Recordar el Futuro: El desarrollo del Estado Nacional. La tercera presidencia de Arnulfo Arias Madrid (II) (ariyan@sinfo.net)
La crisis de la elección de 1968. En el proceso electoral de 1968, el PDC pudo comprobar directamente las malas prácticas y el fraude, es decir las interioridades que pervertían el carácter democrático de nuestras elecciones y hacían que el Estado panameño careciera de plena legitimidad y dependiera cada vez más de la Guardia Nacional. Ello comprometía su carácter democrático.
Durante la campaña, el uso de recursos del Estado a favor del candidato oficialista fue tan descarado, que el PDC, en razón de su compromiso de defender la pureza del sufragio como medida indispensable sin la cual nuestra democracia nunca adquiriría plena legitimidad ni podría liberarse de su dependencia del poder militar, presentó denuncia formal contra el presidente Marco Robles. Éste debió ser juzgado por la Asamblea, siendo su acusador particular el abogado y profesor de derecho Rubén Arosemena Guardia.
Guardo vivo el recuerdo de la reunión en la residencia del Dr. González Revilla en la noche en la que la Comisión Política del partido decidió presentar la denuncia por votación unánime de sus miembros. Y difícilmente olvidaré cuando la nómina presidencial de PDC, acompañada por el acusador particular y unos veinte copartidarios cruzamos a pie el predio del palacio Justo Arosemena entre dos masas humanas, entre los copartidarios de Arnulfo Arias de un lado y los de David Samudio del otro lado. Ambas masas humanas se confrontaban, separadas únicamente por un estrecho espacio que dejaban de cubrir para que nosotros pudiéramos pasar. Se sentía una alta tensión en el ambiente y los dos grupos estuvieron lanzándose improperios hasta que nosotros comenzamos a atravesar el gentío. Entonces se hizo un silencio sorprendente. Pensé y quiero creer que fue una reacción espontánea de respeto por los valores que representaba Antonio González Revilla, la verdad de la ciencia, el servicio de la comunidad y la integridad humana, todo en aras de una verdadera democracia para Panamá.
Al encontrar, en una visita que se hizo sorpresivamente a la Imprenta Nacional, que se imprimían materiales de propaganda para el candidato presidencial oficialista David Samudio y para el candidato legislativo oficialista Diógenes de la Rosa, la prueba del delito quedó establecida fuera de toda duda y el presidente Robles fue sancionado con la pérdida de la presidencia. El vicepresidente Max Del Valle fue juramentado y escogió y juramentó su gabinete. Pero Robles interpuso un recurso ante un Juez Municipal, que luego fue asombrosamente avalado por la Corte Suprema, lo que le dio la excusa a la alta oficialidad de la Guardia Nacional de salir a la defensa de Robles clausurando la Asamblea con un destacamento de guardias al mando de Tte. Coronel Omar Torrijos Herrera. Con esta medida el militarismo panameño, con la complicidad de Robles y de los dirigentes liberales de aquel entonces, dio un paso decisivo más hacia el dominio militar del Estado que había iniciado años antes y que estaba por consumar desde que habían comenzado en las últimas semanas ha hablar sotto voce de golpe de estado.
Quienes han comentado que la denuncia por la Democracia Cristiana había provocado el intervencionismo de la Guardia, deben recordar que todavía en las veinticuatro horas antes de la convención presidencial, en la que se candidatizó para presidente al Dr. Antonio González Revilla, y para primer y segundo vicepresidentes al Dr. Antonio Henríquez Navarro y al autor de estas líneas que entonces comenzaba su carrera como profesor universitario, el Dr. González Revilla recibió varias llamadas telefónicas instándolo a que pospusiera su postulación en espera de una nueva articulación de alianzas en torno a una eventual candidatura del General Vallarino, a la que se le invitaba a sumarse. Pretendían así prolongar la democracia a medias que teníamos.
Nada estaba más lejos del pensamiento del PDC que sumarse a una candidatura basada en el militarismo y el tradicionalismo. Su propósito de rectificar las práticas de fraude electoral y de corrupción gubernamental, de introducir la justicia social en la política de desarrollo y de insistir en la plena panameñización del Canal y de la Zona, no podía mantenerse si el PDC hacía una alianza que no significara un avance de fondo en algunos de estos rubros, y no una alianza puramente electorera como le sugerían.
Después de la elección, en la Junta Nacional de Escrutinio los integrantes eran 9: 4 favorables a Arnulfo Arias, 4 a David Samudio y un demócrata cristiano independiente, y la mayoría en esta Junta tendría que hacerle frente a una mayoría oficialista en el Tribunal Electoral. Los presidentes de ambas, Nander Pittí y Virgilio Aizpurúa renunciaron al ser objeto de amenazas de muerte. El representante del PDC era el voto determinante de la mayoría en la Junta de Escrutinios.
El partido llegó a recolectar cerca del 90% de las copias de las actas que le fueron entregadas a sus jurados de mesa de votación. Le solicitó a una firma reputada de contadores públicos autorizados que realizara un conteo y así obtuvo resultados que indicaban que Arnulfo Arias había ganado y por un margen que rendía ilusoria la posibilidad de que el 10% restante de copias de actas alterara los mismos.
Ante esta realidad y los intentos del oficialismo por hacer valer resultados fraudulentos a favor de su candidato, el Dr. Antonio González Revilla, hizo una declaración pública formal en el sentido de que el representante del PDC en la Junta Nacional de Escrutinios, Lic. Antonio de León, sólo votaría por reconocerle el triunfo al Dr. Arias.
A los pocos días se presentó en mi oficina un distinguido joven abogado que tenía parentesco político cercano con el General Bolívar Vallarino. Después de cerciorarse que yo conocía dicho parentesco y, por lo tanto, podía concluir que el General Vallarino por lo menos sabía de su gestión, me dijo: "Quisiéramos saber si la declaración del Dr. González Revilla es un "bluff´ o corresponde a la realidad." Le abrí entonces el cuarto contiguo a mi oficina en donde teníamos las miles de actas que constituían la base irrefutable de la posición de González Revilla y del PDC. Se despidió, pero me dejaba la evidencia que a los pocos días de la elección las personas políticamente vinculadas a la Guardia Nacional estaban ya pensando en un golpe.
Este episodio se acompañó de otros. Durante el escrutinio de los legisladores y concejales el Dr.Arias trató de sustituir a la Dra. Cecilia Alegre, quien obtuvo la única curul legislativa del PDC, y también quiso que se sustituyera a Maximino Bolaños, quien obtuvo el puesto de concejal en el distrito capital. No lo pudo hacer porque el partido instruyó a sus representantes que sólo firmaran las actas que reflejaban los resultados verídicos del escrutinio, manteniendo así la misma postura a nivel legislativo y local que a nivel presidencial. En el caso del cargo edilicio que Bolaños ganó, al Dr.Oscar Pinzón simplemente le fue entregada una credencial espúrea sin más. El la guardó y el día de la toma de posesión municipal, se presentó a la ceremonia, explicó que él no había ganado, rompió la credencial en público y se fue del recinto.
Otro episodio fue el intento por comprar el voto de partido en la Junta Nacional de Escrutinios. Un colega médico del Dr. Antonio Henríquez Navarro se le acercó y le propuso que a cambio del voto del PDC en dicha junta le ofrecía pagar los gastos en los que el partido había incurrido durante la campaña y aquellos en los que incurriría para volver a inscribirse, y además le ofrecía ciertos puestos de importancia, como por ejemplo la alcaldía de la ciudad capital. Terminó ofreciendo inscribirse en el PDC. Con un sarcasmo muy apropiado el Dr. Henríquez Navarro le contestó que la última de sus ofertas invalidaba todo lo demás.
El proceso electoral de 1968 fue más violento que los inmediatamente anteriores. Por esta razón salieron en el mismo a la superficie las tensiones y contradicciones que habían hecho imposible la consumación del estado nacional durante el período de 1931 a 1968.
(Continuará la próxima semana)
Durante la campaña, el uso de recursos del Estado a favor del candidato oficialista fue tan descarado, que el PDC, en razón de su compromiso de defender la pureza del sufragio como medida indispensable sin la cual nuestra democracia nunca adquiriría plena legitimidad ni podría liberarse de su dependencia del poder militar, presentó denuncia formal contra el presidente Marco Robles. Éste debió ser juzgado por la Asamblea, siendo su acusador particular el abogado y profesor de derecho Rubén Arosemena Guardia.
Guardo vivo el recuerdo de la reunión en la residencia del Dr. González Revilla en la noche en la que la Comisión Política del partido decidió presentar la denuncia por votación unánime de sus miembros. Y difícilmente olvidaré cuando la nómina presidencial de PDC, acompañada por el acusador particular y unos veinte copartidarios cruzamos a pie el predio del palacio Justo Arosemena entre dos masas humanas, entre los copartidarios de Arnulfo Arias de un lado y los de David Samudio del otro lado. Ambas masas humanas se confrontaban, separadas únicamente por un estrecho espacio que dejaban de cubrir para que nosotros pudiéramos pasar. Se sentía una alta tensión en el ambiente y los dos grupos estuvieron lanzándose improperios hasta que nosotros comenzamos a atravesar el gentío. Entonces se hizo un silencio sorprendente. Pensé y quiero creer que fue una reacción espontánea de respeto por los valores que representaba Antonio González Revilla, la verdad de la ciencia, el servicio de la comunidad y la integridad humana, todo en aras de una verdadera democracia para Panamá.
Al encontrar, en una visita que se hizo sorpresivamente a la Imprenta Nacional, que se imprimían materiales de propaganda para el candidato presidencial oficialista David Samudio y para el candidato legislativo oficialista Diógenes de la Rosa, la prueba del delito quedó establecida fuera de toda duda y el presidente Robles fue sancionado con la pérdida de la presidencia. El vicepresidente Max Del Valle fue juramentado y escogió y juramentó su gabinete. Pero Robles interpuso un recurso ante un Juez Municipal, que luego fue asombrosamente avalado por la Corte Suprema, lo que le dio la excusa a la alta oficialidad de la Guardia Nacional de salir a la defensa de Robles clausurando la Asamblea con un destacamento de guardias al mando de Tte. Coronel Omar Torrijos Herrera. Con esta medida el militarismo panameño, con la complicidad de Robles y de los dirigentes liberales de aquel entonces, dio un paso decisivo más hacia el dominio militar del Estado que había iniciado años antes y que estaba por consumar desde que habían comenzado en las últimas semanas ha hablar sotto voce de golpe de estado.
Quienes han comentado que la denuncia por la Democracia Cristiana había provocado el intervencionismo de la Guardia, deben recordar que todavía en las veinticuatro horas antes de la convención presidencial, en la que se candidatizó para presidente al Dr. Antonio González Revilla, y para primer y segundo vicepresidentes al Dr. Antonio Henríquez Navarro y al autor de estas líneas que entonces comenzaba su carrera como profesor universitario, el Dr. González Revilla recibió varias llamadas telefónicas instándolo a que pospusiera su postulación en espera de una nueva articulación de alianzas en torno a una eventual candidatura del General Vallarino, a la que se le invitaba a sumarse. Pretendían así prolongar la democracia a medias que teníamos.
Nada estaba más lejos del pensamiento del PDC que sumarse a una candidatura basada en el militarismo y el tradicionalismo. Su propósito de rectificar las práticas de fraude electoral y de corrupción gubernamental, de introducir la justicia social en la política de desarrollo y de insistir en la plena panameñización del Canal y de la Zona, no podía mantenerse si el PDC hacía una alianza que no significara un avance de fondo en algunos de estos rubros, y no una alianza puramente electorera como le sugerían.
Después de la elección, en la Junta Nacional de Escrutinio los integrantes eran 9: 4 favorables a Arnulfo Arias, 4 a David Samudio y un demócrata cristiano independiente, y la mayoría en esta Junta tendría que hacerle frente a una mayoría oficialista en el Tribunal Electoral. Los presidentes de ambas, Nander Pittí y Virgilio Aizpurúa renunciaron al ser objeto de amenazas de muerte. El representante del PDC era el voto determinante de la mayoría en la Junta de Escrutinios.
El partido llegó a recolectar cerca del 90% de las copias de las actas que le fueron entregadas a sus jurados de mesa de votación. Le solicitó a una firma reputada de contadores públicos autorizados que realizara un conteo y así obtuvo resultados que indicaban que Arnulfo Arias había ganado y por un margen que rendía ilusoria la posibilidad de que el 10% restante de copias de actas alterara los mismos.
Ante esta realidad y los intentos del oficialismo por hacer valer resultados fraudulentos a favor de su candidato, el Dr. Antonio González Revilla, hizo una declaración pública formal en el sentido de que el representante del PDC en la Junta Nacional de Escrutinios, Lic. Antonio de León, sólo votaría por reconocerle el triunfo al Dr. Arias.
A los pocos días se presentó en mi oficina un distinguido joven abogado que tenía parentesco político cercano con el General Bolívar Vallarino. Después de cerciorarse que yo conocía dicho parentesco y, por lo tanto, podía concluir que el General Vallarino por lo menos sabía de su gestión, me dijo: "Quisiéramos saber si la declaración del Dr. González Revilla es un "bluff´ o corresponde a la realidad." Le abrí entonces el cuarto contiguo a mi oficina en donde teníamos las miles de actas que constituían la base irrefutable de la posición de González Revilla y del PDC. Se despidió, pero me dejaba la evidencia que a los pocos días de la elección las personas políticamente vinculadas a la Guardia Nacional estaban ya pensando en un golpe.
Este episodio se acompañó de otros. Durante el escrutinio de los legisladores y concejales el Dr.Arias trató de sustituir a la Dra. Cecilia Alegre, quien obtuvo la única curul legislativa del PDC, y también quiso que se sustituyera a Maximino Bolaños, quien obtuvo el puesto de concejal en el distrito capital. No lo pudo hacer porque el partido instruyó a sus representantes que sólo firmaran las actas que reflejaban los resultados verídicos del escrutinio, manteniendo así la misma postura a nivel legislativo y local que a nivel presidencial. En el caso del cargo edilicio que Bolaños ganó, al Dr.Oscar Pinzón simplemente le fue entregada una credencial espúrea sin más. El la guardó y el día de la toma de posesión municipal, se presentó a la ceremonia, explicó que él no había ganado, rompió la credencial en público y se fue del recinto.
Otro episodio fue el intento por comprar el voto de partido en la Junta Nacional de Escrutinios. Un colega médico del Dr. Antonio Henríquez Navarro se le acercó y le propuso que a cambio del voto del PDC en dicha junta le ofrecía pagar los gastos en los que el partido había incurrido durante la campaña y aquellos en los que incurriría para volver a inscribirse, y además le ofrecía ciertos puestos de importancia, como por ejemplo la alcaldía de la ciudad capital. Terminó ofreciendo inscribirse en el PDC. Con un sarcasmo muy apropiado el Dr. Henríquez Navarro le contestó que la última de sus ofertas invalidaba todo lo demás.
El proceso electoral de 1968 fue más violento que los inmediatamente anteriores. Por esta razón salieron en el mismo a la superficie las tensiones y contradicciones que habían hecho imposible la consumación del estado nacional durante el período de 1931 a 1968.
(Continuará la próxima semana)