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Realidad política panameña


Este país es único. Desde hace 104 años, cuando nos separamos de Colombia gracias al apoyo de los constructores del Canal, hemos sido gobernados con contadas excepciones, por elementos de la clase pudiente que se ha valido de esta relación para crear, mantener y acrecentar sus fortunas personales y familiares. En este largo peregrinaje han sido acompañados, como decía mi abuela, por rabiprietos, mandaderos reciclables, quienes por alguna mínima canonjía han estado dispuestos a firmar, hipotecar o pignorar los bienes, recursos y calidad de vida de todos los panameños.

Creo que el problema básico estriba en que pocos funcionarios tienen una plataforma de principios éticos o al menos una propuesta de alternativas a los problemas de su área de responsabilidad. Están en los puestos por voluntad de quienes los nombran y son como veleros sin timón que se van en la dirección de los vientos, sin conducción y mucho menos sin puertos predefinidos para arribar. A estos últimos, los vemos en todos los gobiernos. Algunos cacarean que son técnicos, que no son políticos, lo malo es que no se les conoce en qué o quienes creen.

Por otro lado, algunos de los designados de a dedo, tienen la piel de cebolla y la cara de piedra. No son capaces de renunciar aunque todo les salga mal, no importa dónde los pongan. Lo lamentable es que han estado en los puestos no para hacer amigos y mucho menos para intentar el bien común y cuando todo termine, volverán a ser los invisibles de siempre, porque ni sombra tienen y mucho menos vergüenza.

Aunque nadie me lo haya pedido, me permito con todo respeto hacer algunas sugerencias a todos los candidatos(as) presidenciales. A nombre de los panameños que no podemos con el costo de la vida, no importa en cuál rango de salario estemos. Queremos pedirles que por favor no anden prometiendo cosas que no podrán cumplir, de llegar al palacio presidencial.

Realmente nos contentamos con se deje de seguir regalando nuestros ríos, montes, subsuelo y playas. Que no se desaparezcan cosas, ni que se hagan proyectos estatales con sobreprecios vergonzosos. Que se dejen de seguir privatizando servicios públicos y bienes estatales, y de establecer contratos leoninos en donde, a semejanza del Tratado Bunau Varilla, Panamá cede en todas las áreas de negociación para hacer más ricos a los que tienen dinero suficiente para vivir 10 ciclos de vida, si las pudieran comprar.

Créanme que se los pido a nombre del 20% que vive en condiciones de miseria, del 40% que vive en condiciones de pobreza y del 85% de la nación que está sobreviviendo, endeudados hasta más allá de nuestros límites de crédito.

Estoy seguro que Omar estaría de acuerdo conmigo, porque así lo demostró durante los 12 años que duró su conducción política.

101 años de Panamá América

 
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