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Siglos de luces y sombras


La gesta fundacional de la civilización occidental, cantada por Homero en "La Iliada", sucedió hace tres mil años en tierras de la Turquía de hoy.

En aquellos tiempos Europa iba a nacer en cuna de oros y mitos del Oriente Medio; y también, hace tres mil años en Oriente Medio, nacía la gran religión monoteísta del pueblo judío.

Siglos después, en esas mismas tierras del Oriente Medio, la Europa que ya era bebé en pañales, recibió la fe de otras dos grandes religiones monoteístas, el cristianismo y el islamismo.

Hoy el rechazo a Turquía basado en la peregrina afirmación de que no es europea, me parece insostenible. Pero este rechazo no es tan insensato como el rechazo europeo del islamismo sobre la base de que es contrario a la civilización judeo/cristiana del occidente atlántico.

Durante siglos, grupos fundamentalistas pertenecientes a estas tres religiones emprendieron luchas violentas contra facciones de la propia fe y de otras religiones. Ningún grupo extremista ha logrado eliminar adversarios; ni mucho menos ha logrado acabar con la fe de otros. Ni siquiera lo lograron las Cruzadas cristianas contra los islámicos, que duraron siglos.

Las guerras matan gentes, destruyen inmuebles, consumen activos militares y saquean riquezas ajenas. Las guerras no matan la fe, ni las ideas, ni las emociones, ni las ideologías.

Por otra parte, hoy como ayer, la industria privada de la guerra sigue siendo un negocio poderoso. Y hoy más que ayer tiene sentido la advertencia de Eisenhower expresada en su discurso de despedida del 17 de enero de 1961 sobre el poder político del sector industrial/militar de Estados Unidos, hoy globalizado.

Después del 11 de septiembre de 2001, el presidente Bush logra tomar las riendas del miedo en sus manos para conducir el destino del mundo desarrollado al resguardo protector del guerrero y del sector industrial/militar globalizado. El occidente civilizado ha creado un enorme santuario militar de seguridad.

Pero hoy, más que ayer, las pasiones, el dogmatismo y las ideologías podrían encender una reacción en cadena de eventos desafortunados. Y podría llegar el momento en que nadie podrá detener el mecanismo fatal de la catástrofe, como sucedió en las guerras mundiales recientes.

En el 2008 el mundo no se siente más seguro que antes, porque tanto la inestabilidad económica, como el miedo, el fanatismo y la vocación guerrera están por comprometer la paz y la libertad en el mundo.

Hoy, más que nunca, los dirigentes y las multitudes deben aprender las lecciones del pasado.

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101 años de Panamá América

 
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