¿Quién se ha llevado mi partido?
"ÉRASE UNA vez dos ratoncitos y dos hombrecillos que vivían en un laberinto. Estos cuatro personajes dependían del queso para alimentarse y ser felices. Como habían encontrado una habitación repleta de queso, vivieron durante un tiempo muy contentos. Pero un buen día el queso desapareció... "
Si Adolfo Suárez no hubiese comprendido que en España se requería una transición ordenada hacia la democracia, hubiese fracasado. La transformación de aquel país es, en gran medida, producto del diálogo y el consenso, y de una visión clara hacia el futuro, libre de ataduras emocionales ni rencores de una era triste para la democracia.
Cuando tu partido pierde, sólo tienes un camino de vuelta a la presidencia: el cambio hacia el centro. Así lo hizo Bill Clinton luego de sucesivas derrotas de los demócratas. Aprendió a escuchar, pero también escuchó para aprender. Al que más hay que escuchar es al propio votante que manifiesta sus frustraciones en la forma más pacífica conocida: el sufragio. Igualmente demostró que sepultar a tu oponente con dinero y fustigarlo con escándalos, no son la llave para el logro del real poder político.
Tony Blair llevó al Partido Laborista inglés hacia el centro. Muchos no estaban contentos, pero... ¿hacia dónde más podrían haber ido quienes fueron relegados del poder? ¿A unirse a sus adversarios políticos externos? No... se quedaron en su partido y apoyaron el cambio centrista para lograr el triunfo electoral. 10 Downing Street era su meta, su nueva casa desde donde intentaría conducir a su pueblo.
Acabar con los dragones de un partido satisface al público que busca un espectáculo y al oponente que prohíja el divisionismo. Las heridas producidas se convierten en permanente caldo de cultivo para el desquite, al menos que se tenga la sabiduría y mesura para incorporar a todos los actores al cambio.
Tengo dos décadas de participación política. Mi posición siempre ha sido la misma. Han cambiado las circunstancias, más no así mi forma de pensar. Quisiera ver cambios conceptuales en quienes dirigen los partidos políticos y no tan sólo cambio de dragones. Antes nos reuníamos para hablar sobre democracia, justicia, libertad, separación de poderes y de ideologías políticas. Hoy, hacer planteamientos sobre el ecosistema, derechos humanos y laborales, seguridad social o reformas fiscales, van ligados al futuro inmediato del Gobierno de turno más que a las próximas generaciones de panameños. Cada día vamos perdiendo más y más la tolerancia y el respeto por la decencia política.
Spencer Johnson es médico, acostumbrado a los cambios en su profesión. ¿Quién se ha llevado mi queso?, constituye un manual para entender que tenemos que encontrar nuestro propio camino, más allá de nuestras comodidades y temores.
A veces, podemos actuar como uno u otro personaje de la fábula citada: Fisgón que fisgonea y detecta pronto el cambio; o como Escurridizo que se apresura hacia la acción; o como Hem que se niega y se resiste al cambio, por temor a que conduzca a algo peor; o como Haw que aprende a adaptarse al tiempo, en cuanto comprende que el cambio puede conducir a algo mejor.
Espero que la próxima semana nadie pregunte: ¿Quién se ha llevado mi partido? Por el contrario, me gustaría escuchar: Hemos conducido nuestro partido hacia un cambio para enfrentar los retos de una era democrática, participativa e ideológica. Hemos guiado nuestro partido a reorganizarse sin someterlo a protagonismos atados a proyectos individualistas. Hemos reorganizado a nuestro partido para ganar las próximas elecciones.
Las transiciones controladas son las mejores. Los convencionales del Partido Arnulfista, reunidos el domingo para hacer cambios importantes a sus Estatutos, deberían ver con buenos ojos la solicitud del Directorio Nacional para integrar una comisión con plenos poderes para reorganizar al partido. Comprender la necesidad de cambios es loable, llevarlos a cabo en paz lo es más.
(teranjm@sinfo.net)
Si Adolfo Suárez no hubiese comprendido que en España se requería una transición ordenada hacia la democracia, hubiese fracasado. La transformación de aquel país es, en gran medida, producto del diálogo y el consenso, y de una visión clara hacia el futuro, libre de ataduras emocionales ni rencores de una era triste para la democracia.
Cuando tu partido pierde, sólo tienes un camino de vuelta a la presidencia: el cambio hacia el centro. Así lo hizo Bill Clinton luego de sucesivas derrotas de los demócratas. Aprendió a escuchar, pero también escuchó para aprender. Al que más hay que escuchar es al propio votante que manifiesta sus frustraciones en la forma más pacífica conocida: el sufragio. Igualmente demostró que sepultar a tu oponente con dinero y fustigarlo con escándalos, no son la llave para el logro del real poder político.
Tony Blair llevó al Partido Laborista inglés hacia el centro. Muchos no estaban contentos, pero... ¿hacia dónde más podrían haber ido quienes fueron relegados del poder? ¿A unirse a sus adversarios políticos externos? No... se quedaron en su partido y apoyaron el cambio centrista para lograr el triunfo electoral. 10 Downing Street era su meta, su nueva casa desde donde intentaría conducir a su pueblo.
Acabar con los dragones de un partido satisface al público que busca un espectáculo y al oponente que prohíja el divisionismo. Las heridas producidas se convierten en permanente caldo de cultivo para el desquite, al menos que se tenga la sabiduría y mesura para incorporar a todos los actores al cambio.
Tengo dos décadas de participación política. Mi posición siempre ha sido la misma. Han cambiado las circunstancias, más no así mi forma de pensar. Quisiera ver cambios conceptuales en quienes dirigen los partidos políticos y no tan sólo cambio de dragones. Antes nos reuníamos para hablar sobre democracia, justicia, libertad, separación de poderes y de ideologías políticas. Hoy, hacer planteamientos sobre el ecosistema, derechos humanos y laborales, seguridad social o reformas fiscales, van ligados al futuro inmediato del Gobierno de turno más que a las próximas generaciones de panameños. Cada día vamos perdiendo más y más la tolerancia y el respeto por la decencia política.
Spencer Johnson es médico, acostumbrado a los cambios en su profesión. ¿Quién se ha llevado mi queso?, constituye un manual para entender que tenemos que encontrar nuestro propio camino, más allá de nuestras comodidades y temores.
A veces, podemos actuar como uno u otro personaje de la fábula citada: Fisgón que fisgonea y detecta pronto el cambio; o como Escurridizo que se apresura hacia la acción; o como Hem que se niega y se resiste al cambio, por temor a que conduzca a algo peor; o como Haw que aprende a adaptarse al tiempo, en cuanto comprende que el cambio puede conducir a algo mejor.
Espero que la próxima semana nadie pregunte: ¿Quién se ha llevado mi partido? Por el contrario, me gustaría escuchar: Hemos conducido nuestro partido hacia un cambio para enfrentar los retos de una era democrática, participativa e ideológica. Hemos guiado nuestro partido a reorganizarse sin someterlo a protagonismos atados a proyectos individualistas. Hemos reorganizado a nuestro partido para ganar las próximas elecciones.
Las transiciones controladas son las mejores. Los convencionales del Partido Arnulfista, reunidos el domingo para hacer cambios importantes a sus Estatutos, deberían ver con buenos ojos la solicitud del Directorio Nacional para integrar una comisión con plenos poderes para reorganizar al partido. Comprender la necesidad de cambios es loable, llevarlos a cabo en paz lo es más.
(teranjm@sinfo.net)