Privilegiados privilegios
" Existe un club de exonerados que le cuesta más de 70 millones por año al Estado. Sus privilegios y beneficios resultan ofensivos para el resto de la sociedad", nos dice El Panamá América, el pasado 9 de marzo, en un interesante reportaje titulado: "Los reyes de Panamá". Nos reseña también sobre " Los que tienen corona", "El Club de los exonerados" y "La Asamblea: reina de los privilegios", trabajo que pone de manifiesto el horror del error de quienes monopolizan los factores reales de poder. Los privilegios que ostentan los rectores de los distintos Órganos del Estado son sólo un eslabón de una cadena de abusos que se perpetran a diestra y siniestra, mientras cada vez más amplios sectores de la población no salen del desempleo y se adentran más en la creciente pobreza. Ejecutivo, Judicial, Legislativo. Tribunal Electoral, miembros del PARLACEN, se alían para insultar e injuriar con absoluta impunidad.
El diccionario define "privilegio" como "la gracia o prerrogativa concedida a una persona o colectividad, libertándole de una carga o gravamen, concediéndole una exención". Las principales rebeliones y revoluciones que conocieron las sociedades modernas, tuvieron como origen la lucha contra los privilegios. La Declaración de Independencia de Estados Unidos y la Declaración de los Derechos del Hombre de Francia exponen que todos los hombres son creados iguales; que todos tienen derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad; que el fin supremo del gobierno es asegurar estos derechos; y que si algún gobierno no lo hace, "los ciudadanos tienen el derecho e incluso el deber de deponerlo y construir otro nuevo y mejor".
La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 es, sin duda, el documento que mejor recoge los ideales que deben inspirar a las sociedades y sus relaciones entre gobernantes y gobernados. En Panamá, privilegios y privilegiados alcanzaron, durante las dos décadas de dictadura, manifestaciones de grado escandaloso que colmaron y rebasaron la copa de la tolerancia ciudadana. Si algo deseaba el conglomerado social en sus acciones contra la tiranía, además de ponerle fin al sistema impuesto por la fuerza, era la desaparición de toda una gama de privilegios institucionalizados y obtenidos, no sobre la base del mérito o al trabajo sino simplemente a las graciosas concesiones producto de sus "relaciones" con los usurpadores del poder.
En este país, en materia presupuestaria, la escala salarial es idéntica para los ministros, legisladores, magistrados de la Corte Suprema de Justicia, Tribunal Electoral, procuradores de la Nación y de la Administración, contralor general, directores y gerentes generales de entidades autónomas y rectores de las universidades. Quien aprueba el Presupuesto, de acuerdo a los artículos 153 y 264 de la Constitución, es la Asamblea Legislativa. Los miembros de la Asamblea, principales y suplentes, gozan de prerrogativas especiales: franquicia postal, telegráfica y telefónica dentro del territorio nacional. Tienen importación libre de derecho de introducción y demás gravámenes de un vehículo cada dos años, para su uso personal y de sus familiares dependientes; pasaportes diplomáticos para los legisladores y sus familiares dependientes, así como para cada suplente y su cónyuge.
Si tomamos en cuenta que, además, disfrutan al igual que sus suplentes de placa gratis y otra serie de privilegios y que, de acuerdo a información oficial de la Contraloría, los emolumentos mensuales que reciben los legisladores ascienden a once mil balboas, desglosados así: salario: B/. 1,800.00; gastos de representación: B/. 3,200.00; gasolina: B/. 1,000; sobresueldo y dieta hasta un máximo de B/.1000; nombramiento de personal de apoyo: B/4,000. Todo sin tomar en cuenta la norma que permite a los suplentes de legisladores recibir, trabajen o no, un sueldo mínimo de B/.2500 mensuales.
Los problemas más urgentes del país continúan sin ser solucionados y la nación es llevada hacia el desastre, en gran medida por quienes están mucho más interesados en llenarse de privilegios que en contribuir a producir los cambios que la sociedad requiere. Aumenta entonces la necesidad de que los ciudadanos ejerzamos nuestros derechos y exijamos una utilización y manejo claro de la cosa pública. Después de todo partimos de la base que los servidores públicos (presidente, vicepresidentes, ministros, legisladores, magistrados, etc.) deben servir a la nación y no servirse de ella. Urge un cambio, una verdadera modernización del Estado si queremos evitarnos situaciones de mayor violencia y divorcio entre la sociedad y la organización estatal. Dicha modernización definitivamente que no pasa por el camino del aumento de los privilegios ni mucho menos por el agigantamiento de la brecha existente entre ricos y pobres.
Un masivo rechazo al régimen de privilegios y la exigencia de la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, es el recurso que nos queda a los ciudadanos para combatir el actual estado de cosas. Recordemos la última carta pública de Thomas Jefferson, escrita en 1826, con motivo del 50 aniversario de la Declaración de Independencia, que él mismo había redactado: "Ojalá le pase al mundo lo que yo creo que le pasará...la señal de hombres que se levantan para destruir las cadenas a las que la ignorancia suma y la superstición les habían inducido a atarse, y que asumen las bendiciones y la seguridad del autogobierno... Todos los ojos están abiertos o abriéndose a los derechos del hombre. La difusión general de la ciencia ha dejado ya sólidamente establecida para todos, la verdad palpable: que la masa de la humanidad no ha nacido con sillas de montar a sus espaldas y con unos cuantos privilegiados con botas y espuelas preparados para montarse encima de ella por la gracia de Dios."
El diccionario define "privilegio" como "la gracia o prerrogativa concedida a una persona o colectividad, libertándole de una carga o gravamen, concediéndole una exención". Las principales rebeliones y revoluciones que conocieron las sociedades modernas, tuvieron como origen la lucha contra los privilegios. La Declaración de Independencia de Estados Unidos y la Declaración de los Derechos del Hombre de Francia exponen que todos los hombres son creados iguales; que todos tienen derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad; que el fin supremo del gobierno es asegurar estos derechos; y que si algún gobierno no lo hace, "los ciudadanos tienen el derecho e incluso el deber de deponerlo y construir otro nuevo y mejor".
La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 es, sin duda, el documento que mejor recoge los ideales que deben inspirar a las sociedades y sus relaciones entre gobernantes y gobernados. En Panamá, privilegios y privilegiados alcanzaron, durante las dos décadas de dictadura, manifestaciones de grado escandaloso que colmaron y rebasaron la copa de la tolerancia ciudadana. Si algo deseaba el conglomerado social en sus acciones contra la tiranía, además de ponerle fin al sistema impuesto por la fuerza, era la desaparición de toda una gama de privilegios institucionalizados y obtenidos, no sobre la base del mérito o al trabajo sino simplemente a las graciosas concesiones producto de sus "relaciones" con los usurpadores del poder.
En este país, en materia presupuestaria, la escala salarial es idéntica para los ministros, legisladores, magistrados de la Corte Suprema de Justicia, Tribunal Electoral, procuradores de la Nación y de la Administración, contralor general, directores y gerentes generales de entidades autónomas y rectores de las universidades. Quien aprueba el Presupuesto, de acuerdo a los artículos 153 y 264 de la Constitución, es la Asamblea Legislativa. Los miembros de la Asamblea, principales y suplentes, gozan de prerrogativas especiales: franquicia postal, telegráfica y telefónica dentro del territorio nacional. Tienen importación libre de derecho de introducción y demás gravámenes de un vehículo cada dos años, para su uso personal y de sus familiares dependientes; pasaportes diplomáticos para los legisladores y sus familiares dependientes, así como para cada suplente y su cónyuge.
Si tomamos en cuenta que, además, disfrutan al igual que sus suplentes de placa gratis y otra serie de privilegios y que, de acuerdo a información oficial de la Contraloría, los emolumentos mensuales que reciben los legisladores ascienden a once mil balboas, desglosados así: salario: B/. 1,800.00; gastos de representación: B/. 3,200.00; gasolina: B/. 1,000; sobresueldo y dieta hasta un máximo de B/.1000; nombramiento de personal de apoyo: B/4,000. Todo sin tomar en cuenta la norma que permite a los suplentes de legisladores recibir, trabajen o no, un sueldo mínimo de B/.2500 mensuales.
Los problemas más urgentes del país continúan sin ser solucionados y la nación es llevada hacia el desastre, en gran medida por quienes están mucho más interesados en llenarse de privilegios que en contribuir a producir los cambios que la sociedad requiere. Aumenta entonces la necesidad de que los ciudadanos ejerzamos nuestros derechos y exijamos una utilización y manejo claro de la cosa pública. Después de todo partimos de la base que los servidores públicos (presidente, vicepresidentes, ministros, legisladores, magistrados, etc.) deben servir a la nación y no servirse de ella. Urge un cambio, una verdadera modernización del Estado si queremos evitarnos situaciones de mayor violencia y divorcio entre la sociedad y la organización estatal. Dicha modernización definitivamente que no pasa por el camino del aumento de los privilegios ni mucho menos por el agigantamiento de la brecha existente entre ricos y pobres.
Un masivo rechazo al régimen de privilegios y la exigencia de la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, es el recurso que nos queda a los ciudadanos para combatir el actual estado de cosas. Recordemos la última carta pública de Thomas Jefferson, escrita en 1826, con motivo del 50 aniversario de la Declaración de Independencia, que él mismo había redactado: "Ojalá le pase al mundo lo que yo creo que le pasará...la señal de hombres que se levantan para destruir las cadenas a las que la ignorancia suma y la superstición les habían inducido a atarse, y que asumen las bendiciones y la seguridad del autogobierno... Todos los ojos están abiertos o abriéndose a los derechos del hombre. La difusión general de la ciencia ha dejado ya sólidamente establecida para todos, la verdad palpable: que la masa de la humanidad no ha nacido con sillas de montar a sus espaldas y con unos cuantos privilegiados con botas y espuelas preparados para montarse encima de ella por la gracia de Dios."