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Ruido otra vez


Por enésima vez nos referimos al ruido excesivo que afecta a nuestra población, pero se hace ya indispensable que nuestras autoridades se dispongan a proteger los oídos de la comunidad. Ya no son solamente los usuarios de los autobuses. Ahora los quejosos son de comunidades enteras, tales como los vecinos de la Calle Uruguay, los vecinos de centros nocturnos de diversión y los clientes de muchos negocios en los que un atronador escándalo con instrumentos, a lo que los propietarios creen que es música, aturde y espanta a la clientela.
Es hora de que no se nos siga alentando con amenazas de ponerle coto a este mal ni de que se nos ofrezca el espectáculo de que se está afrontando el problema con actividades que duran tres o cuatro días solamente y el escándalo sigue produciéndose.
Hacemos un llamado a la Asociación Médica Nacional para que nos haga el favor de expedir un comunicado explicando las graves consecuencias que puede causar a la salud el ruido excesivo. Tal vez proviniendo de una entidad autorizada como lo es la mencionada asociación, sus causantes recapaciten.
Como el mal ya ha arraigado tanto y combatirlo no es tarea fácil, quizá fuera conveniente que el Ministerio de Salud y la Autoridad Nacional del Ambiente programaran una acción enérgica y sin treguas contra lo que es un delito grave por afectar la salud pública y evitar que dentro de pocos años, media población haya ensordecido.
La prueba de ello la vamos ya teniendo entre los conductores del transporte público. Todos los conductores de taxis trabajan escuchando la radio durante largas horas y a veces los usuarios tienen que repetirle hacia dónde desean ir. Ya muchos de ellos se están afectando sin darse cuenta, puesto que el oído no se pierde de la noche a la mañana sino, paulatinamente. La observación la hacemos con las mejores intenciones de servirles, convencidos como estamos de que a la larga sufrirán las consecuencias.

101 años de Panamá América

 
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