Prioridad educativa
Casi una cuarta parte de la población de América Latina entre cinco y 18 años no va a la escuela, y casi la cuarta parte de los adultos son analfabetos.
En la prueba PISA, el país latinoamericano que mejor situado ha quedado es Uruguay, con el puesto número 42 en matemáticas y lectura y el 43 en ciencias.
De acuerdo con las pruebas LLECE, República Dominica es el segundo país de América latina con peor puntuación en legua castellana y el tercero peor en matemáticas.
Esos datos nos dicen que en nuestro continente americano la educación tiene que ser una prioridad. Por supuesto, de los gobiernos, porque es una prioridad de la sociedad.
Todos y todas tenemos derecho a la educación y a vivir en un país educado, porque la educación es un derecho y una condición para un desarrollo humano y sustentable.
Pero la situación es tan grave y tan importante (está en juego nuestro futuro, la vida de millones de personas), que no podemos dejársela a ninguna institución. Ni los gobiernos, principales responsables de garantizar este derecho a toda la ciudadanía, son capaces de enfrentarla solos. Es un problema que nos atañe a todos, es responsabilidad de la sociedad.
La sociedad civil, el sector privado, los ciudadanos y ciudadanas, nos jugamos demasiado en esta apuesta como para permanecer al margen.
Hoy, más que nunca, tenemos que vigilar, exigir, proponer, colaborar para que la educación se convierta en motor de cambio de nuestras sociedades y oportunidad para todos y todas.
En este continente más desigual, la equidad del futuro se juega en las aulas. Toda la sociedad es la interesada. Toda ella es responsable. Tenemos que caminar hacia un esfuerzo conjunto por una educación de calidad para todos y todas.
Tenemos que comenzar por un diálogo que nos lleve a consensuar los temas prioritarios, y con ellos, construir un plan de trabajo que nos involucre a todos los sectores de la nación.
Desde los pactos nacionales caminar a la construcción de un pacto continental. Y en un mundo globalizado, proponer a los que nos invitan a firmar acuerdos globales de libre comercio, a firmar también acuerdos globales de educación para todos y todas. Que se involucren en el canje de deuda por educación y en el financiamiento de una educación pública de calidad.
Pero también para nosotros esto supone una invitación a salir de nuestro propio interés para comprometernos con el bien común, porque la solidaridad se construye también desde abajo, desde la relación sur-sur, desde las redes populares, desde la colaboración en la base.
Que en este mundo competitivo y plural, marcado aún por la guerra y la división, podamos comenzar a construir la unidad desde el esfuerzo conjunto por la educación.