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¿Qué vende la propaganda política?


Si pudiésemos medir la credibilidad de la propaganda política, las cifras serían aterradoras. Hace tiempo las fuerzas organizadas de la política perdieron la inocencia sobre los contenidos que supuestamente dicen representar. Si un candidato detecta que la defensa de sus convicciones le traerá problemas con un sector del electorado, inmediatamente se abstiene de hacer pronunciamientos al respecto.

Ningún candidato se pronunciará jamás sobre lo que verdaderamente piensa en torno a los cambios que necesitan los servicios de salud para que verdaderamente sirvan al pueblo, o la transformación que hay que hacer en el sector educación para lograr que las escuelas le ofrezcan un entorno adecuado al aprendizaje que con mucho esfuerzo realizan nuestros niños y niñas.

Ningún candidato se atreverá a enfrentar a los transportistas y anunciarles que el bienestar de la ciudadanía está por encima de los intereses de los grupitos particulares que han logrado con demasiado éxito ocupar espacios claves en el sistema económico. En vez de entregar alocuciones bien escritas, bien pensadas, sobre los temas que verdaderamente importan, los candidatos se han dedicado a la tarea de producir eslóganes sin ningún contenido relevante. Los actuales candidatos esperan el voto de respaldo sobre la base de una adhesión mágica al corazón, a las manos, o a las zapatillas. Por eso, no sorprende que en una reciente encuesta de opinión el porcentaje más alto de las preferencias electorales lo tiene la casilla "no sabe /no responde".

101 años de Panamá América

 
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