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Recordando el Futuro: Política y gobernantes. Establecimiento de la República, 1903-1931: Conservadores y liberales


La semana pasada expliqué cuáles son algunos presupuestos de este texto sobre "Política y Gobernantes en cien años de la República". Hoy expongo la primera etapa de nuestra historia republicana de 1903 a 1931, cuyo proyecto histórico concreto fue transformar un Departamento de Colombia en la República de Panamá: El 3 de noviembre de 1903 los panameños dimos el paso decisivo hacia " la transformación del departamento de Panamá en una República independiente, libre y soberana", como declaró la Junta Provisional de Gobierno en su Mensaje a la Constituyente. Durante esta primera etapa, desde 1903 hasta el golpe de estado civil del 2 de enero de 1931, concentramos nuestros esfuerzos en el establecimiento de nuestra propia república. Según Montesquieu, la república es aquel gobierno "en que el pueblo o una parte del pueblo tiene el poder soberano". Por ello enfatiza las relaciones formales entre los ciudadanos como poderdantes o electores y los gobernantes como mandatarios o elegidos, sus correspondientes instituciones, códigos, burocracias e incluso edificios emblemáticos. En el Mensaje de la Junta Provisional de Gobierno a la Asamblea Constituyente se dedicó gran parte a destacar los primeros pasos en dicha transformación.
La infraestructura necesaria para la integración nacional se comenzó. El presupuesto nacional bianual pasó de B/4.9 millones de ingresos en 1907-1908 a B/14.3 millones en 1927-1925, mientras que durante la construcción del Canal, de 1904 a 1914, la inversión promedio por año en razón del Canal fue de $38 millones. El PIB de B/ 30 millones en 1903 (per capita alrededor de B/503 anual a precios de hoy, que es por debajo del nivel de pobreza) aumentó a B/45 millones en la siguiente década y a B/81.9 millones en 1930 (per cápita anual alrededor de B/1177 a precios de hoy). La población aumentó de 315,000 habitantes en 1903 a 506,928 en 1930 en todo el país; la ciudad de Panamá pasó de 25,000 en 1903 a 77,000 en 1930, y el área correspondiente a la zona del Canal de 9,000 en 1903 a 39,000 en 1930. El Canal, que en 1904 empleaba 3,500 personas, llegó en el año cumbre de la última etapa de su construcción a emplear 56,654 personas. Panamá experimentó una transformación que sólo se puede comparar a la transformación original en virtud de la cual se establecieron los españoles y se fundó la ciudad de Panamá.
Iniciativa conservadora y seguimiento liberal: La tarea de transformar el Departamento en República la emprendieron sobre todo los conservadores, quienes tomaron la iniciativa y, por lo tanto, fueron los jefes en la Junta Revolucionaria, en la Junta Provisional de Gobierno y en el primer Gobierno de la República bajo la Presidencia del Dr. Manuel Amador. Algunos conservadores, como el mismo Amador, lo hicieron en la expectativa "que aquí [en Panamá] se modificarán los partidos", mientras que otros, como Tomás Arias, decidieron participar en la iniciativa en parte, al menos, "para evitar que lo hicieran nuestros enemigos políticos [los liberales], como reconoce él mismo en sus Memorias.
Pero la tarea la prosiguieron los liberales, quienes adquirieron predominio durante los siguientes veinte años a partir de mediados del segundo Gobierno de la República, a raíz de la muerte en 1910 del Presidente José Domingo de Obaldía y del acceso a la Presidencia, a título de Designados, primero de Carlos A. Mendoza en 1910 y luego de Pablo Arosemena de 1910 a 1912.
Esta etapa ha quedado asociada sobre todo con la figura del caudillo liberal Belisario Porras, quien se había destacado como jefe político y militar durante la primera parte de la Guerra de los Mil Días y luego por lealtad a Colombia rechazó la Independencia en los primeros tiempos. Sin embargo, a pesar de que en un momento se le privó de la ciudadanía como sanción, fue Presidente de la República de 1912 a 1916, de 1918 a 1920 y de 1920 a 1924. A su gestión de gobierno en su conjunto, calificada con razón de "modernizadora" por los historiadores Araúz y Pizzurno, se le atribuye el Registro Civil, el Registro Público, los Archivos Nacionales, los Códigos Nacionales, el Ferrocarril de Chiriquí (1914), la Carretera Central (de 1920 a 1925), calles de la ciudad de Panamá y el relleno de la Exposición, que abrió la ciudad capital al mar, el Hospital Santo Tomás, acueductos, telégrafos y comunicaciones, escuelas, etc., como también algunos de los principales edificios emblemáticos de la República. Fue en muchos sentidos el constructor de la República, aunque no ayudó a fundarla. Y su carisma político, que tanta emoción y controversia suscitó en el pueblo, panameñizó la política como vivencia.
Los más antiguos autores y por ello los más cercanos a los hechos que se han ocupado de los partidos políticos en Panamá (Ramón M. Valdés "Los Partidos Políticos en Panamá" 1911; Fernando Guardia "Nuestra Política" 1931; Diógenes de la Rosa "Ideas políticas y los partidos de la República" 1960 y Víctor Florencio Goytía "Los Partidos Políticos en el Istmo" 1969), destacan que la confrontación política entre los dos partidos que heredamos de Colombia, el liberal y el conservador, ha sido en Panamá menos radical y cruenta que en Colombia y que cuando no fue así, como en la Guerra de los Mil Días, fue a causa de una influencia colombiana directa. Se explica el hecho porque en Panamá ambos partidos favorecían la autonomía local sobre el centralismo, mientras que en Colombia se enfrentaban el federalismo vs. el centralismo, y porque en Panamá ambos partidos compartían los reclamos de cara al Gobierno central en Bogotá, al mismo tiempo que un mismo ethos comercial que enmarcaba sus actuaciones, el cual tiende a preferir una buena transacción a una dura pelea
Los conservadores panameños por lo general mantenían que el "entente" bipartidista bajo liderazgo conservador que se dio para la Independencia representaba un resultado definitivo "de la historia de nuestros viejos y desacreditados partidos, que iban arrastrando la República al abismo", según Fernando Guardia, mientras que para los liberales panameños el acuerdo independentista no tenía "un alcance ilimitado" y debía dar lugar a un resurgimiento de los partidos cada uno con su propia y reafirmada ideología, como argumentó Ramón Maximiliano Valdés en oposición a Ricardo Arias Feraud, a quien Diógenes de la Rosa, sabiendo que no era conservador, lo llamó un "adicto a un liberalismo astringente".
Al poco tiempo de iniciado el Gobierno de Amador Guerrero se constituyeron, por una parte, el Partido Constitucional integrado por conservadores con algunos liberales, que escogieron como candidato a Presidente para las elecciones de 1908 al liberal moderado Ricardo Arias Feraud, y, por la otra parte, la Coalición Republicana integrada por liberales, entre los cuales Carlos A. Mendoza y Eusebio Morales, con algunos conservadores, que propusieron como candidato al conservador José Domingo de Obaldía.
Tales coaliciones habrían de repetirse en loa años siguientes, pero efrentando a candidatos que ambos eran liberales y no como en este caso uno liberal y el otro conservador. En 1908, De Obaldía fue favorecido por el Secretario de Defensa de E.U., William H. Taft. , quien pensaba que De Obaldía era mejor "para negociar lo que atañe a los problemas de los Estados Unidos y la República", y probablemente por eso afirma que Arias Feraud estaba excesivamente vinculado a la burocracia estatal, sugiriendo incluso alguna falta de integridad de su parte (sin embargo, su nombre no aparece en la lista de los próceres que se habrían beneficiado personalmente con los fondos destinados a la Independencia y Tomás Arias en sus Memorias destaca que " su nombre no estuvo ligado con ningún contrato con el Gobierno"). Por lo contrario, el Encargado de Negocios norteamericano, H.G. Squiers, quien sin duda conocía a los personajes más de cerca, era de opinión contraria por considerar a Arias Feraud el "más capaz de todos... el más calmado ecuánime y de mayores recursos intelectuales de la República.
222Gracias a voces sensatas y reconciliadoras como la de Ricardo Arias Feraud se le daría tiempo a la nueva República para consolidarse antes que tuviera que enfrentar en 1931 su primera gran crisis institucional.
Desde muy temprano los liberales inconformes con su papel secundario en la Junta de Gobierno y sobre todo en el Gobierno de Amador, resultado de su papel secundario en la Independencia misma, estimularon las ambiciones del General Huertas, quien solicitó por escrito del Presidente el relevo de sus principales ministros conservadores, a saber Tomás Arias de Gobierno y Relaciones Exteriores y Nicolás Vitoria Jaén de Educación, en carta en la que se equiparaba en importancia al Presidente y advertía que si no actuaban juntos él podría verse obligado a actuar sólo, en un tono implícitamente amenazante. Su iniciativa condujo a su propio retiro y al desmantelamiento del ejército, como peligroso para la estabilidad democrática de nuestro país. Tomás Arias tan pronto supo de la carta le presentó su renuncia a Amador y a solicitud del Presidente le hizo su renuncia irrevocable para que Amador no apareciera decidiendo aceptarla, sino teniendo que hacerlo. Fue primero sustituido por otro conservador, Santiago de la Guardia, con quien tenía algunas diferencias de punto de vista, y luego por su hermano de padre e íntimo amigo, Ricardo Arias Feraud, liberal moderado.
En su Memoria de 1906 como Secretario (Ministro) de Gobierno y Relaciones Exteriores, que se guarda y pude consultar en los Archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Panamá, se encuentran los siguientes comentarios de Arias Feraud sobre la realidad política del primer gobierno de la República. Afirma que como resultado de la separación de Colombia, se logró el "gran beneficio" de que se cerró "la era de las contiendas políticas...causa de la ruina material del país y de la desmoralización parcial de su pueblo". Señala que el gobierno ha actuado con "excesivo espíritu de tolerancia que ha sido válvula de escape a las pasiones". Pero añade "que tenemos que lamentar que las pasiones políticas hayan estado durante el tiempo que cubre esta memoria grandemente excitadas, produciéndose por tanto ese malestar público que embaraza la administración y le quita elementos valiosos utilizables en más serenas circunstancias." Las causas de este resurgir de pasiones sectarias eran, para Arias Feraud, "los antiguos vicios de educación y de hábito" que no se adecuaban a "nuestra constitución política...[que fue un] pacto de concordia entre las antiguas doctrinas" y tampoco se adecuaban a "las peculiares condiciones creadas para la República por el Tratado para la construcción del Canal...[que nos imponen como principal obligación] el mantenimiento del orden a toda costa." Termina expresando la esperanza que se puedan "restañar las heridas del pasado y emprender nueva vida nacional, si no bajo los mismos singularmente felices auspicios del nacimiento de la República, al menos borrando en cuanto sea posible las huellas extraviadas del pasado."
Gracias a voces sensatas y reconciliadoras como la de Ricardo Arias Feraud se le daría tiempo a la nueva República para consolidarse antes que tuviera que enfrentar en 1931 su primera gran crisis institucional. [La próxima semana analizaré el papel importante de Belisario Porras en el establecimiento de la República].
(ariyan@sinfo.net)
Por su parte, el Dr. Silvio Guerra, catedrático universitario y estudioso de la jurisprudencia, considera que el proyecto traduce un avance en la legislación penal panameña. Sin embargo, su contenido pudo haber ido más lejos, toda vez que el derecho penal del siglo XX e inicios del siglo XXI es un derecho penal de acto, es decir que las acciones ilícitas previstas como delictivas deberán atender al acto delictivo y no al autor, ya que se terminaría reconociendo que quien comete un delito es declarado culpable o penalmente responsable.
222 Aunque representa un avance en la legislación panameña, su contenido pudo haber ido más adelante. Según los juristas, una de sus carencias es la figura de los Jueces de Vigilancia, personal independiente del Poder Judicial que controla el cumplimiento de las penas.
Las consecuencias jurídico penales están enmarcadas en un contexto claramente advertible en que es para la privación de la libertad en la mayor parte de los casos o la limitación o restricción impuesta para el ejercicio de ciertas actividades profesionales o de oficio.
Considera Guerra que si algo bueno pudo haberse proyectado en la nueva legislación electoral era reconocer el derecho al voto tanto de la población detenida preventivamente como de quienes ya cumplen con una pena impuesta. Novedosas teorías del derecho penal de la criminología, indican que la pena no debe recaer jamás en lo que atañe al cuerpo o conformación de la persona declarada culpable. Una pena se constriñe a la cuestión de la libertad ambulatoria. Hay toda una gama de libertades: De la libre emisión de pensamiento, de libre asociación, de comercio etc. La interrogante sería: una persona declarada culpable o detenida preventivamente ¿no podría ejercer el comercio?
Al respecto, Guerra indicó que muchos empresarios privados de libertad siguen manejando sus respectivos negocios. En una auténtica democracia el poder deliberativo de los asociados no puede excluir jamás a la población penitenciaria que por el hecho de haber sido condenados o detenidos preventivamente, no han perdido su condición de nacionales. Reducirles su derecho político a elegir, es tanto como minimizarlos en su condición de personas. Es peligroso aplicar un reduccionismo jurídico a quienes han delinquido o se encuentran en espera de una pena.
El derecho al voto hay que advertirlo en el nivel de transparencia que implica la necesidad de establecer los mecanismos de claridad para que su emisión no se encauce hacia el voto controlado por los detentadores del poder político. Se requiere que el Tribunal Electoral, fiscalice y custodie el voto del detenido. Los verdaderos garantes son los funcionarios del Tribunal Electoral. Según Guerra, países como Costa Rica, Suiza, España, Brasil, Francia e Italia, fundamentados en el liberalismo jurídico político constitucional, tienen bien entendido que el ser reducido a prisión no significa, en la práctica, el reduccionismo de las otras libertades de la esfera de los derechos ciudadanos.

101 años de Panamá América

 
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