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Se nos acaba Taboga II


En un artículo anterior, publicado en este diario el sábado 24 de noviembre, hice una introducción histórica extensa del valor que tiene la isla de Taboga, su herencia tanto estratégica como cultural. En el presente texto hago unas reflexiones sobre los peligros que se ciernen sobre esa isla de origen volcánico, que se divisa desde la bahía de Panamá, y que es una perla sin estar en el archipiélago de ese nombre.
Es usual que los fines de semana la isla sea destino de muchos visitantes, que tanto en botes particulares como en las lanchas públicas, buscan playas seguras, aguas cristalinas y un sabor a historia inigualable. Pero todo eso está en peligro de desaparecer por varias razones: por la desidia de las autoridades locales en preservar la limpieza de la isla; por la falta de visión de los empresarios que regentan los destinos turísticos que allí existen, y que están en condiciones precarias y no les importa que los maleducados turistas boten en la playa toda clase de desperdicios; y por la irresponsabilidad de los dueños de los flamantes yates que se fondean en sus costas, que encuentran que lo más fácil es deshacerse de los desechos (algunos de ellos no tan perecederos, como platos de foam, plásticos, latas, etc.) tirándolos al mar.
El alcalde de Taboga debería tener como objetivo principal el mantener limpia la isla mediante varias acciones, que no solamente redundarían en beneficio de la alcaldía, sino que generarían ingresos para algunos de los isleños. Estas acciones pueden ser cobrar de cinco a diez balboas por bote, lancha o yate, de acuerdo a su tamaño, para que anclen en las aguas alrededor de la isla. Patrullar unas tres veces en la mañana y tres en la tarde, a fin de verificar que no se tiren desechos al mar. En esta acción se debe contar con el apoyo del Servicio Marítimo Nacional y producir algún panfleto u hoja de advertencia, con la escala de multas a que podrían hacerse acreedores los que violen estas disposiciones. Multar, como en efecto se sugiere, a todo aquel que tire basura desde las lanchas que visitan la isla. Parte de las recaudaciones por multas sufragaría el trabajo que realizan los pangueros y otra parte puede ir a la alcaldía. Lo anterior no solamente le daría oficio a los pangueros, sino que sentaría un precedente para los visitantes, ya que solamente se aprende cuando se multa, cuando te afecta el bolsillo.
Los dueños del hotel Taboga deben garantizar que sus playas están en todo momento limpias. Así como alquilan sombrillas, petates y demás, podrían dedicar alguna empleomanía a indicarles a los visitantes que no deben depositar basura en la arena. Es realmente deprimente pasar por esas áreas, cuando se va la gente, y apreciar la poca cultura de los que estuvieron por allí: latas, sodas, botellas, platos, vasos, hasta prendas de vestir abandonan los irrespetuosos turistas. Ese hotel, que puede ser un hotel de lo mejor, es un templo a la desidia y como tal, atrae a ese tipo de turista, el que ensucia, no respeta la naturaleza y llega a la isla a contaminar.
La fábrica de harina de pescado que está en Taboguilla merece especial mención, ya que todo el mundo conoce el olor que emite, pero ahora la cosa se ha agravado, pues están lavando los tanques de producción en el mar, depositando los desechos allí. Todo eso llega eventualmente a las playas de Taboga, y se ha estado sintiendo su impacto en fechas recientes. La ANAM ha multado a la administración con sumas ridículas, y como quien dice: la casa paga y se ríe, pues les conviene más pagar los tres reales de la multa, que hacer las adecuaciones necesarias para no contaminar el mar. Tanto el IPAT como la ANAM deberían tomar cartas más serias en el problema, porque el asunto no es anunciar que se va a ir a una inspección y limpiar la isla para esa visita, y el resto del año la inmundicia es la tónica.
En Taboga tenemos una asociación cívica que ha remozado Playa Honda, que ha colocado tambuchos de basura a lo largo de todas las veredas, que realiza actividades que coadyuvan con las autoridades para preservar la isla. Pero esta agrupación no puede hacerlo todo. Hace falta crear conciencia entre la misma población de que tiene que iniciarse un programa de reciclaje, que debe adoptarse el conservar las playas limpias como una garantía de que el turista va a volver. Que se debe tener una actitud de servicio para con los visitantes. En la escuela, los niños deben ser educados para que sepan que la basura debe depositarse en los depósitos diseñados especialmente para ello, que el mar no debe contaminarse y que las latas y papeles periódicos pueden servir para algo más que para tirarse al mar. Y las autoridades locales son las que deben dar el ejemplo, ejecutando programas de limpiezas permanentes, no simplemente paliativas para cuando hacen un programa de televisión. Adoptar una actitud de conservación que involucre a toda la población, y que esta se dé cuenta de los beneficios que algo así conlleva. A fin de cuentas, son tan pocos y puede hacerse tanto por la isla, que no sé qué estamos esperando para empezar.

101 años de Panamá América

 
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