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Siglo XXI, Ismos y las Plurinacionalidades


Consideramos evidentes por sí mismas las siguientes verdades: todos los hombres han sido creados iguales; el creador les ha concedido ciertos derechos inalienables; entre esos derechos se cuentan: la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Los gobiernos son establecidos entre los hombres para garantizar esos derechos y su justo poder emana del consentimiento de los gobernados. Cada vez que una forma de gobierno se convierte en destructora de ese fin, el pueblo tiene derecho a cambiarla o suprimirla, y a elegir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y organizar sus poderes en la forma que a su juicio sea la más adecuada para alcanzar la seguridad y la felicidad. Así empieza la Declaración de Independencia de Estados Unidos de América, 1776. Linda, verdad? Y llena de Sabiduría.

Sigamos. No soy sociólogo, arqueólogo, antropólogo, politólogo, astrólogo, geólogo ni ornitólogo. Todas estas son especialidades que me son extrañas y de las cuales mantengo respetuosa distancia dada mi absoluta ignorancia sobre las respectivas áreas de estudios.

Ni siquiera pretendo tocar de oídos sobre estos temas. Pero me llama la atención la pluralidad de ismos que en pleno siglo XXI continúan resonando en los medios masivos de comunicación. Y como la ignorancia es la madre de la osadía, que no de la insensatez, me adentro en uno de estos campos escabrosos y para mí desconocidos, con paso inseguro y palabras medidas, a compartirte una modesta opinión, que no por serlo admito, deja de ser atrevida.

Ante la evidente falta de satisfacción de las necesidades de las poblaciones o comunidades, veo un peligroso resurgir de los ismos, entre ellos el nacionalismo o las identificaciones con etnias o grupos que fueron sometidos en su momento por el colonialismo español. La misma España, Grande, Única y Libre (añado yo, Católica) del tío Paco Franco, apeló al nacionalismo unitario como manera de enfrentar la disidencia social. Es obvio y evidente que todos esos ismos se anuncian pomposamente como caminos o alternativas para la solución de esos problemas que en algunos casos son milenarios, y en otros resultados de la fractura social heredada y mantenida en la época post-hispánica. Pero en todo caso, son invocados como el medio de resolver formas de gobierno destructoras, como dice la Declaración de Independencia arriba citada.

El Reino de España se divide en Comunidades Autonómicas. Pero no es suficiente. Ya hay movimientos a identificar otras nacionalidades simultáneas con la española. Sigo de ignorante y atrevido. En América Latina vemos a comunidades indígenas reclamar siglos de abandono, demandando una compensación que aunque sea justa, no es viable que en pocos años revierta siglos de exclusión. En nuestro Panamá aparece el movimiento afro-panameño que pretende ser elemento aglutinante y de auto-identificación de un sector de la población ante el resto de la sociedad. Y de manera menos estridente, también hay organizaciones tipo comunidades greco panameña, ítalo panameña, hindi panameña, chino panameña; sólo faltarían organizaciones guaymi-panameña, kuna-panameña, etc., todas con un elemento de origen etno-racial o etno-nacional diferencial. ¿Por qué esta asimilación a parcelas fraccionadas de la nacionalidad panameña? ¿Será que nos parece poca cosa ésta, y sentimos necesidad de sazonarla con valores ancestrales u otros de allende los mares? ¿O es que no nos sentimos completamente parte de la nación panameña o debidamente representados? Temo lo peor y que ésta última sea la razón para la proliferación de fraccionamientos o ismos y que dicho sea de paso, llevaron a los países europeos a mantener guerras por más de mil años, hasta que llegaron a la sabia conclusión, que como dice la Constitución de USA (y aclaro nunca me ha interesado ni he pedido la naturalización yanqui), todos los hombres han sido creados iguales. El creador les ha concedido ciertos derechos inalienables; entre esos derechos se cuentan: la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Los gobiernos son establecidos entre los hombres para garantizar esos derechos y su justo poder emana del consentimiento de los gobernados.

Resaltemos entonces los elementos comunes que hacen la nacionalidad panameña, que no el nacionalismo excluyente. Fortalezcamos la sociedad que nos permita construir para nosotros y nuestras familias mejores condiciones de vida, basados en iguales oportunidades para todos. Desterremos el cultivo peligroso de diferencias artificiales basadas en elementos que son partes integrantes de la sociedad panameña, no excluyentes.

Franciscobu@gmail.com

101 años de Panamá América

 
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