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¿Qué país queremos?


El año, el siglo y el milenio llegan a su fin, y lo que parecía lejano e inaccesible hoy va a ser ya una realidad: un solo territorio y una sola bandera. El 31 de diciembre a las 12 del día, Panamá será soberana y dueña de su destino. No fue fácil ni gratis, costó mucho a muchos y muchas. Por ello, el Canal y los bienes revertidos deben ser de vocación civil, social y productiva para que beneficie a todos lo sectores, a través de una propuesta de desarrollo integral y de democracia participativa. Si lo conquistado se inserta en el actual modelo de desarrollo, abonará a la exclusión social y a la profundización de la brecha. Por ello, necesitamos un proyecto nacional.
¿Qué país queremos? ¿Qué país podemos construir? ¿En qué país viviremos nosotros, hijos o nietos? No son preguntas fáciles de responder, pero es absolutamente necesario hacérselas.
Mirar hacia el futuro y visualizarlo intencionando lo que queremos construir en forma realista no es escaparse de la realidad, los problemas cotidianos no debe ahogarnos hasta el punto de limitarnos y paralizarnos, precisamente para superar los problemas de hoy debemos contar con la posibilidad transformadora que nos otorga el tener la capacidad de levantar un horizonte futuro (el allá) ligado íntimamente a la situación actual (el aquí). El aquí y el allá son interactivos, pues si uno se queda solo en el aquí peca de falta de visión estratégica, pero si uno se sitúa solamente en el allá se divorcia de las situaciones y posibilidades concretas.
Al mismo tiempo el allá debe ser producto de la relación estrecha y necesaria entre lo que queremos y lo que podemos, entre una perspectiva utópica que debe ir de la mano con la factibilidad de lo que se quiere realizar.
Por otra parte, construir una visión significa partir de la constatación de que existen muchas realidades que deben ser superadas, y que son necesarios procesos de cambios para erigir ese país que se quiere y que se puede. Siempre he afirmado que el peor enemigo de Panamá somos nosotros mismos, pues parece existir la idea de que no podemos, no servimos, por lo que tenemos que depender de otros para realizar cosas que estamos en perfecta capacidad realizar. Eduardo Galeano lo escribió así "los sueños y las pesadillas están hechas de los mismos materiales", una perspectiva, propositiva de país es el sueño que debemos elaborar a partir de nuestras pesadillas".
Hace un par de años, representantes de todos los sectores civiles y políticos de la sociedad panameña construyeron entre todos una propuesta de Visión de Panamá del futuro. Juntar a gentes con intereses, necesidades y aspiraciones para ponerse de acuerdo en la clase de país que queremos, no fue ni es una tarea fácil.
El producto fue un documento que señala a temas como la democracia, el desarrollo económico, la equidad social, la autodeterminación y la sostenibilidad ambiental como las cinco puntas de la misma estrella, como los cinco aspectos claves que articulados entre sí, dibujan la sociedad que queremos tener y construir para el futuro marcado por el año 2020. Es importante señalar que ninguna de estas puntas debe proyectarse prescindiendo de las otras, lo que mutilaría la integralidad necesaria para el pleno desenvolvimiento, porque, por ejemplo, el crecimiento económico sin equidad es excluyente para las mayorías, la autodeterminación sin democracia está huérfana de su base de sustentación, la democracia sin desarrollo económico no se sostiene por mucho tiempo, y el crecimiento económico sin sostenibilidad ambiental puede atentar contra la sobrevivencia y la calidad de vida de la gente.
La Visión Nacional 2020 afirma la posibilidad que en los 20 años venideros podamos -por ejemplo,- ser un país con capacidad de mantener y elevar la calidad de vida de la mayoría de sus habitantes, disminuyendo la pobreza en general y eliminando la pobreza extrema, dotado de un excelente sistema educativo, descentralizado en funciones y recursos, con una institucionalidad democrática sólida, sin discriminación de ningún tipo, con participación real de los ciudadanos en la democracia y el desarrollo, manteniendo y ampliando sus bosques, con un desarrollo urbano integral y sin militarismos de ninguna clase, atravesado todo esto desde una mirada ética. Todos los elementos que se afirman en la Visión Nacional son realizables, son posibles pues Panamá posee suficientes recursos y capacidades para lograrlos dependiendo de nuestra voluntad humana, previsión y decisión para lograrlo.
La Visión Nacional 2020 debe ser expresión del compromiso de todos los participantes y de la sociedad panameña en general. El texto debería convertirse en una especie de programa de Estado que inspire los necesarios programas de gobierno de los diversos partidos, las agendas sociales de la sociedad civil, las políticas públicas del gobierno sea quien sea el que ocupe el poder, y convertirse en una perspectiva que sea el norte para la acción-reflexión de todos los panameños y panameñas.
El texto de Visión Nacional es más bien un punto de partida en un proceso de pensar y repensar el país juntos, y es una relación cambiante que debe ser actualizado y mejorado con el aporte de todos los sectores. Es necesario un proceso de seguimiento y monitoreo que permita que la Visión 2020 puede convertirse además de una inspiración en una expresión de contraloría social y ciudadana, donde podamos ubicar si la sociedad en su conjunto y sus actores principales se están acercando o no la visión nacional establecida.
La Visión Nacional releva la presencia de la sociedad civil como parte activa de un proceso de participación, proposición decisión y gestión. La participación debe ser real y efectiva y no una seudoparticipación. La ciudadanía no puede ser solo política sino también socioeconómica, es decir una ciudadanía de alta intensidad, en función de un proyecto nacional incluyente y no excluyente.
¿Será posible de realizar? ¿Podrán la politiquería, la corrupción, los intereses creados internos o externos imponer su lógica corrosiva y llevarnos al despeñadero? Espero que no. Pero este 31 de diciembre recordando muchos nombres en especial de los que ya se marcharon para siempre, quiero afirmar con sinceridad que:
En donde dice vanidad debe brotar la humildad. En donde dice sectarismo debe expresarse amplitud. En donde exista opresión debe caminar la liberación.
En donde dice rabia debe brotar la esperanza. En donde resuene la voz corrosiva, debe escucharse la propositiva. En donde impere la corrupción, debe resplandecer transparencia. En donde se agite la envidia debe aparecer fraternidad. En donde diga política, debe leerse también ética. En donde dice astillamiento se debe formar la unidad. En donde impera la oscura noche debe brillar la mañana.
En donde la guerra aúlla debe estallar la paz. En donde manche la mentira debe brillar la verdad. En donde diga Patria debe dibujarse con tinta indeleble la memoria de los mártires de enero. En donde diga adiós debe sembrarse nomeolvides.

101 años de Panamá América

 
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