Precio del petróleo
Hace dos años el barril de petróleo crudo estaba en diez dólares; hoy sobrepasa los $30 y, a pesar de las seguridades de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEC, por sus siglas en inglés), no pareciera que el precio bajará a corto plazo. Aunque no hay país que escape de las consecuencias del encarecimiento del crudo, los más afectados serán los países del tercer mundo.
Durante las últimas tres crisis petroleras, una a principios, otra a finales de los 70, y la tercera en 1990, el precio del barril también se triplicó. Cada una de ellas llevaron al mundo a un período inflacionario y luego a períodos de recesión.
La situación de la economía mundial actual es fundamentalmente diferente a la existente durante cada una de las crisis anteriores. Durante los últimos diez años, la economía mundial ha crecido a tasas sin precedente. La inflación está bajo control como nunca lo ha estado durante los últimos 30 años. Los mercados financieros parecen pensar que el este combustible crudo, en la era de la informática no es tan determinante.
Sin embargo, también hay problemas. Las reservas mundiales de combustibles están bajas, las refinerías están operando a su máxima capacidad y se aproxima la época de invierno en el hemisferio Norte. En esas circunstancias, aún en el caso en que Clinton convenza a amigos como el príncipe de Arabia Saudita de aumentar su producción, los precios del crudo no deben bajar a corto plazo. Mientras tanto, los productores recibirán beneficios sin precedente a costas del resto del mundo.
Aunque no pareciera, habida cuenta de las manifestaciones europeas desencadenadas por los camioneros franceses, en los países desarrollados, la dependencia en el "oro negro" se ha reducido durante las últimas décadas. Más conservación, uso de otras fuentes de energía y transformación de industrias a empresas de servicios, han contribuido a que el producto interno bruto en dichos países no dependa tanto en el petróleo. En esas naciones, el aumento de su precio causará inconvenientes y encarecerá la vida para sus habitantes, pero no tendrá el efecto distorsionador causado por las últimas crisis.
Sin embargo, los países en vías de desarrollo y subdesarrollados, que se han desbocado durante las últimas décadas a industrializar sus economías, han incrementado su dependencia en la principal fuente de combustible. En ellos, el aumento en el precio del crudo causará serios traumas económicos y políticos.
Durante las últimas tres crisis petroleras, una a principios, otra a finales de los 70, y la tercera en 1990, el precio del barril también se triplicó. Cada una de ellas llevaron al mundo a un período inflacionario y luego a períodos de recesión.
La situación de la economía mundial actual es fundamentalmente diferente a la existente durante cada una de las crisis anteriores. Durante los últimos diez años, la economía mundial ha crecido a tasas sin precedente. La inflación está bajo control como nunca lo ha estado durante los últimos 30 años. Los mercados financieros parecen pensar que el este combustible crudo, en la era de la informática no es tan determinante.
Sin embargo, también hay problemas. Las reservas mundiales de combustibles están bajas, las refinerías están operando a su máxima capacidad y se aproxima la época de invierno en el hemisferio Norte. En esas circunstancias, aún en el caso en que Clinton convenza a amigos como el príncipe de Arabia Saudita de aumentar su producción, los precios del crudo no deben bajar a corto plazo. Mientras tanto, los productores recibirán beneficios sin precedente a costas del resto del mundo.
Aunque no pareciera, habida cuenta de las manifestaciones europeas desencadenadas por los camioneros franceses, en los países desarrollados, la dependencia en el "oro negro" se ha reducido durante las últimas décadas. Más conservación, uso de otras fuentes de energía y transformación de industrias a empresas de servicios, han contribuido a que el producto interno bruto en dichos países no dependa tanto en el petróleo. En esas naciones, el aumento de su precio causará inconvenientes y encarecerá la vida para sus habitantes, pero no tendrá el efecto distorsionador causado por las últimas crisis.
Sin embargo, los países en vías de desarrollo y subdesarrollados, que se han desbocado durante las últimas décadas a industrializar sus economías, han incrementado su dependencia en la principal fuente de combustible. En ellos, el aumento en el precio del crudo causará serios traumas económicos y políticos.