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Rescate del régimen judicial


Noviembre, el ?mes de la Patria?, nos convoca a los panameños a hacer profundas reflexiones sobre el pasado, el presente y el futuro de la nación. En este CIV aniversario de la fundación de la República, hemos considerado oportuno anotar con profunda tristeza, la notable falta de jueces y magistrados --con algunas excepciones-- siquiera con asomo de credibilidad ciudadana.

Han pasado 18 años de gobiernos democráticos (1989- 2007), y siguen manifestándose, entre los tantos problemas graves que enfrentamos, la corrupción, la delincuencia, el crimen y la violencia callejera, intrafamiliar y estudiantil, con el agravante del clamor popular por la ?inseguridad pública y privada? y a la ?falta de justicia?.

El Órgano Judicial panameño, cuestionado hasta la saciedad resulta, sin duda, un ente desahuciado de la confianza pública. Pareciera que los intereses políticos, pecuniarios y de protagonismo personal han reemplazado los principios éticos y morales, así como los fundamentos jurídicos en los cuales deben apoyarse en todo momento los jueces y magistrados de nuestros máximos tribunales de justicia.

La solución, sin embargo, a tan grave problema institucional no es nada fácil, puesto que hay que seguir los lineamientos de las normas constitucionales y legales para cumplir con el ?debido proceso?, los cuales, precisamente por motivo de ?interpretaciones abogadiles? tienden a profundizar, prolongar y extender peligrosamente la situación de crisis a otras instancias de poder.

¿Qué hacer, entonces, ante el descalabro institucional que experimenta el Órgano Judicial después de más de una centuria de vida republicana?

El deterioro de la justicia en Panamá es calamitoso. La ciudadanía percibe que esto se debe a supuestos "actos de corrupción". ¿Puede la democracia panameña seguir aceptando un régimen de justicia como el que nos rige y se practica en la actualidad? Evidentemente, que no. Es menester que graviten los nombramientos futuros de jueces y magistrados sobre otras castas de hombres y mujeres más inteligentes, probos y mejor intencionados, más idealistas y a la par más realistas, más humanos y honestos, de carácter firme y nada reaccionarios, ni proclives a la corrupción. ¡He ahí el reto planteado al nuevo Presidente de la Corte Suprema!

101 años de Panamá América

 
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