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Reingeniería, partidos políticos y Tribunal Electoral


El presente escrito es una pequeña contribución al diálogo que actualmente se escenifica en la Comisión Nacional de Reformas Electorales (CNRE).

Más que analizar una simple cuota, se debe replantear la legitimidad y el papel de los partidos políticos en un régimen democrático, a menos que queramos correr la misma suerte que transitaron estas organizaciones en la escena pre y postchavista en Venezuela.

Al igual que en el hermano país suramericano, en Panamá no solo los colectivos, sino sus sempiternos dirigentes políticos son mal vistos. Si bien no poseemos información actualizada, una encuesta internacional aplicada a mediados de la década de los 90, formuló una serie de preguntas, de las cuales me interesa analizar solo 3 de ellas.

1. ¿En qué sistema hay más corrupción? Se analizaron dos alternativas: Democracia o Dictadura. Sorprendentemente, para los panameños no existía diferencia alguna porque el 81% de la población consultada afirmó que en ambas la corrupción era igual.

2. ¿Para qué quieren los políticos llegar al poder? Panamá, que pareció extremista en la respuesta, el 70% de los encuestados consideró que para beneficio personal, el 33.1% de éstos, sentenció que el robo y el enriquecimiento ilícito eran las principales motivaciones.

3. ¿Qué opinión le merece la clase política? El 56% emitió concepto desfavorable para la clase política.

Ahora que iniciamos la segunda década de un nuevo siglo, ¿Habrá cambiado la percepción hacia los partidos y sus dirigentes? Lo dudo.

¿Cómo es entonces que se pretende rebajar del 4 al 1 el porcentaje para la subsistencia de los partidos políticos sin antes proceder con una reingeniería total a estas organizaciones? Recordemos que mediante pronunciamiento de la Honorable Corte Suprema de Justicia (fallo Jované), ya no es necesario pertenecer a un partido político para postularse a la máxima magistratura de la nación.

No cabe duda de que si en Venezuela los caudillos dueños de los partidos políticos se hubiesen interesado en la percepción inmensamente negativa que el pueblo tenía hacia sus organizaciones, quizás Hugo Chávez no estaría hoy día vejando a los venezolanos. ¿Sinceramente queremos copiar ese modelo desgastado y oprobioso?

¿Serán los huevos de oro que pone el subsidio electoral lo que ahora les interesa a los nuevos caudillos partidistas? Para solventar esta pérfida interrogante, propongo lo siguiente:

1. Aplicar una cifra antojadiza, verbigracia 20,000 ciudadanos, para inscribir un partido político, lo cual representa algo más del 1% de los votantes de la última elección.

2. Que al igual que los sindicatos, se cobre una cuota por pertenecer a estas organizaciones. Por ejemplo B/. 2.00. De éstos, el 25% deben ser para aportación, otro 25% para capacitación en educación cívica y electoral y el restante 50%, para el funcionamiento del colectivo: Infraestructura, servicios y personal. Las aportaciones serán redimidas una vez el adherente decida desvincularse de la organización.

3. Que el Tribunal Electoral saque sus manos de todo lo relacionado con los partidos políticos. Es decir, inscripción de miembros, base de datos y financiamiento. Inexplicablemente, las bases de datos de los partidos políticos las conocen los adversarios y éstas cada 5 años sirven para que rueden cabezas, cuando hay un cambio de gobierno.

Esta última propuesta, permitirá un gran ahorro en el Tribunal Electoral porque se eliminaría una enorme planilla e infraestructura de un Departamento llamado Partidos Políticos y se disminuirían los registradores distritales que tanto cuestan al erario público. Y por supuesto, el subsidio si no se elimina, decrecerá considerablemente, con lo cual se podría atender con mejores recursos la gigantesca deuda social que aun subsiste en el país.

101 años de Panamá América

 
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