Recordando a Arnulfo Arias Madrid
Hace exactamente cinco días, el 10 de agosto, aniversario del fallecimiento del Dr. Arnulfo Arias Madrid, acompañé a la presidenta Mireya Moscoso a un acto durante el cual se donaron útiles escolares a la Escuela de Cerrozuela, ubicada en la desembocadura del río de mi infancia, el Río Grande de Coclé. El plantel acababa de ser fuertemente remodelado, pues fue construido años atrás, durante la primera administración presidencial del Dr. Arias. Esta escuela lleva su nombre.
Dentro del caserío de Cerrozuela se encuentra "Puerto el Gago", lugar donde a mediados del siglo XIX llega a residir el primero de los Arias afincados en tierras panameñas. Es él quien, junto con "mamá Cucha", da origen a la que más tarde sería la familia Arias Madrid.
Puerto el Gago fue lugar de desembarque de tropas liberales y conservadoras durante la Guerra de los Mil Días y fue este sitio el que marcó en muchas formas la vida de Arnulfo Arias Madrid. . . De esa época viene su creencia de que el destino está escrito, de que nuestro paso por esta vida, con senderos de rosas o espinas, está programado, y que a la muerte se le debe aceptar con resignación y sin miedo porque ella también llega el día que le toca.
Pues bien, un día entre tantos, en Puerto el Gago se libra un combate entre liberales y conservadores y la familia Arias Madrid queda atrapada entre dos fuegos y el Dr. Arias, un bebé entonces de siete meses, recibe un "quemón" de bala en el vientre. Años más tarde, cuando él hacía referencia a esta cicatriz, señalaba que en los cuatro atentados contra su vida, Dios lo había protegido, porque su misión en Panamá aún no había concluido.
El 10 de agosto también, y por iniciativa de nuestra presidenta Mireya Moscoso, viuda del ex presidente Arias, se inauguró en Penonomé el Museo Hermanos Arias Madrid, Harmodio y Arnulfo donde la presente y futuras generaciones podrán estudiar el legado que estos dos grandes hombres han dado a Panamá.
Durante esta ceremonia me vino a la mente un incidente que ocurrió cuando el Dr. Arias regresó de su exilio en Argentina; se le recibió con una manifestación apoteósica y luego, ya tarde en la noche se dirigió al cementerio de Penonomé, y saltándose el muro (por estar cerradas las puertas), se fue a rezar ante la tumba de Carmen Madrid. Fue una despedida emotiva. Los de turno le habían negado el permiso de asistir al entierro de su madre. Era un hombre muy espiritual y creo que esa procesión la llevó por dentro.
Dentro del caserío de Cerrozuela se encuentra "Puerto el Gago", lugar donde a mediados del siglo XIX llega a residir el primero de los Arias afincados en tierras panameñas. Es él quien, junto con "mamá Cucha", da origen a la que más tarde sería la familia Arias Madrid.
Puerto el Gago fue lugar de desembarque de tropas liberales y conservadoras durante la Guerra de los Mil Días y fue este sitio el que marcó en muchas formas la vida de Arnulfo Arias Madrid. . . De esa época viene su creencia de que el destino está escrito, de que nuestro paso por esta vida, con senderos de rosas o espinas, está programado, y que a la muerte se le debe aceptar con resignación y sin miedo porque ella también llega el día que le toca.
Pues bien, un día entre tantos, en Puerto el Gago se libra un combate entre liberales y conservadores y la familia Arias Madrid queda atrapada entre dos fuegos y el Dr. Arias, un bebé entonces de siete meses, recibe un "quemón" de bala en el vientre. Años más tarde, cuando él hacía referencia a esta cicatriz, señalaba que en los cuatro atentados contra su vida, Dios lo había protegido, porque su misión en Panamá aún no había concluido.
El 10 de agosto también, y por iniciativa de nuestra presidenta Mireya Moscoso, viuda del ex presidente Arias, se inauguró en Penonomé el Museo Hermanos Arias Madrid, Harmodio y Arnulfo donde la presente y futuras generaciones podrán estudiar el legado que estos dos grandes hombres han dado a Panamá.
Durante esta ceremonia me vino a la mente un incidente que ocurrió cuando el Dr. Arias regresó de su exilio en Argentina; se le recibió con una manifestación apoteósica y luego, ya tarde en la noche se dirigió al cementerio de Penonomé, y saltándose el muro (por estar cerradas las puertas), se fue a rezar ante la tumba de Carmen Madrid. Fue una despedida emotiva. Los de turno le habían negado el permiso de asistir al entierro de su madre. Era un hombre muy espiritual y creo que esa procesión la llevó por dentro.