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Sí a la quinta papeleta


He leído, con sumo interés, un escrito sobre “La Quinta Papeleta”, de uno de los abogados más identificados con la dictadura militar y coautor de la constitución militarista aún vigente, en el que niega vehemente la necesidad de llegar a una constituyente a través de la consulta popular -o sea preguntándole a la base ciudadana-, con un enumeramiento de puntos negativos de dudosa exactitud y origen.
Según el redactor, tener una quinta papeleta sería una hecatombe, un desastre de magnitud de máxima determinación en la escala de Richter. De manera que siguiendo la negativa exposición del connotado colaborador del militarismo, se me ocurre que habría que añadir un jinete más para que sean cinco los jinetes del Apocalipsis: guerra, peste, hambre, persecución y... la quinta papeleta.
Recientemente, un número plural de organizaciones de la sociedad civil y grupos independientes, así como también diversas iglesias integrantes del Consejo Ecuménico e identificadas con el Foro 2020, han lanzado la iniciativa de realizar una gran consulta popular en las elecciones de mayo de 2004, para saber si el pueblo quiere que Panamá se dote de una nueva Constitución a través de una Asamblea Nacional Constituyente. Lo de la quinta papeleta resulta del hecho que habrá cuatro otras papeletas y la quinta papeleta sería aquella en la que se formularía la petición para que la constitución militarista vigente sea cambiada por una Asamblea Constituyente amplia, abierta y representativa de todos los sectores nacionales. Esta iniciativa que, como ha sido dicho “constituye un referéndum con relación a la aceptación o rechazo de la propuesta de una constituyente”, ha recibido un gran respaldo que incluye el de voceros autorizados de la inmensa mayoría de las fuerzas políticas y sociales.
Durante la dictadura, tuve la oportunidad de asistir a un concierto en la Universidad de Panamá de la Sinfónica Juvenil. No eran los mejores días de la república y sus ciudadanos no vislumbrábamos una salida de la opresión en un término corto, aunque sabíamos que tarde o temprano saldríamos de ella. Y entonces escuché la música ejecutada por jóvenes y salí del concierto completamente aliviado de lo que me agobiaba. Los jóvenes, pensé, nos ayudarán a tener mejores días.
De igual manera pienso que los panameños no son tontos. No es posible que los panameños no sepan, por ejemplo, que en la actual Constitución, existan asuntos medulares que a la vista saltan como incongruentes con un Estado o una nación moderna y progresista. Lo que básicamente tenemos los panameños que decidir, a través del sencillo procedimiento de la quinta papeleta, es si necesitamos o no una Constitución nueva que nos permita salir del atolladero. Una Constituyente nos ayudaría a demostrar que todavía se puede gobernar sin robar y que todavía podemos rescatar a Panamá de las garras de la miseria, la corrupción en que la siguen hundiendo los improsultos que desgobiernan y de la mediocridad y el desprestigio en que paulatinamente han ido cayendo las ramas del poder público. La disyuntiva es, o aceptamos el status quo y seguimos empantanados, o echamos adelante y apoyamos la quinta papeleta y orquestamos nuestro futuro
Cada día menos personas niegan la necesidad y la urgencia de la participación ciudadana como la mejor alternativa para darle una base moderna y democrática al proceso de cambio constitucional. En ese escenario, la quinta papeleta resulta más que indispensable.
El desprestigio del Legislativo, la mediocridad del Ejecutivo, la decadencia del Organo Judicial y del Ministerio Público, las crecientes carencias de los partidos políticos, están presentes en el ciclo de la crisis de la sociedad de nuestro tiempo, que se cierra con una gran ausencia del Estado para detener las cuatro modalidades del Apocalipsis, y para resolver la miseria, la corrupción y la mediocridad. Para ninguna de estas heridas de la sociedad que la desangran y la destruyen los que manejan los hilos del poder han tenido un tratamiento adecuado.
Es por ello que se hace necesario que toda la ciudadanía asuma su responsabilidad en la búsqueda de las soluciones que las circunstancias exigen. Es por ello que debemos exigir la inclusión de la quinta papeleta, camino al establecimiento de una Asamblea Constituyente que, con la participación de todos, nos dotemos de los mecanismos, procedimientos e instrumentos necesarios para rehacer el contrato social que empiece a reducir la brecha entre ricos y pobres, el problema de la pobreza absoluta que sirve de campo abonado para la delincuencia común.
Digamos Sí a la quinta papeleta, instrumento democrático, participativo y consultivo que nos conduzca a dar los pasos necesarios para incluir a los excluidos.

101 años de Panamá América

 
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