¿Qué economía es necesaria para fortalecer la democracia?
El reciente informe La Democracia en América Latina del PNUD constituye un documento revelador del estado de la democracia y la necesidad de pasar de su versión de democracia electoral a la democracia de los/las ciudadanos/as. Plantea como principal desafío el déficit de ciudadanía social que se ejemplifica en el hecho de que somos el continente con más desigualdad en el mundo (Y Panamá, uno de los países más desiguales), y que para muchos ciudadanos la democracia no tiene respuestas para lograr la equidad y calidad de vida para la población.
Existe un desequilibrio en la relación entre política y mercado, y la presencia de un orden internacional que limita la capacidad de los Estados para actuar con razonable autonomía,
Hasta ahora la democracia ha sido subordinada a los objetivos de crecimiento económico. "Es preciso invertir los términos y preguntarnos qué economía es necesaria para fortalecer la democracia". Pero, ¿qué le sucedió a a la región latinoamericana después de 20 años de aplicar las reformas estructurales en su economía? La percepción de muchas personas es que "las políticas seguidas produjeron insuficiente crecimiento aceptable, pobreza y desigualdad crecientes y desmejoramiento de la situación laboral (con su consiguiente impacto sobre la desigualdad y los ingresos futuros previsionales)".
El informe da cuenta que:
1. El índice de reforma económica señala un avance sostenido de esas reformas; medido entre 0 y 1, pasa de 0.58 en los años 80 a 0.83 como promedio entre 1998 y 2003. Este índice se conforma de cinco subíndices: "políticas de comercio internacional", "políticas impositivas", "políticas financieras", "privatizaciones" y "cuentas de capitales", todos relacionados con el luego llamado Consenso de Washington.
2. El promedio regional del PIB per cápita no varió significativamente en los últimos 20 años. En 1980, mientras el índice de reforma económica era de 0.55; el PIB per cápita era U$S 3,739 a valores constantes de 1995. Veinte años más tarde, en el 2000, habiéndose avanzado considerablemente en la aplicación de las reformas, el índice era de 0.83 y el PIB per cápita, de U$S 3,952, un avance casi irrelevante.
3. Los niveles de pobreza experimentaron una leve disminución en términos relativos. En 1990, el porcentaje de pobres ponderado por tamaño de población representaba para los 18 países el 46%; entre 1998 y 2001, ese porcentaje había descendido al 41.8. Este avance se produjo fundamentalmente por las mejorías relativas de Brasil, Chile y México. Pero, en términos absolutos, el número de habitantes que se situaba por debajo de la línea de pobreza aumentó. En el año 1990, 190 millones de latinoamericanos eran pobres. En el 2001, cuando la población era de 496 millones de habitantes, la cantidad de pobres ascendía a 209 millones. Podría añadirse que, incluso en términos relativos, la pobreza incrementó durante ese período en el Cono Sur (de 25.6 a 29.4 %), en los países andinos (de 52.3 a 53.3%) y en Centroamérica (de 45,2 a 51,2 %).
4. No se redujeron los niveles de desigualdad. En el año 1990, el coeficiente de Gini (promedio regional ponderado por población) era de 0.554. En 1999 este coeficiente subió a 0.580. El promedio mundial para los años 90 fue de 0.381 y el de los países desarrollados 0.337. La alta desigualdad también se expresa en la relación entre niveles superiores e inferiores de ingreso. En el año 1990, el 10% de la población latinoamericana de ingresos más elevados tenía 25.4 veces el ingreso del 10% de la población de menores ingresos. En 1999, esa relación era de 27,48 veces. En 1997, el 20% de la población de la región de más altos ingresos recibió casi 55% del ingreso total y el 20% del sector de menores ingresos, sólo el 4.8 %. La región posee los niveles de desigualdad más altos del mundo en la distribución del ingreso.
5. Durante los últimos 15 años, la situación laboral ha desmejorado en casi toda la región. El desempleo y la informalidad aumentaron significativamente. Además, cayó la protección social (salud, pensiones y sindicalización) de los trabajadores. Esto se vincula a un desmejoramiento de la distribución del ingreso y a un aumento de la pobreza actual, configurando un cuadro cuyos efectos tendrán consecuencias muy negativas en el mediano y largo plazo.
En Panamá, en América Latina, ¿seguiremos por el mismo camino? ¿No está claro que, según refleja este informe, ese No es el camino? ¿Qué es necesario cambiar? Se trata de construir desarrollo integral en lugar de sólo crecimiento económico. Es importante redefinir un Estado eficaz, eficiente, ético, legítimo que pueda reorientar a un país sin dejarlo abandonado al vaivén de la voracidad del mercado unívoco. En esa reorientación, la sociedad civil, la ciudadanía es pieza clave del cambio.
Existe un desequilibrio en la relación entre política y mercado, y la presencia de un orden internacional que limita la capacidad de los Estados para actuar con razonable autonomía,
Hasta ahora la democracia ha sido subordinada a los objetivos de crecimiento económico. "Es preciso invertir los términos y preguntarnos qué economía es necesaria para fortalecer la democracia". Pero, ¿qué le sucedió a a la región latinoamericana después de 20 años de aplicar las reformas estructurales en su economía? La percepción de muchas personas es que "las políticas seguidas produjeron insuficiente crecimiento aceptable, pobreza y desigualdad crecientes y desmejoramiento de la situación laboral (con su consiguiente impacto sobre la desigualdad y los ingresos futuros previsionales)".
El informe da cuenta que:
1. El índice de reforma económica señala un avance sostenido de esas reformas; medido entre 0 y 1, pasa de 0.58 en los años 80 a 0.83 como promedio entre 1998 y 2003. Este índice se conforma de cinco subíndices: "políticas de comercio internacional", "políticas impositivas", "políticas financieras", "privatizaciones" y "cuentas de capitales", todos relacionados con el luego llamado Consenso de Washington.
2. El promedio regional del PIB per cápita no varió significativamente en los últimos 20 años. En 1980, mientras el índice de reforma económica era de 0.55; el PIB per cápita era U$S 3,739 a valores constantes de 1995. Veinte años más tarde, en el 2000, habiéndose avanzado considerablemente en la aplicación de las reformas, el índice era de 0.83 y el PIB per cápita, de U$S 3,952, un avance casi irrelevante.
3. Los niveles de pobreza experimentaron una leve disminución en términos relativos. En 1990, el porcentaje de pobres ponderado por tamaño de población representaba para los 18 países el 46%; entre 1998 y 2001, ese porcentaje había descendido al 41.8. Este avance se produjo fundamentalmente por las mejorías relativas de Brasil, Chile y México. Pero, en términos absolutos, el número de habitantes que se situaba por debajo de la línea de pobreza aumentó. En el año 1990, 190 millones de latinoamericanos eran pobres. En el 2001, cuando la población era de 496 millones de habitantes, la cantidad de pobres ascendía a 209 millones. Podría añadirse que, incluso en términos relativos, la pobreza incrementó durante ese período en el Cono Sur (de 25.6 a 29.4 %), en los países andinos (de 52.3 a 53.3%) y en Centroamérica (de 45,2 a 51,2 %).
4. No se redujeron los niveles de desigualdad. En el año 1990, el coeficiente de Gini (promedio regional ponderado por población) era de 0.554. En 1999 este coeficiente subió a 0.580. El promedio mundial para los años 90 fue de 0.381 y el de los países desarrollados 0.337. La alta desigualdad también se expresa en la relación entre niveles superiores e inferiores de ingreso. En el año 1990, el 10% de la población latinoamericana de ingresos más elevados tenía 25.4 veces el ingreso del 10% de la población de menores ingresos. En 1999, esa relación era de 27,48 veces. En 1997, el 20% de la población de la región de más altos ingresos recibió casi 55% del ingreso total y el 20% del sector de menores ingresos, sólo el 4.8 %. La región posee los niveles de desigualdad más altos del mundo en la distribución del ingreso.
5. Durante los últimos 15 años, la situación laboral ha desmejorado en casi toda la región. El desempleo y la informalidad aumentaron significativamente. Además, cayó la protección social (salud, pensiones y sindicalización) de los trabajadores. Esto se vincula a un desmejoramiento de la distribución del ingreso y a un aumento de la pobreza actual, configurando un cuadro cuyos efectos tendrán consecuencias muy negativas en el mediano y largo plazo.
En Panamá, en América Latina, ¿seguiremos por el mismo camino? ¿No está claro que, según refleja este informe, ese No es el camino? ¿Qué es necesario cambiar? Se trata de construir desarrollo integral en lugar de sólo crecimiento económico. Es importante redefinir un Estado eficaz, eficiente, ético, legítimo que pueda reorientar a un país sin dejarlo abandonado al vaivén de la voracidad del mercado unívoco. En esa reorientación, la sociedad civil, la ciudadanía es pieza clave del cambio.