¿Quiénes seguirán en la lista de los penalizados?
Nada justifica la penalización de las protestas sociales, y en lugar de una ley para ordenar el desorden, las autoridades debieron propiciar compromisos de consenso con los gremios para que quedara claro de una vez por todas que en democracia hay otras formas de protestar. No hacerlo parece otorgarle la razón a las dictaduras cuando consideran que a la sociedad hay que tratarla con el rejo en la mano. Una ley como la sancionada por el ejecutivo solo produce el caldo para nuevas confrontaciones, y seguramente no habrá espacio en la Joya, la Joyita y El Renacer para instalar a los sancionados de turno. La penalización de las protestas parece una medida poco política, más bien retrógrada, que debe estar haciendo pensar a otros sectores de la sociedad sobre qué otras formas de disidencia serán sancionadas. La Asamblea, y el Ejecutivo han mostrado su predisposición a la sanción y la fuerza, en lugar del diálogo y el consenso, sentando un precedente de que en plena democracia protestar en una calle podría llevar a muchos a la cárcel. Y qué va pasar cuando la disidencia se produzca en los medios, entre las enfermeras, los educadores o los buhoneros. Esta semana en Perú y Ecuador, periodistas de opinión fueron sancionados solo por eso, por opinar, y en Venezuela Hugo Chávez tiene igualmente penalizada las protestas y las reuniones de disidentes. ¿Hacia dónde nos estamos dirigiendo?