Ser ministro
Hay personas que aspiran al puesto y hay otras que lo rechazan. Hay quienes mueren por ostentar el digno cargo y otras que morirán al detentarlo. Hay personas que están hechas para la complicidad y el puestecillo les viene bien. Hay personas que piensan en el salario, las prebendas, los privilegios, el status, los viajes, el poder, las influencias, las oportunidades de negocios, y sus ojillos comienzan a dar vueltas, hasta que con el aire de quien es vencido por el deber exhalan la frase “acepto el compromiso, señor Presidente”.
Uno se debe preguntar qué entrenamiento u oficio profesional ha capacitado a equis persona para cumplir cabalmente con la función de ministro por un término de cinco años, más allá de ser persona de confianza del mandatario.
Un ministro es una persona que tiene altísimas responsabilidades públicas en el Estado y cuyas cualidades gerenciales deben estar a la par de sus conocimientos científicos y profesionales. Esperamos que el Presidente electo comprenda que el “cambio” que el país demanda es una gestión profesional de la cosa pública y no el cambio de los amigos del presidente de ayer por los del presidente de hoy.
Los ministros serán responsables de lo que hagan como ministros, pero el único responsable de que alguien sea ministro es el Presidente. Los ministros desechables, los que se usan para las crisis, son el resultado del agotamiento de un gobierno, no del inicio del mismo. ¿O es que se aproxima una gestión de crisis permanente?