Problema carcelario en Panamá
EL NÚMERO de personas detenidas en nuestras cárceles sumaba a las 9:45 a.m. de anteayer, 11.517. Tener y mantener en ellas semejante cantidad, constituye un serio problema dado el hacinamiento existente. De ello derivan serias consecuencias, tales como un desesperante sofoco que altera los nervios y provoca reyertas entre los presos que dirimen a mano armada sus diferencias dejando como saldo heridos y hasta muertos, así como el contagio de enfermedades.
Se suma a aquello el altísimo costo que debe de representar para el Estado el mantenimiento, a diario, de toda esa gente.
El problema, pues, es delicado tanto social como económicamente. Y va acentuándose ya que por la prensa local nos damos cuenta a diario del número de personas que son retenidas por delitos y, en especial, tráfico de drogas y armas, falsificadores de monedas, violadores, hurtos, robos, etc. Quizás más son los que entran a diario que los que salen de nuestras cárceles. En consecuencia, urge hallarse salida a la presente situación, aunque sea en parte. Los expertos en la materia podrían lograrlo.
Un paso acertado seria el establecimiento de granjas agrícolas. Eso ayudaría durante buena parte del tiempo, si los presos trabajaran en ellas, a disminuir el hacinamiento y seria saludable para la salud de los detenidos que saldrían a respirar aire puro durante varias horas del día, amen de que conviene que contribuyan a producir parte de sus propios alimentos.
Un estímulo para ellos seria el de reconocerles dos días por cada uno de los que trabajaran, computables al período de sus respectivas condenas.
Somos conscientes de que es tanto lo que hay por hacer que el gobierno no podrá resolverlo al unísono y quizás no tendrá tiempo ni recursos suficientes para ello. Suponemos que ya habrá considerado las cosas más importantes que sea preciso atender. Lo principal es el salvamento, por así decirlo, de la Caja de Seguro Social. Hay que evitar que sucumba pero se hace indispensable que entre las prioridades debe figurar la construcción de cárceles.
Se suma a aquello el altísimo costo que debe de representar para el Estado el mantenimiento, a diario, de toda esa gente.
El problema, pues, es delicado tanto social como económicamente. Y va acentuándose ya que por la prensa local nos damos cuenta a diario del número de personas que son retenidas por delitos y, en especial, tráfico de drogas y armas, falsificadores de monedas, violadores, hurtos, robos, etc. Quizás más son los que entran a diario que los que salen de nuestras cárceles. En consecuencia, urge hallarse salida a la presente situación, aunque sea en parte. Los expertos en la materia podrían lograrlo.
Un paso acertado seria el establecimiento de granjas agrícolas. Eso ayudaría durante buena parte del tiempo, si los presos trabajaran en ellas, a disminuir el hacinamiento y seria saludable para la salud de los detenidos que saldrían a respirar aire puro durante varias horas del día, amen de que conviene que contribuyan a producir parte de sus propios alimentos.
Un estímulo para ellos seria el de reconocerles dos días por cada uno de los que trabajaran, computables al período de sus respectivas condenas.
Somos conscientes de que es tanto lo que hay por hacer que el gobierno no podrá resolverlo al unísono y quizás no tendrá tiempo ni recursos suficientes para ello. Suponemos que ya habrá considerado las cosas más importantes que sea preciso atender. Lo principal es el salvamento, por así decirlo, de la Caja de Seguro Social. Hay que evitar que sucumba pero se hace indispensable que entre las prioridades debe figurar la construcción de cárceles.