¿Por qué escribo?
¿Por qué escribo?
Todo escritor ha escuchado alguna vez una pregunta aparentemente sencilla: ¿por qué escribe? Ya se trate de publicaciones científicas, columnas de opinión o material divulgativo, las motivaciones pueden variar de una persona a otra. Sin embargo, existen razones que suelen repetirse y que explican por qué la escritura continúa siendo una de las herramientas más valiosas para comunicar ideas, preservar el conocimiento y contribuir al desarrollo de la sociedad.
· Comunicar a los demás. Escribir permite expresar ideas, experiencias, conocimientos y emociones que, en ocasiones, resultan difíciles de transmitir únicamente mediante la palabra hablada. Además, ofrece la posibilidad de llegar a muchas personas y generar reflexión, aprendizaje o incluso servir como una forma de desahogo personal.
· Documentar el conocimiento. La escritura permite registrar experiencias, procesos y resultados para que puedan ser consultados, comprendidos y, cuando corresponda, replicados. En el ámbito científico, documentar cada etapa de una investigación es indispensable para garantizar la transparencia y facilitar que otros investigadores validen o amplíen el trabajo realizado.
- Trascender en el tiempo. Conscientes de que la vida es limitada, muchas personas encuentran en la escritura una forma de dejar un legado. Aunque los autores desaparezcan físicamente, sus ideas pueden seguir inspirando y orientando a nuevas generaciones, como ocurre con innumerables obras que continúan siendo leídas y citadas décadas, e incluso siglos, después de su publicación.
- Contribuir a la enseñanza. Un libro, un artículo o una nota técnica no sustituyen la labor del docente, pero sí pueden convertirse en herramientas que faciliten el aprendizaje, despierten la curiosidad y motiven a otros a profundizar en un determinado tema.
- Mantener la humildad. Escribir también implica someter las propias ideas al análisis de otras personas. Las observaciones de revisores, editores y lectores permiten identificar oportunidades de mejora y recordar que siempre hay algo nuevo por aprender. Este proceso fortalece la capacidad de aceptar la crítica constructiva sin perder la confianza en el propio trabajo.
Seguramente existen muchas otras razones para escribir, pues cada autor encuentra su propia voz y motivación. En el caso del autor de este espacio de opinión, escribir representa una oportunidad permanente para aprender, compartir conocimientos y dejar un aporte que pueda ser útil para otras personas. Si alguno de estos escritos logra despertar una inquietud, responder una pregunta o inspirar a alguien a seguir aprendiendo, entonces el esfuerzo habrá valido plenamente la pena.
Una de las motivaciones que fortaleció este compromiso fue haber superado la COVID-19. Esa experiencia permitió comprender, con mayor claridad, el valor de la vida, la familia, los amigos y los compañeros de trabajo, cuyo apoyo y solidaridad fueron fundamentales. También reafirmó la convicción de que quienes poseen conocimientos, experiencia o talentos tienen el deber de ponerlos al servicio de la sociedad y contribuir a la construcción de un mejor futuro, más sostenible y resiliente.
Como padre de familia, además, existe el compromiso de enseñar con el ejemplo a las nuevas generaciones, para que comprendan el privilegio de estar vivos y la satisfacción de hacer algo en beneficio de los demás. Esa es, en esencia, la razón por la que escribo.
El autor dedica esta columna de opinión a su tía, Carmen Collantes-Sora, por todo el apoyo y cariño brindados durante su formación humana. ¡Feliz cumpleaños, tía!