Sensatez e insensatez
Con el cuento, falso por supuesto, de que el pueblo votó por un gobierno de la Unión por Panamá y, a la vez, por una Asamblea PRD, los dirigentes de ese partido, encabezados por el actual Presidente de la República, pretenden convalidar todas las tropelías post-electorales que vienen realizando para ponerle una camisa de fuerza, legal y económica a la administración que presidirá Mireya Moscoso.
El hecho real, y contrario a la verborragia oficialista, es que tanto el PRD, como organización política, así como el contenido de sus políticas gubernamentales fueron rechazados, en forma abrumadora, cuando intentaron la insensatez de la reelección y en las pasadas elecciones del 2 de mayo.
Nadie discute que el mandato del actual presidente vence el 31 de agosto de 1999 y que, por tanto, tiene el derecho constitucional de permanecer al frente del "rgano Ejecutivo hasta esa fecha, pero después de haber sido rechazados, él, personalmente, en el referéndum, y su proyecto político en las pasadas elecciones, un mínimo sentido de sensatez debió hacerle reconsiderar sobre el papel que le correspondía desempeñar durante los cuatro últimos meses de su período presidencial.
Ese mínimo de sensatez debió haberle indicado que lo prudente era detener su ritmo de marcha y, sobre todo, abstenerse de tomar medidas y acciones de efectos a largo plazo u orientadas a reincidir en las políticas neoliberales y antipopulares que el pueblo ha rechazado en forma que no deja lugar a dudas.
Y también ese mínimo de sensatez debió haberle indicado que su deber es respetar la voluntad popular, expresada en las urnas, que votó por un cambio de gobierno.
Al empecinarse en ejercer un mandato que, aunque está vigente hasta el 31 de agosto, carece de la sustentación y del apoyo popular que el pueblo reiteradamente le ha negado, el presidente Pérez Balladares abiertamente desacata la voluntad de la mayoría del país.
Como ya he señalado en ocasiones anteriores, el Presidente nunca ha entendido la diferencia que existe entre legitimidad y representatividad.
Su gobierno es legítimo, porque fue electo conforme a las disposiciones vigentes, pero nunca ha sido representativo, porque él sólo recibió el 33% del voto popular y el pueblo lo rechazó en el referéndum.
Creo que a estas alturas y después de sus últimas acciones, deliberadamente dirigidas a sabotear el desempeño del próximo gobierno, es iluso esperar que al Palacio de las Garzas vuelva la sensatez. Las airadas reacciones dirigidas contra los legisladores de su partido y contra sus aliados políticos que se han opuesto a su empeño de empujar, contra viento y marea, la Sala Quinta, indican que no cabe esperar ningún cambio positivo en la actitud del Presidente.
Pero de alguna parte tendrá que venir una corriente de sensatez que haga serenar las embestidas palaciegas.
Los llamados de los sectores opositores al actual gobierno sólo encontrarían oídos predispuestos a la sordera y parece que tampoco lograrán mucho efecto las apelaciones de la Iglesia y de otros sectores de la sociedad civil, como ha quedado demostrado.
En consecuencia, la responsabilidad de garantizar las condiciones para la gobernabilidad le corresponderá, por descarte y lógica política, a los tres partidos que integrarán, como ya se ha anunciado, el tercer bloque de la Asamblea Legislativa.
Si esas tres agrupaciones políticas, que son las que están en capacidad de hacerlo, asumen el papel de árbitros neutrales, sin inclinarse a favor del PRD ni del gobierno entrante, evitarían el caos político que se ha empeñado en crear la insensatez presidencial.
Los partidos Demócrata Cristiano, Solidaridad y Liberal Nacional, si deciden actuar con madurez política, pueden garantizar la estabilidad que el país necesita.
Insisto, nadie espera que se vuelvan aliados del próximo gobierno, sino que ellos, actuando con sensatez, aseguren la neutralidad del "rgano Legislativo y, como consecuencia, la funcionalidad del Estado.
El hecho real, y contrario a la verborragia oficialista, es que tanto el PRD, como organización política, así como el contenido de sus políticas gubernamentales fueron rechazados, en forma abrumadora, cuando intentaron la insensatez de la reelección y en las pasadas elecciones del 2 de mayo.
Nadie discute que el mandato del actual presidente vence el 31 de agosto de 1999 y que, por tanto, tiene el derecho constitucional de permanecer al frente del "rgano Ejecutivo hasta esa fecha, pero después de haber sido rechazados, él, personalmente, en el referéndum, y su proyecto político en las pasadas elecciones, un mínimo sentido de sensatez debió hacerle reconsiderar sobre el papel que le correspondía desempeñar durante los cuatro últimos meses de su período presidencial.
Ese mínimo de sensatez debió haberle indicado que lo prudente era detener su ritmo de marcha y, sobre todo, abstenerse de tomar medidas y acciones de efectos a largo plazo u orientadas a reincidir en las políticas neoliberales y antipopulares que el pueblo ha rechazado en forma que no deja lugar a dudas.
Y también ese mínimo de sensatez debió haberle indicado que su deber es respetar la voluntad popular, expresada en las urnas, que votó por un cambio de gobierno.
Al empecinarse en ejercer un mandato que, aunque está vigente hasta el 31 de agosto, carece de la sustentación y del apoyo popular que el pueblo reiteradamente le ha negado, el presidente Pérez Balladares abiertamente desacata la voluntad de la mayoría del país.
Como ya he señalado en ocasiones anteriores, el Presidente nunca ha entendido la diferencia que existe entre legitimidad y representatividad.
Su gobierno es legítimo, porque fue electo conforme a las disposiciones vigentes, pero nunca ha sido representativo, porque él sólo recibió el 33% del voto popular y el pueblo lo rechazó en el referéndum.
Creo que a estas alturas y después de sus últimas acciones, deliberadamente dirigidas a sabotear el desempeño del próximo gobierno, es iluso esperar que al Palacio de las Garzas vuelva la sensatez. Las airadas reacciones dirigidas contra los legisladores de su partido y contra sus aliados políticos que se han opuesto a su empeño de empujar, contra viento y marea, la Sala Quinta, indican que no cabe esperar ningún cambio positivo en la actitud del Presidente.
Pero de alguna parte tendrá que venir una corriente de sensatez que haga serenar las embestidas palaciegas.
Los llamados de los sectores opositores al actual gobierno sólo encontrarían oídos predispuestos a la sordera y parece que tampoco lograrán mucho efecto las apelaciones de la Iglesia y de otros sectores de la sociedad civil, como ha quedado demostrado.
En consecuencia, la responsabilidad de garantizar las condiciones para la gobernabilidad le corresponderá, por descarte y lógica política, a los tres partidos que integrarán, como ya se ha anunciado, el tercer bloque de la Asamblea Legislativa.
Si esas tres agrupaciones políticas, que son las que están en capacidad de hacerlo, asumen el papel de árbitros neutrales, sin inclinarse a favor del PRD ni del gobierno entrante, evitarían el caos político que se ha empeñado en crear la insensatez presidencial.
Los partidos Demócrata Cristiano, Solidaridad y Liberal Nacional, si deciden actuar con madurez política, pueden garantizar la estabilidad que el país necesita.
Insisto, nadie espera que se vuelvan aliados del próximo gobierno, sino que ellos, actuando con sensatez, aseguren la neutralidad del "rgano Legislativo y, como consecuencia, la funcionalidad del Estado.