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Pleno empleo en playas del Pacífico


Ya no es un fenómeno único de Boquete, la franja de costa playera del Pacífico, comprendida entre Punta Chame en la provincia de Panamá y Juan Hombrón en Antón, provincia Coclé, goza hoy de una envidiable condición cercana al pleno empleo, gracias a diversos proyectos hoteleros y residenciales que se desarrollan en ella. Se trata de un fenómeno que se remonta a diez años atrás.
Antes de eso, el área estaba dedicada a la extracción indiscriminada de arena de playa. Este diario encabezó entonces una campaña enérgica que, con ayuda de los lugareños y diversos promotores de proyectos del área y la Defensoría del Pueblo, logró parar en seco la malsana actividad. De allí en adelante, sobrevino el milagro turístico, con el Hotel Decameron de Playa Blanca como punta de lanza. Poco después llegaron el Playa Blanca Resort, Buenaventura y muchos otros en pleno auge.
El valor de la tierra allí se ha multiplicado por decenas y sigue creciendo; la zona montañosa de la inmediación, al Norte de la Interamericana, ha hecho explosión. En cosa de media hora se puede descender desde un clima de 18 grados centígrados a 1,300 metros sobre el nivel del mar en las montañas de Sorá, hasta los 30 grados de la arena de playa. Pocos lugares del mundo ofrecen ese privilegio.
El impacto social en el área se nota. La incidencia de delitos es mínima, y la desnutrición y la pobreza descienden al mínimo. A simple vista, se ven las casas de los pequeños pueblos luciendo bien pintadas, con su gente bien vestida y calzada y buen aspecto. Todo el mundo está trabajando de lo que sea: jardinero, albañil, carpintero, dependiente de hotel, músico, bailarín, decorador, artesano, proveedor de alimentos, etc. En temporada alta, tan sólo en el Hotel Playa Blanca Resort contrata a más de mil empleados; y si sumáramos al vecino Decameron y demás desarrollos de la franja, la cifra de trabajadores directos podría exceder los diez mil, alcanzando casi al número de empleos generados por el Canal de Panamá, pero con mayor impacto que éste, porque la población es más pequeña; eso sin contar los empleados dedicados a servir y dar mantenimiento a las residencias de descanso de pensionados de la zona.
Cierto, no podemos dedicar todo el país al turismo. Pero mientras desarrollamos otras áreas, debemos regocijarnos y tomar nota de lo que está ocurriendo en las playas del Pacífico, que poco a poco, en silencio y con escaso o ningún apoyo gubernamental, se están convirtiendo en un emporio de oportunidades para miles de panameños humildes.

101 años de Panamá América

 
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