Próximo embajador, buena señal
Buenas señales se perciben con respecto al próximo embajador de Estados Unidos en Panamá, William Alan Eaton, a juzgar por las declaraciones que hizo hace pocos días ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, entre las que se destacan los esfuerzos que realiza nuestro país en la lucha contra el narcotráfico y el lavado de dinero, además de su "manejo ejemplar del Canal". De ambos temas, nos interesa resaltar lo último, precisamente porque estamos en el umbral de tomar una decisión para ampliarlo o no de modo que permita el paso de los buques Post-Panamax que no caben por el Canal y que son la nueva tendencia de la industria marítima.
Otras de las declaraciones del futuro embajador apuntan a que la nuestra es una "democracia robusta" que espera fortalecer aun más, apoyando la "función fiscalizadora de la prensa, los grupos cívicos y organismos no gubernamentales". Podemos, acaso, discrepar en cierto sentido sobre la solidez de nuestra democracia que tiene mucho que madurar. Debemos, entre otras cosas, aspirar a que la misma sea más participativa, de modo que - en ese proceso - elevemos la calidad de nuestros políticos. Pero, en cambio, le asiste plena razón cuando se refiere al papel fiscalizador de los medios, los grupos cívicos y las ONG; cuya beligerancia tanto suelen resentir quienes gobiernan. Un paso positivo en ese sentido sería la aprobación del proyecto de ley que deroga las normas de desacato que permitía a altos funcionarios enviar a la cárcel, sin juicio previo, a comunicadores y otros ciudadanos por el mero hecho de sentirse ofendidos. No obstante, aun gravitan negativamente sobre el pleno y libre ejercicio de la libertad de prensa, las normas que penalizan la calumnia e injuria, que son instrumentos de intimidación y represalia cuando son esgrimidos por altos funcionarios y figuras públicas.
Otras de las declaraciones del futuro embajador apuntan a que la nuestra es una "democracia robusta" que espera fortalecer aun más, apoyando la "función fiscalizadora de la prensa, los grupos cívicos y organismos no gubernamentales". Podemos, acaso, discrepar en cierto sentido sobre la solidez de nuestra democracia que tiene mucho que madurar. Debemos, entre otras cosas, aspirar a que la misma sea más participativa, de modo que - en ese proceso - elevemos la calidad de nuestros políticos. Pero, en cambio, le asiste plena razón cuando se refiere al papel fiscalizador de los medios, los grupos cívicos y las ONG; cuya beligerancia tanto suelen resentir quienes gobiernan. Un paso positivo en ese sentido sería la aprobación del proyecto de ley que deroga las normas de desacato que permitía a altos funcionarios enviar a la cárcel, sin juicio previo, a comunicadores y otros ciudadanos por el mero hecho de sentirse ofendidos. No obstante, aun gravitan negativamente sobre el pleno y libre ejercicio de la libertad de prensa, las normas que penalizan la calumnia e injuria, que son instrumentos de intimidación y represalia cuando son esgrimidos por altos funcionarios y figuras públicas.