Silencio punible
El desconocimiento de la ley no exime de responsabilidad a quien comete un acto punible. Sabio principio ese del legislador para que nadie se escude con una fingida ignorancia que le deje el camino abierto para delinquir.
No obstante, nuestro sistema de ponerla en vigor conviene mejorarlo. Se aprueba una ley, la sanciona el señor Presidente de la República, y se publica en la Gaceta Oficial. Eso obliga a su cumplimiento, pero son miles de personas a lo largo y ancho del país que la desconocen, así como también desconocen el principio de que su desconocimiento no exime de responsabilidad penal. Eso ocurre específicamente en los casos de silencio frente a la comisión de un delito que no se denuncia ante las autoridades, y en muchas ocasiones, cuando ese silencio se guarda por temor reverencial o en defensa de los medios de subsistencia con lo que el sujeto se convierte en encubridor.
La prensa, la radio y la televisión, jugarían un gran papel de docencia si a diario reprodujeran fragmentos de nuestro Código Penal desde el principio hasta el fin. Así nuestros conciudadanos hasta en los más remotos rincones del país, y aún los analfabetas, conocerían sus disposiciones y en muchos casos se inhibirían de delinquir.
Al terminar lo envolvió un torbellino. "¡Hola Julio!", me dijo. "Aún tengo tu libro, El Calvario, sobre mi escritorio.."Te fue mejor que a mí", le repuse. "El tuyo alguien me lo pidió prestado con todo y chanchito, y no me lo ha devuelto".
Cuento esto como pretexto para cederle el resto del espacio a Galeano, quien ha escrito, ¿El Opio de los Pueblos? (www.rodelu.net), que reproduzco a continuación:
"¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales.
"En 1880, en Londres, Rudyard Kipling se burló del fútbol y de "las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan". Un siglo después, en Buenos Aires, Jorge Luis Borges fue más que sutil: dictó una conferencia sobre el tema de la inmortalidad el mismo día, y a la misma hora, en que la selección argentina estaba disputando su primer partido en el Mundial del "78.
"El desprecio de muchos intelectuales conservadores se funda en la certeza de que la idolatría de la pelota es la superstición que el pueblo merece. Poseída por el fútbol, la plebe piensa con los pies, que es lo suyo, y en ese goce subalterno se realiza. El instinto animal se impone a la razón humana, la ignorancia aplasta a la Cultura, y así la chusma tiene lo que quiere.
"En cambio, muchos intelectuales de izquierda descalifican al fútbol porque castra a las masas y desvía su energía revolucionaria. Pan y circo, circo sin pan: hipnotizados por la pelota, que ejerce una perversa fascinación, los obreros atrofian su conciencia y se dejan llevar como un rebaño por sus enemigos de clase.
"Cuando el fútbol dejó de ser cosas de ingleses y de ricos, en el Río de la Plata nacieron los primeros clubes populares, organizados en los talleres de los ferrocarriles y en los astilleros de los puertos. En aquel entonces, algunos dirigentes anarquistas y socialistas denunciaron esta maquinación de la burguesía destinada a evitar la huelgas y enmascarar las contradicciones sociales. La difusión del fútbol en el mundo era el resultado de una maniobra imperialista para mantener en la edad infantil a los pueblos oprimidos.
"Sin embargo, el club Argentinos Juniors nació llamándose Mártires de Chicago, en homenaje a los obreros anarquistas ahorcados un primero de mayo, y fue un primero de mayo el día elegido para dar nacimiento al club Chacarita, bautizado en una biblioteca anarquista de Buenos Aires. En aquellos primeros años del siglo, no faltaron intelectuales de izquierda que celebraron al fútbol en lugar de repudiarlo como anestesia de la conciencia. Entre ellos, el marxista italiano Antonio Gramsci, que elogió "este reino de la lealtad humana ejercida al aire libre.".
Eduardo Galeano, El fútbol a sol y sombra, Segunda Edición, Siglo Veintiuno Editores, México, 1995.
No obstante, nuestro sistema de ponerla en vigor conviene mejorarlo. Se aprueba una ley, la sanciona el señor Presidente de la República, y se publica en la Gaceta Oficial. Eso obliga a su cumplimiento, pero son miles de personas a lo largo y ancho del país que la desconocen, así como también desconocen el principio de que su desconocimiento no exime de responsabilidad penal. Eso ocurre específicamente en los casos de silencio frente a la comisión de un delito que no se denuncia ante las autoridades, y en muchas ocasiones, cuando ese silencio se guarda por temor reverencial o en defensa de los medios de subsistencia con lo que el sujeto se convierte en encubridor.
La prensa, la radio y la televisión, jugarían un gran papel de docencia si a diario reprodujeran fragmentos de nuestro Código Penal desde el principio hasta el fin. Así nuestros conciudadanos hasta en los más remotos rincones del país, y aún los analfabetas, conocerían sus disposiciones y en muchos casos se inhibirían de delinquir.
Al terminar lo envolvió un torbellino. "¡Hola Julio!", me dijo. "Aún tengo tu libro, El Calvario, sobre mi escritorio.."Te fue mejor que a mí", le repuse. "El tuyo alguien me lo pidió prestado con todo y chanchito, y no me lo ha devuelto".
Cuento esto como pretexto para cederle el resto del espacio a Galeano, quien ha escrito, ¿El Opio de los Pueblos? (www.rodelu.net), que reproduzco a continuación:
"¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales.
"En 1880, en Londres, Rudyard Kipling se burló del fútbol y de "las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan". Un siglo después, en Buenos Aires, Jorge Luis Borges fue más que sutil: dictó una conferencia sobre el tema de la inmortalidad el mismo día, y a la misma hora, en que la selección argentina estaba disputando su primer partido en el Mundial del "78.
"El desprecio de muchos intelectuales conservadores se funda en la certeza de que la idolatría de la pelota es la superstición que el pueblo merece. Poseída por el fútbol, la plebe piensa con los pies, que es lo suyo, y en ese goce subalterno se realiza. El instinto animal se impone a la razón humana, la ignorancia aplasta a la Cultura, y así la chusma tiene lo que quiere.
"En cambio, muchos intelectuales de izquierda descalifican al fútbol porque castra a las masas y desvía su energía revolucionaria. Pan y circo, circo sin pan: hipnotizados por la pelota, que ejerce una perversa fascinación, los obreros atrofian su conciencia y se dejan llevar como un rebaño por sus enemigos de clase.
"Cuando el fútbol dejó de ser cosas de ingleses y de ricos, en el Río de la Plata nacieron los primeros clubes populares, organizados en los talleres de los ferrocarriles y en los astilleros de los puertos. En aquel entonces, algunos dirigentes anarquistas y socialistas denunciaron esta maquinación de la burguesía destinada a evitar la huelgas y enmascarar las contradicciones sociales. La difusión del fútbol en el mundo era el resultado de una maniobra imperialista para mantener en la edad infantil a los pueblos oprimidos.
"Sin embargo, el club Argentinos Juniors nació llamándose Mártires de Chicago, en homenaje a los obreros anarquistas ahorcados un primero de mayo, y fue un primero de mayo el día elegido para dar nacimiento al club Chacarita, bautizado en una biblioteca anarquista de Buenos Aires. En aquellos primeros años del siglo, no faltaron intelectuales de izquierda que celebraron al fútbol en lugar de repudiarlo como anestesia de la conciencia. Entre ellos, el marxista italiano Antonio Gramsci, que elogió "este reino de la lealtad humana ejercida al aire libre.".
Eduardo Galeano, El fútbol a sol y sombra, Segunda Edición, Siglo Veintiuno Editores, México, 1995.