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Sangre y heroísmo


A más de cuatro décadas del suceso de mayor relevancia en el periodo de la República, aún se mantiene presente en las mentes y en el espíritu de los hombres y mujeres, la desgarradora situación a la que fue sometida la nación por el poder omnímodo estadounidense que, considerándose poseedor absoluto del territorio, no sólo creó una estructura socioeconómica y política en el corazón de Panamá, sino que también una cultura que se derivó de la misma. El 9 de Enero de 1964 marca el principio de una coyuntura que adquirió larga duración, pues templó ánimos, fuerzas y entendimiento para que, en el último tercio del siglo XX, fuera dado de baja el colonialismo norteamericano en el país.

Desde luego, fue necesario para el serio replanteo de las relaciones desiguales entre Panamá y Estados Unidos (EE.UU.), el holocausto de la juventud estudiosa y el de todo un pueblo. La sangre y la vida fueron puestas al servicio de la nación. No importó en aquel fatídico momento, el poderío armamentista de EE.UU. frente a la debilidad bélica de un país que siempre ofreció amistad sincera, pero, peor aún, su territorio, usufructuado para beneficio de los intereses imperiales estadounidenses. Lo importante fue el convencimiento de que la soberanía nacional nunca fue entregada, que era fundamental que se entendiera que la Bandera debía, por derecho nacional, estar presente en todo territorio y, principalmente, en los sitios y áreas tenidas como propias por los norteamericanos -ya que no era así- producto de una relación contractual impuesta en desmedro de los panameños. La actitud de los estudiantes -savia de todo pueblo- encabezada por institutores, en el sentido de hacer valer los acuerdos de izada y presencia de la bandera panameña en áreas especificas de la zona del Canal, constituyó para el movimiento popular la insignia por excelencia que animaría el empeño para el derribo del Tratado Hay-Bunau Varrilla, pero mejor aún, la expresión más consistente de conciencia panameña.

A parir del 9 de enero de 1964, el espíritu de lucha nacionalista tomó el derrotero de la reivindicación de la soberanía, la visión fue otra y la misión se planteó el objetivo de integrar en una jurisdicción todo el territorio. El país fue otro. Si bien al interior de él las fuerzas políticas podían tener posiciones encontradas, es cierto también que actuó como un nucleador del sentimiento panameño, que hizo de la lucha por la recuperación del Canal y su zona, lo que algunos llamaron la religión del panameño.

Para la juventud que tiene por necesidad que hurgar en el pasado, tendrá que acudir al conocimiento de ese hecho que, por su naturaleza, adquirió la cumbre de los acontecimientos históricos de la época republicana.

[jorge0913@pa.inter.net]

101 años de Panamá América

 
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