Reserva moral de la patria
Cuando el doctor Arnulfo Arias, por primera vez, enunció la doctrina panameñista en ocasión del grandioso recibimiento que le tributara el pueblo panameño para ratificar su postulación como candidato presidencial por el Partido Nacional Revolucionario, en diciembre de 1939, lo hizo plenamente convencido de que el conglomerado panameñista, formado por las grandes mayorías de nuestro pueblo, habría de constituirse en "la reserva moral de la Patria" y sus proféticas palabras se transformaron en tangible realidad con el correr de los años.
Al asumir el mando presidencial, el Dr. Arias, una vez autorizado por el pueblo que lo eligió, promulgó la Constitución de 1941 que abolió la discriminación entre hijos "naturales y legítimos", le concedió el derecho al sufragio de la mujer, estableció oficinas laborales para protección del obrero, creó juntas inquilinarias para frenar los caseros explotadores, y nacionalizó el comercio al por menor. Esto le costó el primer derrocamiento y su largo exilio y peregrinaje por tierras de nuestra América India que habla español y le reza a Jesucristo.
En estas cuartillas no hay espacio suficiente para resaltar la trayectoria del partido panameñista que tuvo que ser inscrito en seis ocasiones: 1940-PNR; 1948, PRA; 1952, Partido Panameñista; (León); 1964, Panameñista, Cántaro; 1984 Culebrita (Panameñista Auténtico); 1990 (Arnulfista) ya que los que pretendieron arrebatarle al pueblo panameño su partido, tuvieron que conformarse con sólo un cascarón, ya que las masas panameñistas reconocen una sola doctrina y un solo ideal reivindicador que hoy se encuentran plasmados en los estatutos del Partido Panameñista Arnulfista, liderizado por la única y legítima heredera del caudal de votos que ese partido representa, doña Mireya Moscoso.
Sin embargo, debemos aceptar que doña Mireya, por quien sentimos un gran afecto y el mayor de los respetos, debe proceder en su oportunidad a la reorganización del organismo político que jefatura, a arrojar del templo a los mercaderes y "saltamontes" que se enquistaron dentro del partido con miras a recibir prebendas y canonjías, olvidándose de los miles de miembros-copartidarios que aún deambulan por nuestras calles sin empleo, sin medios de sustento para llevar el pan nuestro de cada día a sus humildes hogares.
La actual dirigencia partidista que lideriza doña Mireya no puede soslayar que aún existen en nuestro país verdaderos y convencidos panameñistas doctrinarios que desde temprana edad abrazaron con amor la doctrina enunciada por el doctor Arnulfo Arias en 1939, pero que se distanciaron del seno del organismo partidario por desavenencias con miembros directivos durante las transiciones y transformaciones a que se vio sometido el glorioso partido a través de sus cincuenta y cinco años de existencia.
"¡Vox Populi, Vox Dei!"
Al asumir el mando presidencial, el Dr. Arias, una vez autorizado por el pueblo que lo eligió, promulgó la Constitución de 1941 que abolió la discriminación entre hijos "naturales y legítimos", le concedió el derecho al sufragio de la mujer, estableció oficinas laborales para protección del obrero, creó juntas inquilinarias para frenar los caseros explotadores, y nacionalizó el comercio al por menor. Esto le costó el primer derrocamiento y su largo exilio y peregrinaje por tierras de nuestra América India que habla español y le reza a Jesucristo.
En estas cuartillas no hay espacio suficiente para resaltar la trayectoria del partido panameñista que tuvo que ser inscrito en seis ocasiones: 1940-PNR; 1948, PRA; 1952, Partido Panameñista; (León); 1964, Panameñista, Cántaro; 1984 Culebrita (Panameñista Auténtico); 1990 (Arnulfista) ya que los que pretendieron arrebatarle al pueblo panameño su partido, tuvieron que conformarse con sólo un cascarón, ya que las masas panameñistas reconocen una sola doctrina y un solo ideal reivindicador que hoy se encuentran plasmados en los estatutos del Partido Panameñista Arnulfista, liderizado por la única y legítima heredera del caudal de votos que ese partido representa, doña Mireya Moscoso.
Sin embargo, debemos aceptar que doña Mireya, por quien sentimos un gran afecto y el mayor de los respetos, debe proceder en su oportunidad a la reorganización del organismo político que jefatura, a arrojar del templo a los mercaderes y "saltamontes" que se enquistaron dentro del partido con miras a recibir prebendas y canonjías, olvidándose de los miles de miembros-copartidarios que aún deambulan por nuestras calles sin empleo, sin medios de sustento para llevar el pan nuestro de cada día a sus humildes hogares.
La actual dirigencia partidista que lideriza doña Mireya no puede soslayar que aún existen en nuestro país verdaderos y convencidos panameñistas doctrinarios que desde temprana edad abrazaron con amor la doctrina enunciada por el doctor Arnulfo Arias en 1939, pero que se distanciaron del seno del organismo partidario por desavenencias con miembros directivos durante las transiciones y transformaciones a que se vio sometido el glorioso partido a través de sus cincuenta y cinco años de existencia.
"¡Vox Populi, Vox Dei!"