Se busca una oposición
Se ha dicho muchas veces: en el contexto de un régimen democrático, un buen gobierno supone que haya una oposición. Se trata de una oposición cuyo asiento principal es la Asamblea, desde donde se puede legítimamente fiscalizar los actos de gobierno y buscar poner frenos a las acciones alocadas o que transgreden los límites del Estado de Derecho. Dicha forma de ejercer la oposición es a la vez una expresión del electorado que parcialmente se identifica con esa necesidad de ejercer controles y vigilar el uso del poder del Estado. Es verdad que en la Asamblea los representantes de la oposición normalmente serán integrantes de uno o varios partidos políticos. Sin embargo, eso no significa que la sede natural de la oposición sean los partidos políticos que perdieron las elecciones, por el solo hecho de perderlas. Mucho menos puede ser esta una forma de oposición cuando los partidos derrotados tienen dirigencias que dividen el colectivo, o que representan épocas idas, o incluso consideradas como oscuras por la inteligencia de la sociedad. Añade al agravio del concepto de oposición el manejo irresponsable de la denuncia y sobre todo cuando abiertamente se usa como contrapeso de las que recaen sobre los miembros del partido derrotado.
Y como dicen, la cerecita sobre el pastel es la vocación por el ridículo que se transmite por todos los canales de televisión y por la radio. En estas circunstancias, la democracia panameña necesita con urgencia una oposición política responsable, íntegra, bien enfocada y que sepa usar la tribuna pública con dignidad.