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"Primero fusílenlo, después averigüen"


La picaresca popular mexicana está llena de frases semejantes. Quizás no todas sean tan sangrientas y aterradoras como la que inicia este artículo, pero es muy común en nuestro medio considerar que los procedimientos son secundarios frente a los resultados. "Primero el capital, luego las reglas" no es una frase esencialmente diferente a la que se le atribuye a un arbitrario "generalote de la Revolución". ¡Qué diferentes personajes! Un bien educado secretario de Hacienda a fines del siglo XX y un rudo hombre de armas de los inicios de esta centuria, y en el fondo, ambos comparten los mismos prejuicios y la misma estructura mental.
Un olímpico desprecio por los procedimientos y las reglas. Un "pragmatismo salvaje" del que ningún filósofo aceptaría la paternidad y que sin embargo, es comúnmente aceptado por muchos individuos en nuestras sociedades.
Creer que "el fin justifica los medios" podría ser la razón última de esta peligrosa actitud social. Una creencia equivocada que tiene graves implicaciones. Algunos analistas han señalado la notable diferencia entre el origen de la legitimidad política en las sociedades latinoamericanas y en las sociedades del mundo desarrollado de Occidente. En nuestro caso, la legitimidad parece surgir de la capacidad de lograr buenos resultados de gobierno. El mismo libertador, Simón Bolívar, así lo proclamó. No importa realmente la forma en que un individuo o un grupo llegue al gobierno. Lo mismo son unas elecciones limpias y equitativas que un golpe de Estado. Los gobiernos en nuestra región se legitiman por sus resultados. Al final es mejor un Pinochet que un Madero. Para otras sociedades, Estados Unidos, Francia, Inglaterra y España por ejemplo, la legitimidad política proviene de los orígenes, del procedimiento formal por el que se accede a las posiciones de gobierno. La capacidad de gobernar también importa, pero no es el factor que legitima en primera instancia a un gobierno.
Si los resultados son la "prueba de fuego" en nuestra cultura y despreciamos las reglas y los procedimientos, es obvio, por ejemplo, que México no será democrático hasta que el partido en el poder lo pierda. La alternancia por la sola alternancia es una creencia perversa. Si los resultados son los que cuentan, es obvio que no habrá "justicia" en este país hasta que los jueces decidan "siempre" en nuestro favor. Esto último es claramente imposible. Los jueces siempre tienen que decidir a favor de una de las partes en conflicto y en contra de la otra. Esa es su función.
En estas ambiguas circunstancias -la vida siempre es ambigua- lo único en que podemos basarnos es en los procedimientos que se siguen. En la mismísima ciencia, el paradigma de esta época, la "verdad" está en los procedimientos, en los detalles. La esencia del "estado de derecho" son los procedimientos previamente aceptados. No es la simple aplicación de las leyes. Esta es una idea que nuestros gobiernos no quieren entender.
Prefieren mañosamente identificar el "estado de derecho" con el "derecho del estado". Una confusión perversa e interesada. Una confusión que les da un cheque en blanco para apropiarse de los bienes y derechos de sus súbditos.
Los ciudadanos entendemos bien esta diferencia. Sabemos que los problemas siempre van a existir. La vida está llena de problemas. Hay problemas grandes y problemas chicos. Estos no nos asustan. Lo que es verdaderamente inaceptable es que no haya mecanismos para solucionarlos. Esto es lo que puede ser aterrador. La ausencia de instituciones que permiten resolver los conflictos de manera civilizada. Lo aterrador es el "estado de naturaleza". La guerra de todos contra todos.
La primera etapa para lograr la paz es darle todo el poder a un individuo. Someterse a la voluntad soberana del monarca. Inglaterra antes de la Carta Magna. Nuestras sociedades hoy. La segunda etapa es darle el poder, la soberanía, a las leyes. El constitucionalismo norteamericano y europeo de los siglos XVIII y XIX. La etapa final de la libertad y de la paz social consiste en aceptar meticulosamente los procedimientos previamente aceptados como garantía de los derechos individuales. El "estado de derecho" en sentido estricto. El "generalote" y el culto secretario, sin duda, todavía no son capaces de comprender esta etapa superior de la civilización. Primero averigüe señor General y después fusílelo. Primero haga las reglas señor Secretario y luego vendrán los capitales.

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