Sobre el complejo canalero
Tenemos un desarrollo desequilibrado; entre otras cosas, por la gran distorsión que ha creado el Canal en la mentalidad ciudadana. Algunos crecieron pensando que el Canal era Panamá y que Panamá era el Canal. A tal punto que un gobernante de turno -desaparecido ya- llegó a definirlo como "nuestro mayor recurso natural". La realidad es que no es un recurso natural propiamente, ni tampoco es el mayor de los recursos nuestros.
Ciertamente, el Canal como empresa ha aportado más de 31.200 millones desde su reversión en 1999; pero sabe usted acaso qué se ha hecho con esa enorme aportación a la economía nacional. Como la distorsión que sufrimos está encaminada al sostenimiento más que al desarrollo, los fondos no fueron destinados hacia el desarrollo del mayor recurso que tenemos: nuestra gente. La educación, que es el único faro para el crecimiento personal y colectivo, sigue enquistada en tiempos de cuaderno de doble raya y el burocrático lápiz No. 2, en tiempos en los que el analfabetismo electrónico es más nocivo que el analfabetismo elemental y básico. Ese sistema educativo arcaico no ha empezado por el principio crucial de enseñar, desde la más tierna edad, que las compensaciones recibidas estarán siempre en proporción exacta con el valor agregado que aportamos; que hay una regla de oro que nos dicta que solo se recibe a cambio de lo que realmente se ha podido dar; que el sentido de patria y pertenencia nacional viene mucho antes de las ansias de ser "therians", no binarios y qué se yo de aquello que la biología no hace posible; que antes de pensar en el matrimonio igualitario (como en el Noruega super desarrollado), se debe fomentar el matrimonio en sí, para que la familia celular, compuesta por un padre y una madre que estén presentes durante el desarrollo de sus hijos, sabiendo que solo el 12.2% de todos los nacimientos vivos registrados aquí provienen, en promedio, de padres con vínculo matrimonial. Todo indica que, en temas fundamentalmente importantes y profundos para el bienestar social en Panamá, pretendemos correr antes de gatear. Saber dónde verdaderamente estamos es la única manera de planificar hacia dónde queremos dirigirnos como nación.
La realidad, gústenos o no, es que nos hemos olvidado por completo de que más allá del puente de las Américas, o del puente sobre el Bayano, hay un horizonte amplio de necesidades y de subdesarrollo crónico. Es inconcebible que, a estas alturas de nuestra vida republicana, más de 120 años después de la llamada separación de Colombia, no exista todavía una vía que interconecte Bocas del Toro con Veraguas y Veraguas con Colón, por esa costa Atlántica que no ha cambiado mucho desde que la viera -no descubriera- por primera vez el almirante Cristobal Colón. Mientras no superemos el complejo canalero y creamos que Panamá es mucho más que eso, nada cambiará.