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Punto de vista


La calidad de nuestros políticos e incluso, de algunos que se erigen como voceros, interesados (léase pagados) de la sociedad civil; o, simplemente, algunos que se activan detrás de una cámara o micrófono, en buena parte de las ocasiones que se pronuncian sobre distintos temas de interés para la ciudadanía, enrostran un discurso, por decir lo menos, vergonzoso.

Así vemos cómo en nuestro devenir diario se hacen cuestionamientos de todo tipo y contra todos, sin mayores ánimos constructivos y sin que siquiera estas autoridades e interlocutores se ilustren como sucedería en cualquier otra sociedad donde la responsabilidad de quien se expresa públicamente sea una exigencia de respeto.

Pobre Panamá, y lo digo con pesar, con la esperanza de que las nuevas generaciones no imiten estos patrones de inconducta ciudadana, y que por encima de lo que sea necesario, apostemos a una fuerte mejora de la educación, rezagando al juega vivo, reforzando los valores familiares y retomando el civismo del que ya no queda nada.

Hoy, cualquiera que por mero clientelismo acceda a un puesto público, generalmente de elección popular, y para mayor desgracia en nuestra Honorable Asamblea Nacional de diputados, se permite el tupé de hablar con total desparpajo de cualquier tema, sin ningún pudor y vergüenza, como quien se toma un vaso de agua y seguir su vida con un deshonroso ropaje de honorabilidad después de enrostrarle a la ciudadanía que engañosamente lo eligió, además de sus privilegios, su preclara y completa ignorancia.

Los medios de comunicación juegan un papel al que algunos, desafortunadamente, han renunciado, precisamente, no sólo en la búsqueda de la verdad, sino en ese afán de guiar y orientar a la ciudadanía, en un actuar de madurez y criticidad responsable. Esto quizá encuentre explicación en la falta de maestría y profesionalismo del propio gremio, y en esa incesante lucha por los “ratings” comerciales e incluso, hasta en disfrazados deslices éticos.

La tarea que le queda a la sociedad es enorme y el papel del Estado es fundamental; sin embargo, la clave es la definición de una política de país a largo plazo, sin politiquería, una visión de Estado que nos comprometa a todos a repensar ese país, que quizá todavía no nos merecemos, pero al que, sin duda, todos aspiramos. Una buena apuesta a ello es comenzar apoyando los esfuerzos de la Concertación Nacional.

101 años de Panamá América

 
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