Rescate de la educación
Panamá valora en alto grado la educación. Ve en ella un requisito indispensable de desarrollo y quiere avanzar hacia una educación más justa y de más calidad. Nos corresponde, en razón de nuestra condición de educador por dedicación fundamental, mostrar caminos, hacer recomendaciones para mejorar la calidad de la enseñanza que se ofrece en escuelas y colegios del país a los niños, sin importar su origen social, económico y cultural.
Las aspiraciones a un perfeccionamiento de la enseñanza se han manifestado desde hace muchos años, sin que las medidas y reformas parciales adoptadas permitieran alcanzarlo, debido a que cada vez se intentó reformar la educación por algunos de sus aspectos, sin considerar integralmente el problema. Pero, durante el último decenio, por efecto de la politiquería, el nepotismo y los escándalos producidos por corrupción en el manejo de los fondos destinados a educación (FECE), las denuncias de títulos, diplomas y nombramientos fraudulentos y la baja calidad de la enseñanza que se imparte, informan sobre la grave crisis por la que atraviesa la educación nacional.
Estamos frente al imperativo de conseguir desarrollo económico y social, para lo cual nos hemos fijado metas, aceptando, asimismo, reformas estructurales en la actividad agropecuaria, tributación y administración nacional. Pero esos propósitos, por más que se adelanten a través de la legislación, seguirán siendo letra muerta si no cambiamos fundamentalmente la estructura de la enseñanza en Panamá.
Destacamos esta experiencia, porque ella ilustra muy bien la naturaleza misma de la tarea de construir un sistema educativo en una sociedad. Al fin de cuentas, la educación, en su sentido más simple y universal, es la comunicación que una generación hace a las nuevas generaciones de una cultura y de un conjunto de convenciones y convicciones que comparte. Mientras otras actividades pueden apoyarse para lograr calidad en la riquísima y acelerada innovación tecnológica, en educación el secreto del éxito sigue siendo establecimientos docentes en los que un equipo de maestros y profesores logra acuerdos, comparte metas y entusiasmos y los traduce en relaciones pedagógicas valiosas que permiten el aprendizaje de los estudiantes. ¡El aula escolar es el laboratorio de aprendizaje por antonomasia y excelencia!.