente inclinan la balanza de la justicia y de la verdad hacia el lado equivocado". Según el padre Della Sala, Inglaterra y España no son regímenes antidemocráticos que no ofrezcan "garantías de imparcialidad jurídica y trato humano a los procesados". Pero la parte más contundente de esta carta es la que cuestiona la actitud del Cardenal Sodano cuando fungía como Nuncio Apostólico en Chile "mientras Pinochet exterminaba sin ningún respeto humanitario a los opositores a su régimen". Al recordar aquella época de Sodano en Chile, Della Sala dice: "No recuerdo que haya llegado a mis oídos algún llamado suyo a Pinochet durante aquellos excesos vergonzosamente conocidos de la dictadura, a favor de personas encerradas en el Estadio Nacional de Santiago, olvidadas en los cuartos de tortura o hechas desaparecer para siempre".
Al recordar el documento del Papa para el Día de la Paz, donde dice que "no hay paz verdadera sin el respeto de los Derechos Humanos de todos los hombres", el sacerdote afirma que "o bien los documentos y los pronunciamientos de los obispos y del Papa son sólo habladurías, o la Curia Romana no tiene los mismos criterios del Pontífice, o el interés del Vaticano por Pinochet es un error diplomático que puede ser cuestionado.
Por su parte, la organización argentina de Las Madres de la Plaza de Mayo (madres de desaparecidos durante los años de dictadura en Argentina), señalaron en una carta enviada también al Papa que les había costado "varios días... asimilar el pedido que Ud. Señor Juan Pablo II reclamó para el genocida Pinochet". Para las Madres de la Plaza de Mayo, es "aberrante" que "desde su sillón de Papa..., sin conocer ni haber sufrido en su cuerpo la picana (eléctrica), las mutilaciones, la violación, se anime en nombre de Jesucristo a pedir clemencia para el asesino". Y agregan: "Jesús fue crucificado y sus carnes fueron laceradas por los judas que como Usted hoy defienden asesinos".
Por otro lado, agregan que "ninguna madre del Tercer Mundo que dio a luz un hijo que amó, amamantó y cuidó con amor y que después fue mutilado por la dictadura de Pinochet, Videla, Banzer, Stroessner, (Torrijos y Noriega, podrían agregar también muchas madres panameñas), van a aceptar resignadamente su pedido de clemencia". Finalmente, pidieron a Dios en su carta, "en un rezo inmenso que se extenderá por todo el mundo, que no lo perdone a Usted Señor Juan Pablo, que denigra a la Iglesia del pueblo que sufre..."
Esta carta motivó que la Conferencia Episcopal Argentina manifestara al Papa su "dolorosa sorpresa y profunda indignación" por las expresiones "de un grupo de las Madres de Plaza de Mayo". La carta a Juan Pablo II, dada a conocer por AICA, firmada por la Comisión Ejecutiva del Episcopado que preside Mss. Estanislao Karlic, decía textualmente: "Belisario Padre: Dolorosamente sorprendidos y profundamente indignados por las expresiones en contra de Su Santidad hecha por un grupo de las Madres de Plaza de Mayo, en nombre de todos los obispos de la Conferencia Episcopal Argentina y de los fieles de la Iglesia Católica en el país, le hacemos llegar nuestro profundo afecto, agradecimiento y adhesión final a Su persona, que con sabiduría admirable, con espíritu abierto a todos los sectores, con caridad sin límites y con valentía extraordinaria, conduce al Pueblo de Dios y señala al mundo entero caminos de verdad y justicia, de amor y de paz. Lo hemos experimentado otra vez en su reciente visita a México y lo proclamamos ante todos los hombres de buena voluntad, frente a la tristísima carta que nos ha herido hondamente y nos ha avergonzado como argentinos, quienes hemos recibido de Su Santidad en un momento crucial, el servicio del Evangelio y de la Paz. Encomendamos a María Santísima de Luján su intenso esfuerzo para llevar nuestro mundo y su historia a un Jibileo de gozo y a un nuevo milenio de esperanza".

101 años de Panamá América

 
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