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Reducción de impuestos



Para nadie es un secreto que los altos impuestos deprimen la economía, mientras los bajos impuestos la dinamizan. Los distintos gobiernos nacionales han cedido a las presiones de las compañías evaluadoras de riesgo, para aumentarlos. Todas abogan por un Estado que pague más dinero por sus deudas y, de paso, atienda la problemática social o sea la de los pobres.
Si examinamos lo hecho por las últimas tres administraciones, veremos que todas asumieron el poder con una reforma de impuestos bajo el brazo. La de Pérez Balladares, le llamó "de universalización de los incentivos". Elevó, entre otros, los impuestos de la Zona Libre, para terminar eliminándolos del todo. La de Moscoso fue especialmente canallesca, los elevó sustancialmente; mientras que la de Torrijos se atrevió a lo que ninguna, a gravar los servicios y a acabar con el otrora sacrosanto principio de la territorialidad, puntal de la economía de servicios, que es como nuestro petróleo. Nunca gobierno alguno nadó en tanto dinero. Comprobada la efectividad de su reforma, aumentó los salarios de la densa burocracia y contrató más empleados públicos que nunca.
Cierto, la economía ha seguido creciendo y el desempleo bajando, pero eso es relativo. La clase media se empobrece, mientras las grandes empresas se aseguran un trato privilegiado para pagar menos impuestos. ¿Cómo es que baja el desempleo? Sencillamente, aumentando el subempleo. Hasta los vendedores de los semáforos cuentan como micro empresa. El crecimiento es un espejismo que cabalga sobre los lomos del Canal, los puertos, los casinos y las comunicaciones.
Hagamos lo de Irlanda y Estados Unidos. Achiquemos y pongamos límite al gasto del Estado. No más deuda pública. En su lugar, dejemos que la empresa privada crezca y la clase media gaste. No puede hacerlo si la asfixian los impuestos.
Los futuros ingresos del Canal, tras el ensanche, nos darán una oportunidad de convertirnos en un paraíso de bajos impuestos. Hoy día pagamos más o igual que en Estados Unidos, sin las mismas oportunidades de riqueza. Los futuros excedentes del Canal multiplicarán por cuatro el presupuesto del Estado y la deuda pública podría ser pagada, sin sacrificar los aportes actuales del Canal en cosa de seis años, si las proyecciones de la ampliación resultan correctas.

101 años de Panamá América

 
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