"Por favor, una rodaja de queso amarillo"
Este fue el título de un artículo que escribió, en un periódico de la localidad, Monseñor Rómulo Emiliani y que a mí me impactó porque, entre otras cosas, me trasladó a mi época de infancia en calle 16 Oeste del barrio de Santa Ana. Para los que no tuvieron la oportunidad de leer el artículo de Monseñor Emiliani, les transcribo la parte que más me llamó la atención:
"El camino hacia la montaña iba a ser largo y decidí después del café tomar un refresco en la tienda del lugar. Así lo hice y bebiendo un jugo de tamarindo, vi cuando entraba un chiquillo de unos seis años, negro y ensortijado su pelo, con un pantaloncito azul, descalzo y descamisado que pedía: "Por favor, una rodaja de queso amarillo, dos michas de pan y diez centavos de azúcar". Me miró con sus ojos grandes como luceros del alba, con su cara redonda, recién lavado su cuerpecito de piel oscura y con la gracia de su inocencia colgada del perchero de la vida; como la de sombrero recién comprado esperando que el uso del tiempo lo arrugue y lo manche. Dijo, "Buenos días Monseñor, yo estuve ayer en la misa". Sonreí y le acaricie la cabeza diciendo: "Bravo niño, así se hace". Salió de la tienda con su bolsa de alimentos y le pregunté al señor que lo atendió "Es eso lo que van a comer". "Mire Monseñor, aquí hay familias como la del niño que con una tortilla de maíz o con un pedazo de pan con queso y café desayunan. En la casa de ese chiquillo son cinco ahora y ése es el queso de la mañana para ellos". Una rodaja de queso amarillo".
Esta historia del padre Emiliani sucedió en un pequeño pueblo de la provincia de Darién, pero estoy seguro que la misma historia es una realidad que se repite a diario en la mayoría de las poblaciones marginadas a lo largo y ancho de nuestra República, lo que me lleva a pensar el por qué nuestro gobierno no busca la manera de llegar a esas poblaciones con programas de ayuda alimenticia, como lo hacía en tiempos atrás la organización internacional CARE, con programas de ayuda a las poblaciones o regiones marginadas del país; operativos éstos que si no resolvían en su totalidad, la situación de desnutrición en esas familias favorecidas, por lo menos les mitigaban la falta de alimentos básicos. Recuerdo que la CARE distribuía latas de leche en polvo y de queso amarillo; estas latas eran del tamaño de la leche KLIM grande.
Pienso que el gobierno podría interesarse en promover la ayuda a estos sectores marginados a través de instituciones gubernamentales y de la empresa privada para que en conjunto desarrollen un programa de asistencia nutricional, a beneficio de estos humildes panameños. Estas instituciones podrían hacer esto realidad: el Departamento de Estadísticas y Censo de la Contraloría, el Ministerio de Comercio y el FIS.
Sería un gran trabajo social que estas entidades, en coordinación con la empresa privada, desarrollaran para que a cada comunidad marginada les llegue periódicamente una porción de leche en polvo y otra de queso amarillo enlatados, y se llegara a institucionalizar una organización a nivel nacional que se preocupe por llegar a estas áreas.
Creo que no tendríamos por qué asustarnos con un proyecto de esta naturaleza porque, en ocasiones, los periódicos anuncian que los productores de leche se quejan porque no tienen quién les compre su sobre producción de leche, la cual bien podría comprar el gobierno a un precio justo a los productores, para que con el sector privado se procese y se enlate la leche y el queso para destinarlas a combatir la desnutrición en toda la República.
Además, creo que lo que invierta el Estado en este tipo de programa lo economiza en asistencia medica, teniendo en cuenta que una buena nutrición en la infancia genera mejores ciudadanos en el futuro.
"El camino hacia la montaña iba a ser largo y decidí después del café tomar un refresco en la tienda del lugar. Así lo hice y bebiendo un jugo de tamarindo, vi cuando entraba un chiquillo de unos seis años, negro y ensortijado su pelo, con un pantaloncito azul, descalzo y descamisado que pedía: "Por favor, una rodaja de queso amarillo, dos michas de pan y diez centavos de azúcar". Me miró con sus ojos grandes como luceros del alba, con su cara redonda, recién lavado su cuerpecito de piel oscura y con la gracia de su inocencia colgada del perchero de la vida; como la de sombrero recién comprado esperando que el uso del tiempo lo arrugue y lo manche. Dijo, "Buenos días Monseñor, yo estuve ayer en la misa". Sonreí y le acaricie la cabeza diciendo: "Bravo niño, así se hace". Salió de la tienda con su bolsa de alimentos y le pregunté al señor que lo atendió "Es eso lo que van a comer". "Mire Monseñor, aquí hay familias como la del niño que con una tortilla de maíz o con un pedazo de pan con queso y café desayunan. En la casa de ese chiquillo son cinco ahora y ése es el queso de la mañana para ellos". Una rodaja de queso amarillo".
Esta historia del padre Emiliani sucedió en un pequeño pueblo de la provincia de Darién, pero estoy seguro que la misma historia es una realidad que se repite a diario en la mayoría de las poblaciones marginadas a lo largo y ancho de nuestra República, lo que me lleva a pensar el por qué nuestro gobierno no busca la manera de llegar a esas poblaciones con programas de ayuda alimenticia, como lo hacía en tiempos atrás la organización internacional CARE, con programas de ayuda a las poblaciones o regiones marginadas del país; operativos éstos que si no resolvían en su totalidad, la situación de desnutrición en esas familias favorecidas, por lo menos les mitigaban la falta de alimentos básicos. Recuerdo que la CARE distribuía latas de leche en polvo y de queso amarillo; estas latas eran del tamaño de la leche KLIM grande.
Pienso que el gobierno podría interesarse en promover la ayuda a estos sectores marginados a través de instituciones gubernamentales y de la empresa privada para que en conjunto desarrollen un programa de asistencia nutricional, a beneficio de estos humildes panameños. Estas instituciones podrían hacer esto realidad: el Departamento de Estadísticas y Censo de la Contraloría, el Ministerio de Comercio y el FIS.
Sería un gran trabajo social que estas entidades, en coordinación con la empresa privada, desarrollaran para que a cada comunidad marginada les llegue periódicamente una porción de leche en polvo y otra de queso amarillo enlatados, y se llegara a institucionalizar una organización a nivel nacional que se preocupe por llegar a estas áreas.
Creo que no tendríamos por qué asustarnos con un proyecto de esta naturaleza porque, en ocasiones, los periódicos anuncian que los productores de leche se quejan porque no tienen quién les compre su sobre producción de leche, la cual bien podría comprar el gobierno a un precio justo a los productores, para que con el sector privado se procese y se enlate la leche y el queso para destinarlas a combatir la desnutrición en toda la República.
Además, creo que lo que invierta el Estado en este tipo de programa lo economiza en asistencia medica, teniendo en cuenta que una buena nutrición en la infancia genera mejores ciudadanos en el futuro.